domingo, 31 de diciembre de 2017

La Cena

¿Quién ha sido el gracioso que ha puesto cebolla en la tortilla de patata?

No hablo de la cena de nochevieja, que dada la fecha podría parecerlo, sino de la película que se llama así, "La Cena". Dos matrimonios, concretamente un congresista de los EEUU, su hermano y sus respectivas parejas, se reúnen para cenar en un restaurante de superlujo, en lo que es la excusa para tratar un tema muy importante, pues tienen un secreto de familia que podría costarles muy caro, y les hace tomar duras decisiones. Saldrán también a la luz los problemas de salud mental de uno de los asistentes, así como rencillas familiares antaño enterradas.

La película, que se me ha hecho un tanto aburrida, tiene para mí dos fallos. Uno es que parece no tener muy claro lo que quiere contar, como si quisiera ir a muchas cosas a la vez. Y pese a que una de las líneas tiene su cierto interés (la de los hijos y el cajero), la trama concerniente al personaje de Steve Coogan resulta confusa, sobre todo en cuestión de tiempos, con algunos flaschabcks que generan más desconcierto que la luz que arrojan a la trama. y algunos, no sé si por perderse en lo metafórico, solo servían para perderse. O al menos a mí se me escapaba algo con tanto Gettysburg para arriba y para abajo.

Es una película que parece también pretender invitar a la reflexión sobre varios temas, y aunque muchos de ellos son interesantes, como el estigma social de las enfermedades mentales, la responsabilidad familiar contra la ética o la costumbre a dulcificar a las víctimas por el merco hecho de serlo, son píldoras que bien se tropiezan con la trama, bien quedan como hilos sueltos, sin que terminen de funcionar.

Y para rematar, un final abrupto tras una escena en la que los actores parecían ya desganados termina de estropear esta película con la que sigo sin tener claro del todo qué nos quería decir el director. Tiene sus momentos buenos, sí, pero el resultado final no pasa el corte.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Cerrando el año con victoria

Celebrando la victoria.

Último partido del año y alegría inesperada. Ganar siempre gratifica, pero cuando se está en situación de necesidad y el rival es tan superior (por mal que haya jugado hoy, Unicaja es un equipado), el subidón es doble.

A eso hay que sumarle un final emocionante, con el que nadie contaba cuando los malagueños se han ido no sé si 9 u 11 puntos arriba en el tercer cuarto y parecían hacer matado un partido que había estado bastante igualado.

El primer cuarto ha estado bien, en el segundo parecía que el partido se iba decantando (30-35 al descanso) y ellos se iban, pero nunca terminaban de rematar.

Pero los jugadores no han perdido la fe (yo no me voy a colgar medallas que no me corresponden, no daba un duro por el partido) y no sol le han dado la vuelta sino que han aguantado bien el tipo en el carrusel de los últimos minutos.

¡Menudo grito he pegado al acabar el partido!

viernes, 29 de diciembre de 2017

Jumanji: Bienvenidos a la Jungla

Seleccione personaje.

Quien quiera ver una película de aventuras, fantasmadas y saltos imposibles encontrará en esta segunda entrega de Jumanji que ha acertado al elegir película, pues nos da exactamente lo que nos promete. Además, acierta al renovar la esencia de la película original, pues lo que era un artesanal juego de mesa es ahora un videojuego, lo que resulta un acierto, pues no solo renueva y refresca, sino que sirve de excusa perfecta para justificar argumentalmente muchos de los tópicos más inverosímiles del cine de aventuras.

Acción y humor, eso es lo que nos da esta... ¿secuela? ¿remake? ¿reboot? Respondiendo a eso, Jumanji: Bienvenidos a la Jungla ya aclara desde el principio que continúa con la historia de la anterior, si bien se toma ciertas licnecias, pero no ignora la existencia de la película de Robin Williams, cuyo personaje es adecuadamente guiñado aquí.

Me gustó mucho la Jumanji original y también me ha gustado mucho, una película muy divertida de ver y en la que da la sensación de que los actores también se divirtieron haciéndola, lo que le da en todo momento un toque muy desenfadado, por momentos casi a lo "Guardianes de la Galaxia". 

Y mención especial a Jack Black por su maravillosa interpretación de quinceañera.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Traslado de trabajo

Fichando la entrada.

