miércoles, 23 de octubre de 2019

Malaka

Y el personaje más importante, que es la propia Málaga.

No empezó con muy buen pie esta serie, con aquella nefasta idea de estrenarse con un doble capítulo que terminaba casi a la 1 de la madrugada de un lunes. De hecho, eso podía haber hecho que no la siguiera viendo, pero me animé a ver el segundo capítulo en Internet y seguí con ella, cosa de la que me alegro.

Terminada esta temporada de Malaka (diría primera, pero no sé si tendrá continuidad), puedo decir que es una buena serie (y otro motivo para ser fan de Javier Olivares). La definición facilona, aunque no muy desacertada, es decir que es la True Detective española, y es que tiene muchos elementos de aquella serie y que aquí funcionan muy bien.

Fantásticamente ambientada en Málaga (si me he de fiar de lo que leo, han cuidado mucho el habla local y los actores son malagueños), nos plantea varios frentes; un asesinato, una nueva droga que aparece en la ciudad y los propios conflictos personales de los protagonistas, cuyas vidas están llenas de fantasmas.

Para desarrollar esas tramas, Malaka nos crea todo un ecosistema mostrando la cara oscura de la ciudad, con las bandas criminales (tanto de navaja y gorrilla como de traje y corbata) y va tejiendo una red que atrapa al espectador, dejando caer las pistas de lo que está pasando en realidad, hasta llegar a un final bastante acertado y un genial capítulo 7, el anteúltimo, que me pareció el mejor tanto en concepto como en ejecución.

Las actuaciones, muy naturales, consiguen terminar de completar esa atmósfera, y ahí hay que destacar a Salva Reina, muy alejado de sus habituales papeles cómicos, Vicente Romero, que crea un detective Romero tan genial como sorprendente o Laura Baena, con la imponente "Tota".

Una serie de calidad, y de las pocas que tiene el mérito de haber conseguido que yo me ponga delante de la tele a una hora concreta para ver algo cuando lo emiten. Espero que haya segunda temporada, que si atinan bien puede funcionar. 

martes, 22 de octubre de 2019

Zombieland: Mata y remata

La familia matazombis vuelve a la carga.

Esta secuela de la tronchante Bienvenidos a Zombieland tenía el listón muy alto, pues su predecesora era francamente divertida y han tenido tiempo de sobra (10 años, nada menos) para preparar algo digno.

Y lo consigue, holgadamente, pues Zombieland: Mata y Remata es una desenfrenada película llena de humor, acción y muchos zombis en forma de Road Movie llena de autorreferencias y que sigue con el estilo que hizo triunfar a la semana, rompiendo mucho la cuarta pared y con esos maravillosos incisos "matazombis de la semana", algunos de los cuales me hicieron romper en carcajadas.

Algunos de los personajes nuevos funcionan bastante bien (Madison, ese chiste de rubias andante, tiene momentos geniales) y la verdad es que creo que aquí todavía hay material para estirar un poco la franquicia, y si se animan a lanzar una tercera entrega de Zombieland (¿habrá que esperar hasta 2029?) ahí estaré para verla.

Genial también la escena postcréditos. Muy en la línea del resto. 

lunes, 21 de octubre de 2019

El asesino de los caprichos

Parece que sí, pero no.

La presencia de Maribel Verdú y Aura Garrido, que son lo mejor de la película, suele ser una garantía y lo que durante gran parte del metraje levanta la película, pero aunque hacen lo que pueden, milagros los justos, y bastante que logran salvar los muebles.

Esta película nos plantea un interesante thriller sobre un asesino en serie que basa sus asesinatos en los crímenes de Goya, y alternando la investigación del caso con la vida personal de los protagonistas y sus constantes roces, que son lo mejor, logra ir disimulando la inconsistencia de la trama, hasta que llega un momento en el que el humo se termina por disipar y los espejos quedan a la vista, quedando un final completamente atropellado, anticlimático y un epílogo que termina por resultar un pegote, tras una resolución del caso de las de "La película se va terminando. Venga, pues el malo es este porque sí".

domingo, 20 de octubre de 2019

¡Una de croquetas!

No ha habido que lamentar bajas civiles.

No soy muy de cocinar, pero hoy era el cumpleaños de alguien muy especial, y como regalo me apetecía agasajarle con un experimento culinario, así que me puse manos a la obra y busqué la receta de algo que nunca antes había cocinado: croquetas.

La receta rezaba:

-1 cucharada sopera de aceite de oliva
-2 cucharadas soperas de harina
-1/4 de litro de leche entera
-1 huevo
-100 gramos de pan rallado
-Nuez moscada
-Sal

Lo primero era hacer la bechamel. Esto es fácil, que ya había hecho (igual llevaba 15 años sin hacer una bechamel, pero eso es otra historia). Para quien no sepa, es fácil: harina, aceite y leche a la sartén, remover y calentar. Aquí, siguiendo las instrucciones de la receta, antes de echar la leche doré un poquito la harina con el aceite.

