lunes, 5 de diciembre de 2016

Westworld

La rebelión de las máquinas.

La que se supone que iba a ser la gran serie de la temporada de la HBO me ha dejado un regusto un tanto agridulce. La cogí con muchas ganas, y la verdad es que el inicio es espectacular, pero pasaban los capítulos y la trama empezaba a dar bandazos serios, hasta el punto de amenazar con descarrilar con algunos sinsentidos que daban la sensación de estar viendo mucho humo pero poco fuego. Sin embargo, el episodio de final de temporada, aunque no arregla completamente todo el estropicio sí endereza la cosa lo suficiente como para no terminar de dejar una mala impresión, y una puerta abierta a la esperanza, de cara a una segunda temporada.

¿De qué va Westworld? Remake de la clásica película homónima (Almas de Metal en España), Westworld es un carísimo parque temático de gran extensión y muchos robots de aspecto y comportamiento humano, con los que el cliente puede interactuar de la forma que quiera (lo que incluye la posibilidad cometer con ellos todo tipo de perversiones) y sentirse de verdad en un mundo que es como el lejano Oeste.

Pero las cosas siempre se tienen que torcer, y la cuarta ley de la robótica de Asimov es clara a este respecto: "las reglas anteriores no valen para nada y todo robot se acabará convirtiendo antes o después en un asesino homicida", y el barreño de agua que es el parque se irá poniendo a fuego lento para acabar por hervir en una espiral de... pero no adelantemos acontecimientos. 

La serie es muy irregular, pues mezcla momentos fascinantes, de genialidad filosófica con otros de tedio (algunos, todo hay que decirlo, justificados por la necesidad de transmitir la monotonía desde el punto de vista de los robots), otros en los que la estructura narrativa es terriblemente confusa y algunas líneas argumentales que son completamente ridículas (se siente, Maeve, eso no hay quien se lo trague).

Mucho fuego de artificio con una serie que en muchos momentos da la sensación de creerse mejor serie de lo que es y de tener mucha menos sustancia que la que ofrece, y que además en muchas ocasiones no consigue cautivar el interés del espectador, dado que ya nos está contando de entrada que nada de lo que pase ahí vale, que es una ficción dentro de la ficción.

Y ahora, terminada la primera temporada, con un final exageradamente abierto, me veo incapaz de decir si es una gran serie o una tomadura de pelo. El tiempo lo dirá.

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