Hace dos semanas estuve en Madrid, y la verdad es que no era el turismo lo que me movía, sino que era un tema más profesional. En agosto sacaron a concurso plazas para el concurso de traslado en el Ministerio del Tiempo, y como me apetecía cambiar de aires eché la solicitud y me cogieron, y aunque no he querido decir nada llevo ya unas semanas trabajando ahí.

Al principio era un poco confuso, sobre todo el tema de los horarios, y el pasillo de las puertas es mucho más grande que lo que parece en la tele, además el libro de las puertas no te lo dejan ver bajo ningún concepto (lógico) y la App para móviles está bastante mal programada, sin contar con que la cobertura es bastante mala ahí dentro.

En principio mi trabajo ahí va a ser meramente administrativo (tengo en la mesa una pila de demandas de paternidad contra Lope de Vega), pero como siempre andan escasos de personal ya me ha tocado hacer alguna que otra misión de campo, y lo cierto es que son bastante divertidas. Por motivos de secreto profesional no puedo contar de qué van, pero sí que la Alhambra recién construida era espectacular, y que Miguel de Unamuno era tal y como lo había imaginado.

De lo que no me advirtieron era del lenguaje. El castellano medieval no hay dios que lo entienda, y aunque estoy con un curso todos los días de 12:00 a 14:00, me cuesta mucho acordarme de pronunciar correctamente la H.

Como supongo que habrá quien se crea que es mentira, porque el día es el que es, aquí aporto una prueba que demostrará, sin ningún género de duda, la veracidad de mi afirmación:

Por suerte me cuentan los trienios, pero son un poco lío de calcular.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Cena de no cine

¡Que la Fuerza haga algo!

Recién llegado a casa, tras cenar en el Koala con la gente de Casañigo, en un día en el que el plan era cine+cena, pero en el que no he ido al cine. La idea era que ellos se iban a ver Star Wars y luego a cenar, y que yo me unía más tarde. En su lugar, como yo ya la había visto, iba con mi señora novia a ver Jumanji y luego me unía a ellos. Pero craso error. No previmos que miércoles (día de cine barato), en plenas vacaciones de Navidad y haciendo este tiempo, conseguir entradas sin comprarlas por adelantado iba a ser misión imposible, de modo que el cine ha sido reemplazado por la clásica combinación de sofá+manta+Netflix.

La parte ardua es la de salir de casa cuando has pillado la postura, pero ahí que me he ido, y aunque breve, la cena ha sido animada y siempre está bien juntarse con amigos a los que ves muy de cuándo en cuándo.

martes, 26 de diciembre de 2017

Una vida a lo grande

Cariño, he encogido a Matt Damon.

Otra película sobre Matt Damon viviendo en una comunidad aparentemente idílica pero que no lo es tanto que veo en una semana. Aquí decide someterse a un experimento para reducir el tamaño de su cuerpo a 10 centímetros y vivir en una miniciudad adaptada a su tamaño, donde la opulencia es abundante y la necesidad un mal recuerdo.

La idea es graciosa pero la película comete el error de olvidarse pronto de ella. Tras media hora más o menos interesante, en seguida se convierte en una historia que explota poco el concepto y bien podría haber sido la historia de un señor que se va a colonizar otro planeta, pues habría dado igual, y no deja de ser la clásica historia de "rico que tiene que vivir entre pobres", pues como suele pasar en toda película sobre entornos idílicos, uno de los giros es siempre que nada es tan idílico como parece, y que para que unos vivan como ricos, es necesario que existan pobres (o, en este caso, micropobres). De primero de distopía.

Ya de base comete el error de destripar en el trailer un giro bastante gordo de guión, con respecto a cierta decisión que toma el personaje de Kristen Wiig, y que marca el devenir de la película (no lo pongo por si alguien no lo ha visto), un trailer que intenta vende lo que no es, pues, ya comentaba, explota poco su premisa. A esto hay que añadir que la película se hace aburrida y que el personaje de Christoph Waltz es odioso a varios niveles. Pero no esa deliciosa odiabilidad de la que hace gala en Malditos Bastardos, sino una que hace que den ganas de abofetearle cada vez que aparece en pantalla, por insufrible.

Una película decepcionante, con un planteamiento que prometía dar más juego del que termina dando.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Cosas navideñas

This war of Marin.

Hablaré de los eventos navideños acontecidos recientemente, aunque en realidad esto no va a dejar de ser una crónica de fin de semana, algo más prolongada en el tiempo, ya que empieza en viernes y acaba en lunes. 