Hecha la bechamel, tocaba echar sal y nuez moscada (que le da un toque muy rico), junto con el ingrediente. Como eran mis primeritas croquetas me fui a lo básico y eché jamón. En un primero momento pensé que había echado demasiado jamón, pero me saltó el corrector gramatical del Word; "demasiado jamón" es gramaticalmente incorrecto.

Hecha la masa, a la nevera con ellas, que además tocaba ir a Getxo a por cómics.

Hoy era la segunda parte: por la mañana dar forma a las croquetas y empanarlas (para dummies: mojar en huevo y embadurnar en pan rallado, hasta que queden completamente rodeadas). Importante hacer pausa para comer (cocinar las croquetas con hambre habría tenido consecuencias desastrosas y el regalo de un tupperware vacío) y luego freírlas.

Las croquetas antes de la sartén (no me acordé de hacerles foto luego).

Mucho aceite, casi la sartén hasta arriba y calentar durante un buen tiempo hasta que el aceite esté muy caliente. Para comprobar si iba alcanzando la temperatura adecuada aprovechaba para de vez en cuándo echar los restillos de huevo empanado que sobraban de hacer la masa. Puede haber quien prefiera otros métodos de comprobación de temperatura ólea, como introducir partes del cuerpo en la sartén, pero a priori es algo que desaconsejo.

Introducidas las croquetas en el aceite, el tiempo justo para que hagan su cosplay de Anakin en Mustafar y cojan un color dorado, toca sacarlas, dejarlas en papel de cocina para que absorban el aceite, y una vez se han enfriado, quedan listas para su consumo.

Es algo que lleva rato, pero es bien sencillo de hacer.

sábado, 19 de octubre de 2019

Salón del cómic: cosecha

  
Se han venido hoy conmigo a casa.

Un evento clásico de estas fechas y al que suelo ir más o menos todos los años es el salón del cómic de Getxo, este año con una carpa muy menguada (ya sucedió el año pasado) y siempre acabo volviendo con algo para casa.

Esta vez tenemos lo que se ve en la foto, el recién publicado Vergüenza y Olvido (sobre la guerra hispano-filipina) y un par de esenciales de Daredevil que estaban a precio de risa.

En el caso de Daredevil era algo más difícil, pero con Vergüenza y Olvido he aprovechado que estaban los autores en el stand para que me dedicaran el ejemplar, y el resultado solo puedo catalogarlo como espectacular.

Con cosas así, merece la pena hacer cola.

También hemos aprovechado que venía David Rubín a firmar ejemplares, para que dedicara un par de cómics a mi señora novia, y la verdad es que este hombre es siempre encantador y más majo que las pesetas, por lo que da gusto ir a sus sesiones de firmas. 

jueves, 17 de octubre de 2019

Mientras dure la guerra

Karra Elejalde, genial como Unamuno.

Amenabar es un director que estaba en mi Olimpo de cineastas, pero tenía un problema: cada película suya me gustaba menos que las anteriores, llegando hasta Regresión, que sin ser horrible me resultó incluso mediocre (peor desde la perspectiva que en el momento), pero aquí consigue romper esa tendencia y nos pone una película muy disfrutable en la que la dirección de actores brilla a un nivel altísimo, alcanzando casi las cotas de Mar Adentro en ese sentido, con los personajes que saltan de los libros de historia para irse a la película. 

Miguel de Unamuno, el bilbaíno más universal, es un personaje que ya de por sí tiene un atractivo especial, pues no en vano estudié en el instituto que lleva su nombre y además tenía raíces en Bergara (como mi señora madre), y el tema de la guerra civil, ese periodo oscuro de nuestra historia, siempre resulta llamativo.

Aquí nos trasladan a 1936, los inicios del conflicto y se centra en las figuras de Franco y Unamuno, magistralmente caracterizados junto con un también soberbio Millán Astray, que es la tercera pata del banco (¡chistes de cojos, el último grito en humor ingenioso!). En el caso de Karra Elejalde, incluso a pesar de que su inconfundible voz le delata, costaba creerse que fuera Karra y no un señor distinto imitando su voz. Airbag fue su salto a la fama y con 8 apellidos vascos consiguió el éxito, pero este Unamuno es, sin lugar a dudas, el papel de su vida. 

De esta película me gusta mucho que consigue demostrar que humanizar no significa dulcificar (Franco era un hijo de puta y un fanático, pero un ser humano. Un ser humano terrible y un terrorista, pero humano), y nos cuenta la historia de una forma tan verosímil que asusta. Y asusta sobre todo porque el discurso del fascismo es, por desgracia, muy actual, y pocas son las diferencias (nulas, de hecho) entre el discurso falangista y el de ciertos partidos que se autodenominan de "extrema necesidad".

