lunes, 8 de mayo de 2017

El Círculo

Tom Hanks, en uno de los papeles más abofeteables de su carrera.

No confundir con la película "Círculo" que se puede ver en Netflix, El Círculo es una de esas películas que bien podrían pasar por capítulo largo de Black Mirror, pues toca directamente, y desde la misma perspectiva de ciencia-ficción cercana, los efectos de la tecnología en la sociedad, con inquietante resultado.

En ella Emma Watson es Mae, una talentosa y trabajadora chica que entra a trabajar a Circle, la empresa que nace de meter en la batidora Google, Apple, Facebook y Microsoft, ese conglomerado tecnológico con líder visionario, centro de trabajo new new age y las ganas y los medios para cambiar el mundo.

Pero esa empresa que parece tan chachipiruli resulta ser poco menos que una secta. De sonrisa y palmadita, pero secta, donde cada movimiento y respiración es controlado, y nada puede hacerse sin que lo sepa el jefe, el genio del marketing y la tecnología, Eamon Bailey (Tom Hanks), al que dan ganas de dar bofetadas cuando sale. Y no por una mala actuación de Hanks, ni mucho menos, sino porque el personaje es totalmente insufrible, un narcisista de esos que tienen una erección cada vez que se escuchan hablar a sí mismos.

Siguiendo fiel a los clichés, la protagonista irá descubriendo el terrible plan, que no es otro que erradicar la privacidad de las personas, convirtiendo el mundo en un show de Truman a gran escala, suprimiendo conceptos como "contraseña" o "secreto", con un discurso que cualquier Gobierno distópico firmaría mientras se frota las manos: "solo los malos tienen algo que esconder". 

En ese sentido, la película resulta inquietante, y tiene momentos que merecen muchísimo la pena, con algunos que retratan muy bien al ser humano (ciberlinchamientos: la enfermedad del S. XXI). Lo malo, que a ratos se llegaba a hacer un tanto plomiza y que en otros la suspensión de la incredulidad se iba al garete (vale que Hermione es muy lista, pero tanto...), y el final, aunque se ve que la película tenía más o menos claro a dónde ir, el cómo se llega hasta ahí es un poco "porque sí". Sin contar con alguna cosa que daba algo de vergüencita ajena. (¡Derribemos una dictadura con 8 millones de likes!)

A lo mejor no habría sido tan mala idea que en vez de una película de dos horas hubiera sido un episodio de Black Mirror.
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