El viernes tenía vacaciones, así que por la mañana salí a hacer algunas compras navideñas (el noble arte de dejarlo todo para última hora) y después de comer me puse a ver el episodio VII de Star Wars, pues a las 19:30 tocaba ver, por fin, el VIII (comentado aquí) con mi señora novia y una amiga suya.

Acabada la película fuimos a casa de su amiga, donde ella, su consorte y su jovencísima hija (en torno al mes de edad) tuvieron a bien invitarnos a cenar unos pollos.

El sábado por la mañana nada reseñable (jugar al ordenador, creo), y por la tarde a Barakaldo, a una miniedición del club del libro para los que no pudimos ir el día anterior. Me traje a casa "El paraíso de Zahra", "El descenso" y "Corazón" (este devolución). Por la noche fui a casa del Sr. Darius, que venía de Japón, para celebrar la tradicional fiesta navideña en su casa.

Domingo, día de nochebuena. Por la mañana más de lo mismo (dormir y vegetar) y por la tarde a la lonja a estrenar el "This war of mine de tablero". Gran juego, una adquisición de la que estoy contento, pero fracasamos miserablemente en nuestro intento de sobrevivir. 

Para cenar, subí a Santutxu a comer con mi madre y su señor marido. Tras la cena e intercambio de regalos, de vuelta a la lonja, para terminar la partida que habíamos dejado a medias. Ya hablaré del juego otro día en más profundidad.

Llegamos por fin a hoy lunes, Navidad, donde la comida familiar deja paso, como los últimos años, a la comida de amigotes en el Wok. Después, rodando hasta la lonja a jugar a juegos de mesa, concretamente Steven Universe y Entropy: Worlds Collide. 

Para rematar el día, acabadas las partidas me he acercado al cine, a ver "Una vida a lo grande", sobre la que la me explayaré mañana.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Star Wars: Los últimos Jedi

¿Cuándo es la siguiente?

Lo peor de esta película es que toca esperar otros dos años. Bueno, no es verdad, hay algunas cosas que no me han terminado de convencer, pero en general me ha gustado mucho y me ha dado lo que pido a una película de Star Wars: que me tenga dos horas largas pegando botes en la butaca desde las letras iniciales hasta los créditos del principio, sintiéndome otra vez como un niño.

Es verdad que aquí no contaba con la baza de "llevaba años esperando esta película", pero tenía muchas ganas (tantas como tengo ahora de ver el episodio IX) y no me ha decepcionado.

A ver, sí que hay un par de cosas que no me han terminado de convencer. Una es que se les ha ido un poco la no queriendo rebajar el tono por medio del humor, y aunque Star Wars siempre ha tenido humor, desde el principio, se les ha ido un poco la mano, y sobre todo, hay momentos en los que no es simple humor, sino que parecía buscar el chiste fácil, y el chiste de la plancha es directamente como para matarlos, o algún otro que rompía completamente escenas serias. 

Tampoco me ha gustado la escena del planeta casino, por ser una línea argumental que realmente no aporta demasiado a la línea principal, y porque a ratos parecía más Futurama que Star Wars. A ver, no es que me haya horrorizado, pero en una película de 145 minutos va a haber cosas que gusten más y cosas que gusten menos, y en este caso ese es el punto flojo.

Y puestos a buscar pegas, la mayoría de giros de guión los va telegrafiando minutos antes, de forma que poco sorprende. Pero tampoco nos vamos a poner exquisitos con eso.

¿Por lo demás? Pues diversión en estado puro, fantasmadas de la Fuerza, espectaculares batallas de navecitas piñum-piñum y personajes molones y bichos monos que solo están para vender peluches (¡quiero un Porg!). Pero es que eso es y ha sido Star Wars desde el principio, y pedirle otra cosa sería no tener claro a qué se va al cine.

A la anterior se le criticaba que era lo mismo que volver a ver las anteriores (a mí me gustó precisamente por eso) y en esta busca hacer cosas un poco más distintas, y creo que lo logra, sin que le vea yo mucho sentido a tanta crítica sobre su "rupturismo con el canon". ¿Tiene cosas que no me han gustado? Claro, ya las he dicho, pero en una película larga es normal.

Además, lo que todos queríamos, que era volver a ver a Luke Skywalker en acción, nos lo da de sobra.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Santo Tomás 2017

Como no hice fotos, pongo esta imagen de Santo Tomás de Aquino.