Como también es de plena vigencia el maravilloso discurso final de Unamuno, en una escena que creo que podría ver repetida en bucle una y otra vez. ¿De verdad vamos a tener que esperar a febrero para que le den el Goya a mejor actor a Karra Elejalde por su Unamuno? ¿No se lo pueden ir dando ya?

miércoles, 16 de octubre de 2019

Una de chinches (continuación)

La zona rodeada de brillo es barniz comido.

Había empezado a contar por aquí mi nada divertida odisea con los chinches, que por suerte se solucionó. Y se solucionó gracias a que contraté a una empresa de desinfecciones, pero eso también tuvo su lado malo.

La primera vez que hablé con ellos fue cuando recibí la visita de la empleada a quien expuse el problema y me explicó el procedimiento (gasearlos como si no hubiera mañana, varias veces) y los precios. Firmé, porque en ese momento habría firmado hasta la entrega de mi primogénito nonato a Amazon, y concerté la primera visita. 

Moví los muebles y busqué alojamiento en el exilio para el día del gaeeo, pues había que pasar 24 horas fuera de casa para evitar morir envenenado.

Vinieron, fumigaron y cuando volví, pensando que la pesadilla había terminado, volví a ver uno de esos incómodos visitantes. Sudores fríos, cabreo (dentro de que sabía, pues me habían advertido de ello, que podía pasar) y vuelta a llamar. "Oigan, que sigue habiendo chinches".

Volvieron a fumigar, con otra noche fuera y resto del ritual. Y cuando volví, me encontré con unas manchas indelebles en el parquet... y que seguía habiendo chinches. Llamé otra vez, para dar parte del suelo... y de los chinches. 

Mandaron un operario supuestamente a arreglar, pero lo único que dejó fue una nota diciendo que no había podido arreglarlo. La fiesta viene cuando (por Whatsapp, tóquese usted los pies) me intentaron reclamar el pago de sus servicios. Antes de haberme solucionado el problema. 

No lo cuento, lo muestro.


Primer acercamiento. Con una "exquisita" ortografía (¿mayúsculas y tildes para qué?), e ignorando mi "hola, sigue habiendo chinches y además me habéis jodido el suelo" me piden que les pague un trabajo aún sin realizar.


Aquí obvia el problema principal, me explica lo que ya sé y pasa a la bordería condescendiente.


Tras mi respuesta puede verse que hay un lapso de tres meses. Lo que sucedió fue que vinieron una tercera vez, y aunque parece que terminaron de matar los chinches (aún me pareció ver alguno moribundo, pero creo que eso fue producto de mi paranoia), también terminaron de matar el suelo. Les llamé de inmediato y lo único que supe es que mandaron a un operario, que se limitó a mirar el suelo y decir que estaba el barniz quemado.

De la empresa nunca más se supo, hasta que meses después y haciendo la mejor performance que he visto jamás de persona sueca, me escriben en esos términos para pedir dinero.


Y, como se ve, un par de meses después, como quien no quiere la cosa, volvieron a escribir exactamente el mismo mensaje y por el mismo medio, quedándose ahí la conversación tras mi respuesta. Desconozco si volvieron a insistir por Whatsapp porque bloqueé el número. No me parecía nada serio.

Volvieron a la carga algún tiempo después, por correo (pero ordinario, que certificado cuesta dinero), instándome a que pagara, bajo amenaza de llevarme a la vía judicial. Estupendo, yo encantado. Si hubieran interpuesto esa demanda que, oh sorpresa, jamás llegaron a interponer (supongo que no sabían dónde vivía, o algo) les habría aportado la factura del suelo en una bonita reconvención (el "y y tú más" del Derecho Procesal) y a ver quién reía más.

Pero eso no sucedió, no volví a saber nada más de ellos y al final, pues con el dinero que me ahorré de la desinfección arreglé el suelo y aquí paz y después gloria.

martes, 15 de octubre de 2019

Armariado

Mi cuarto ya no parece un decorado de Cuéntame.

La casa casi reformada y mudado desde agosto, pero aún quedaba un detalle por terminar, que era poner las puertas del armario. El mueble en sí no lo he cambiado, es el mismo armario semiempotrado que me vino con el piso, pero sí las puertas, que eran viejas, desgastadas y con una estética que no me gustaba mucho. Así que me fui a una tienda de armarios a medida, contraté las puertas y hoy por fin, con un poco de tardanza, me las han puesto. El resultado, no sé si la foto dice mucho, es bastante bueno.

La instalación ha sido un poco de odisea (tanto que me ha obligado a gastarme un día de vacaciones), pues me dijeron que a las 8:30 venían. Yo pensé que sería venir, montar y marchar, y que a lo sumo para las 10 ya estaba en el trabajo.