Por fin vacaciones, ayer tras un movido día de trabajo (no miento, ayer fue de verdad un no parar, con un montón de citas de valoración que dar y mucho teléfono) fui a comer y me acerqué a Unamuno, donde había quedado con los amigos, con la excusa de que es Santo Tomás. No pisé el Arenal, pero sí anduve por la zona de Iturribide, cuyos bares (concretamente el Ikatz, el Ekaitz y el Metal) son antros repugnantes en los que se pasan la ley antitabaco por el forro de los cojones, y no era difícil ver a gente fumando impunemente ante la pasividad de los camareros. Por mí me habría largado nada más entrar, pero iba con más gente, así que no me quedaba otra que ceder. Eso sí, en esos bares no dejo un duro.

No fue una velada que se prologara mucho, y después de estar un rato por ahí y cenar un shawarma (que me expliquen en qué se diferencia de un durum), me fui a casa, a eso de las 23:00. Con el pelo y la ropa oliendo a asqueroso tabaco, por cierto.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Suburbicon

El barrio de la felicidad.

Comedia negra de colorines, o thriller neonoir con azúcar ácido y crítica social. Así es esta divertidísima película de George Clooney con el inconfundible toque gamberro de los hermanos Coen, con ciertas reminiscencias a Fargo.

Suburbicon es la viva representación del sueño americano en los años 50: un barrio tranquilo de casas con jardín, coche en el garaje y esposa rubia, una paz que se ve perturbada cuando la imbecilidad de algunos de sus habitantes, claros protovotantes de Trump, son incapaces de aceptar que unos nuevos vecinos... sean negros.

Esto nos lleva a una película de dos historias cruzadas, aunque se echa en falta algo de interacción entre ellas. La historia secundaria es la escalada racista que van sufriendo los nuevos vecinos, llegando a límites bastante graves (y más allá) y la principal es la de una familia de clase media-alta, paradigma de este sueño americano y lo que sucede después de que cierta noche sufran un secuestro. Ese secuestro llevará a toda una serie de consecuencias, a cuál más catastrófica, donde cada personaje es más cabrón que el anterior y las macabras coincidencias traerán consigo escenas muy divertidas, con ese humor negro que mencionaba al principio.

Un retrato de esa sociedad no tan idílica de los Estados Unidos de los 50, que se quita un rato la careta y nos muestra en Suburbicon una buena película, con una fotografía muy peculiar y grandes momentos de diversión. Francamente recomendable.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Eurodespedida

No se pudo vengar Charleroi.

Todavía queda una jornada, pero dado que es fuera y el Bilbao Basket lleva dos jornadas matemáticamente eliminado, hoy es el último día en bastante tiempo sin oler partidos europeos.

El rival no era el más adecuado, pues la diferencia de nivel es abismal, y así se ha visto en el 69-91 final, debido entre otras cosas a que la puntería de los visitantes era tremendamente mejor que la de los locales, sobre todo desde la línea de tres.

Sin embargo, el Lokomotiv ha tardado en arrancar y nos ha concedido 25 minutos gloriosos que nos han permitido soñar hasta que han sacado el rodillo. El partido ha empezado muy bien, alcanzando rentas de hasta 9 puntos (18-9 y 21-12) para terminar 23-20 y con un dato muy curioso: no han metido una sola canasta de 2 puntos en el primer cuarto.

Hasta 11:30 minutos han tardado ellos para meter algo que no fuera un triple o un tiro libre, pero el segundo cuarto ya se ha ido decantando hacia su lado, hacia un 39-42. Se perdía, pero sin perder la cara al partido.

Los primeros minutos del tercer cuarto han sido una bonita nube en la que se daba la vuelta al partido y se lograba una renta de 7 puntos. Pero en ese momento los rusos han dicho "¡ya está bien!" (o como se diga en ruso) y se ha terminado todo conato del Bilbao Basket de llevarse el partido. Un monólogo en el que las canastas solo entendían el cirílico y un último cuarto para olvidar, que nos devuelve a la fea realidad. 

Por sacar algo positivo, ya se termina este eurocalvario en el que, por primera vez, Bilbao Basket se marca un pleno de derrotas como local. Espero que esto no sea un agur definitivo y algún día los partidos europeos en Miribilla sean sinónimo de alegría.

martes, 19 de diciembre de 2017

This unboxing of mine

¿Qué habrá dentro, una bicicleta?

Con diez meses de retraso sobre lo estipulado, pero por fin tengo entre mis manos el juego de mesa "This war of mine", que llega casi como regalo de navidades. Me llegó el viernes, pero dado que estaba fuera, no lo pude recoger hasta al lunes. Ahora procedo a mirar qué tiene dentro o, como dicen los modernos, a hacer el unboxing.

Primera apertura, con la caja de extras al lado.

Lo primero y lo más obvio sobre la caja: pesa. No me puse a subirlo a una báscula, pero sus buenos 6-7 kilos ya pesaría, y cuando tienes que andar un rato con ella, se acaba notando.

Abierta la caja, dentro tiene varias cosas: la caja del juego en sí, algunos libretos, la caja con los extras (Stretch Goals), que son básicamente expansiones al juego básico y un par de sobres misteriosos, que te piden que no abras hasta que el juego así lo indique.

El Belén es demasiado mainstream.

Algunos de los componentes que vienen en la caja de los extras son las figuras que se ve en la foto. Bastante bien esculpidas, entre estas y las de la caja básica hay 26 figuritas. Habrá quien tenga arte para estas cosas y las pinte, pero me temo que no va a ser mi caso.

La caja básica

Abrimos la caja básica y dentro hay bastante tralla: libretos, figuras, dados, contadores, hojas de referencia, y algo que veremos a continuación. A simple vista los materiales parecen buenos, y no observo ningún desperfecto que me pegue al ojo. No me he puesto a mirar si está cada carta, pero es que son muchas.

Nótese el tamaño del tablero, comparado con una zapatilla del 45.

En una reseña había leído que este juego requería mesa grande, pues entre tablero, fichitas y demás, ocupa mucho espacio. A juzgar por el tablero (56x83 cm) no mentían, ya que sus dimensiones son apreciables. Simula la casa derruida en la que se desarrolla el juego, y por la parte de atrás tiene una disposición alternativa de la misma para el juego avanzado.

El tablero más en detalle.

El reverso del tablero.

Cartas y más componentes.

Apartamos el tablero y dentro viene, con sus fundas y bolsas autosellables para guardar, una gran cantidad de cartas y contadores varios.

Las instrucciones.

Con este elemento me detengo un poco más. Una de las gracias del juego es que, a pesar de lo que pueda parecer viendo semejante tinglado, está pensado para que sea de abrir la caja y jugar inmediatamente. Tal cuál, abres ese libreto y a medida que despliegas, con una especie de tutorial, el juego te va enseñando cómo funciona. Y al ser cooperativo, no tienes que concentrarte en cómo putear a los rivales, sino que todos combaten en un frente común (si bien, en una de las expansiones, ofrece la posibilidad de jugar con objetivos personales ocultos.

Contadores a cascoporro.

Mucha pieza de cartón para destroquelar. Por suerte, el juego incluye bolsas para guardarlas. Y está bien con este me comprometo a no volverlas a retroquelar después de cada partida, como suelo hacer con otros juegos.

Con posibilidad de salvar partidas.

Basado en un videojuego, es lógico que importe mecánicas del mismo, y en este caso permite "salvar" la partida. No han inventado la rueda y hay muchos juegos que lo hacen, pero ya que está, lo menciono. Incluye también cuadernillo de hojas como la que se ve.

El libro de textos, que más parece un libro de texto.

Tuve libros más livianos en la carrera.

La otra parte interesante del juego. Para darle un toque más rolero, o si se prefiere narrativo, se basa no solo en las mecánicas y tiradas, sino que da un gran peso a la historia y las decisiones, prometiendo que cada decisión que se tome como grupo afecta a toda la partida. Esto parece que se lo han tomado en serio, con ese voluminoso libro que bien podría recordar a los clásicos librojuegos de "Elige tu propia aventura".

This War of Mine tiene un algo que me recuerda poderosamente al Dead of Winter (pero sin zombis), y aunque aún no he tenido ocasión de estrenarlo, la verdad es que hay ganas. Que a ver, igual luego el juego es una mierda (aunque no lo parece), pero teniendo en cuenta que me ha costado unos 65€, solo por el peso y los materiales ya me ha merecido la pena. 

El inconveniente que le veo es que no cabe todo en la misma caja, lo que lo convierte en algo un poco farragoso.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Pongamos que he estado en... Madrid

Si sigues la serie, pillarás la referencia. 