Pues no. El operario ha venido, ha traído las cosas, se ha ido a aparcar (lo que en mi barrio no es tarea fácil) y ha empezado a serrar, pues las puertas iban a medida, pero el resto de piezas y embellecedores no. 

Para más inri se le ha roto la máquina que usaba y ha tenido que llamar al compañero, para que se la trajera desde Castro, lo que ha hecho que a las 14 todavía estuviera aquello sin terminar. Y podía cogerme la mañana con horas pero no la tarde, y a las 15:30 tenía que estar en la oficina sí o sí. Así que por fin sobre las 14:15 ha terminado el montaje, he quedado con él para después de trabajar, he comido a la carrera y me he ido al esprint a la oficina.

Pero el armario ha quedado genial, que es lo que importa.

lunes, 14 de octubre de 2019

Una de chinches

Una de las peores plagas que se puede tener en casa.

Que nadie se alarme: NO TENGO CHINCHES EN CASA.

Pero los tuve en el pasado. No en mi casa actual, sino en una anterior, y son una experiencia horrible de la que no hablé en su momento porque, francamente, no me apetecía. Pero hoy en el trabajo ha salido el tema de conversación y me ha venido todo aquello a la cabeza, así que aquí viene la batallita.

De esto haría algo más de tres años. Llevaba una racha de insomnio, en la que me despertaba a las 4-5 de la madrugada con ataques de ansiedad, y también por aquella época, aunque no lo relacioné, me salían de vez en cuándo picaduras en los dedos, como siguiendo la línea de la vena.

Así estuve un tiempo que no sabría determinar (debió de ser entre Semana Santa y junio, por las Ómicron de 2016 o el viaje a Amsterdam) y un día haciendo el cuarto vi algo que correteaba entre las sábanas. Le di caza y llevé el cadáver a una droguería que tenía enfrente de casa, especializada en plagas. 

La autopsia fue clara en su pronóstico: eso era un chinche. Me dio un bote de insecticida bastante potente con el que proceder a gasear el dormitorio. Lo hice, apliqué el producto, cerré puertas y ventanas y... se abrió la caja de Pandora.

Aquello despertó a un montón de chinches, que tuvieron a bien salir de sus madrigueras esa noche. No recuerdo del todo bien el curso de los acontecimientos, pero sí la repugnante sensación de volver a despertar a las 5 de la madrugada, encender la luz y ver a uno de esos asquerosos bichos corriendo por la almohada.

A la mañana siguiente llamé sin dilación a una empresa de desinfección. También tiré muchísima ropa y muebles (el cabecero de mimbre era una auténtica granja de huevos y heces de chinche), y la ropa que no tiré la tuve que llevar a lavar a la lavandería con agua muy caliente. Compré también una funda para el colchón, de modo que no pudieran esconderse ahí y adquirí el hábito de seguir gaseando todos los días. Entendí el porqué de la expresión de "morir como chinches".

En plena fiebre del Pokemon Go, yo me dedicaba a cazar otro tipo de bichos.

Todas las mañanas me dedicaba a cazar 3-4 chinches que se paseaban por el techo y las molduras de las paredes. Algunos recién alimentados eran como gotitas de sangre con patas, más o menos del tamaño de un grano de arroz.

Era insostenible, y afortunadamente me moví rápido a la hora de llamar a la empresa de desinfecciones. Pero eso tuvo también unas consecuencias negativas, de las que ya hablaré en otro momento. Sin embargo, para tranquilidad del público que me lee, aquello de los chinches ya pasó, y aunque fue una auténtica pesadilla y no se la deseo a nadie, es algo que forma del pasado. Aunque es verdad que durante muchas semanas sentía escalofríos cada vez que me despertaba de madrugada y sentía la más mínima cosquilla.

domingo, 13 de octubre de 2019

Finde con roleo revival

El retorno de Oninga Rask.

El viernes poca cosa, la verdad. En casa sesteando, luego a hacer la compra y a a lonja un rato, aunque me retiré pronto, pues no había plan.

Más movido fue el sábado, que por la mañana tenía otra reunión para planificar las actuaciones de improvisación teatral y por la tarde partida de Dungeon World. La partida fue bastante especial, ya que al hacerme el personaje decidí hacerme a la clériga Oninga, que fue el primer personaje que tuve cuando empecé a jugar a rol allá por 1990, con 12 años. La verdad es que fue muy bonito y la partida bastante épica, con momentos emotivos.

Por la noche seguimos en la lonja, jugando al Clank! y otros juegos.

Domingo por la mañana he ido al gimnasio a sudar un poco, que luego ha sido una de comer pizza y por la tarde partida de rol (he hecho pira al basket y no he podido ver la victoria ante el Baskonia), continuando con la campaña de Warhammer, que poco a poco se va acercando a su final.