El viaje que terminaba ayer al filo de la medianoche empezaba el viernes después de comer. La cosa es que mi señora novia tenía que ir el viernes a Madrid por motivos de trabajo, y aprovechando la coyuntura me fui yo también y pasamos ahí el fin de semana. Ella se fue a primera hora de la mañana y yo llegué allí sobre las 17:30. Aterrizaje y metro, y ya estaba en el hotel.

Ese día tocaba cena con la gente del trabajo (no del mío, del de mi señora), a un sitio bastante molón de La Latina, de donde destaco el rico postre, especialidad de la casa.

Jabón comestible.

El sábado por la mañana un poco de cultura, así que nos apuntamos a la visita guiada de Sandemans, pues nos parece una idea muy interesante ver cómo es la visita guiada cuando ya conoces la ciudad, y lo cierto es que no decepciona. Nos quedamos con las ganas de coger las rutas de la Inquisición y el Siglo de Oro que, por horarios, no nos cuadran. Ya habrá más veces.

Para comer quedamos con unos amigos de TdN, con comida mediante tapas y terminando con un riquísimo sitio de tartas. Comida rica y compañía agradable. Cuando nos despedimos damos un paseíllo y nos dirigimos a Gran Vía, donde tenemos la siguiente etapa del camino: ir al teatro Arlequín a ver "El Cavernícola", representada por Nancho Novo.

Muy graciosa, y con momentos de verdadera carcajada (pregunten a mi señora novia por las toallas), pero un monólogo que tiene sus años y se nota, de manera que algunos chistes ya se han quedado un poco viejos.

Domingo por la mañana socializar más, y quedamos con unos amigos en un sitio (aunque por un fallo mío de comprensión lectora aparecemos en otro) y quedamos para el almuerzo, que ellos tenían luego comida familiar. Para comer nos pegamos el paseo desde Ópera hasta la glorieta de Bilbao, para dar buena cuenta de unas ricas hamburguesas en el Goikoa Grill, y para bajar la comida nos liamos a andar, pasando por delante de la sede del PP, el museo nacional arqueológico, Cibeles, Neptuno y la peregrinación a la plaza Duque de Alba, sede de mi querido Ministerio del Tiempo. 

Seguimos con el paseo, cerrando la ruta en Ópera, donde cogemos el metro, volvemos al hotel a por las maletas y ya nos vamos al aeropuerto. Llegamos sin aprietos ni prisas y nos jamamos un retraso de una hora, del que hablé ayer.

Una escapada corta, que ha cundido bastante.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Regreso con retraso

Con esto habría llegado antes.

Cansado, entrada casi telegráfica. De vuelta a casa tras un fin de semana fuera, una hora y cuarto más tarde de lo que debería, cortesía de los "fallos técnicos" de Air Europa. ¿Dónde ha sido el viaje? Mañana lo cuento, ahora me voy a dormir.

jueves, 14 de diciembre de 2017

La Librería

Pues a ver si viene el primer cliente...

En la Inglaterra de finales de los 50, una mujer decide hacer realidad su sueño y abrir una librería en un pueblo de la costa, ante la oposición de sus habitantes, y con el único apoyo de un anciano que vive aislado y rodeado de libros, que será su principal apoyo.

Fui a verla, no lo negaré, a raíz de su nominación a los Goya y no me desagradó. Es amena y tiene el punto entrañable que promete. Los personajes están bastante bien pintados, y es fácil sentir simpatía por algunos (entrañables Emily Mortimer y Bill Nighy) y coger manía a otros (el deliciosamente abofeteable James Lance, cuyo Milo North casi consigue que le grite a la pantalla, o la venenosa arpía de Patricia Clarkson).

Sin grandes despliegues y con una historia sencilla, La Librería es una película honesta que da lo que vende, y que crea una atmósfera muy acogedora, decorada con referencias literarias. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Discogatos

DJ Gato

Internet, como todo el mundo sabe, se compone mayoritariamente de dos cosas: porno y gatitos. Y dado que no me voy a poner a llenar mi blog de tetas y culos, hoy la cosa va de felinos, más concretamente de echarle toda la jeta del mundo y fusilar contenido ajeno. Concretamente esta genialidad que me encontré, donde alguien se ha dedicado a retocar las portadas de discos famosos para reemplazarlas por gatos, siendo en muchas de ellas el resultado encantador, y muy divertido. Ahora colgaré una pequeña muestra (en total hay unas 100) y dejaré que las imágenes hablen por sí solas (que me da pereza andar dejando un comentario por cada una).