Este juego me gustó mucho.
Hoy voy a habalr del fin de semana, en el que he currado, jugado, comido, comprado y sobre todo socializado mucho. Pero como no quiero que me salga una entrada kilométrica voy a ir a lo que es el fin de semana, sin detallar juegos ni compras.
El jueves cogí el avión para plantarme en Madrid por la noche. Algo de retraso pero sin mayores incidentes, así que a eso de las 23:00 ya estaba en Barajas. Un taxi al alojamiento (un airbnb del que lo mejor que puedo decir es que salió barato) y un paseo hasta el metro, para tenerlo ubicado.
El viernes fue el día duro. Me levanté pronto y me planté en IFEMA sobre las 9:30, para ayudar con el montaje. Entre una cosa y otra hasta las 17:30 moviendo sillas y mesas. Una paliza, sí pero lo peor ya había pasado y podía dedicarme a disfrutar del evento.
Vinieron Luis y Betty, con otro amigo, que es con quienes estuve la mayor parte del fin de semana (y llevaba sin verlos tres años) y al cerrar nos vamos a cenar una hamburguesas al Toni Roma´s cercano. Luego me dejan en el "hotel" y con mis 38500 pasos del día quedo rendido.
El sábado es mucho más relajado. Echo una mano para montar unos paneles móviles, lo que me lleva poco rato y para la hora de apertura estoy ya libre. Estoy un rato jugando con amigos de Bilbao (Laura y Pablo), luego con madrileños (Naisha y otro Pablo), y como a estos los veré en Omicron, me vuelvo a juntar con Luis y Betty. Jugamos, comemos y volvemos a jugar. Por la noche me junto con Eneko, de Vitoria, y unos amigos suyos, que nos vamos a tomar unos cacharros y luego cenamos maravillosamente bien en una estupenda pulpería que había en la zona. De rechupete todo. Cuando terminamos, como ya estoy que me caigo, vuelvo dando un paseo de 45 minutos y me tiro a dormir,
El domingo sí que fue descanso total, con una dinámica parecida al sábado, con la diferencia de que a las 20:00 salí directo al aeropuerto. Tenía margen, porque mi vuelo salía a las 22:10, pero no quería andar con apreturas.
Llego bien a la T4 (en metro no se tarda nada desde IFEMA) pero tengo el problema del equipaje. No me vine tan arriba con las compras como me habría gustado, pero eso ni quiere decir que no lo hiciera, y no quería bajo ningún concepto que me obligaran a facturar. La mayor parte de mis compras se las pasé a dos amigos de Bilbao (Víctor y Mayte), que venían en coche, pero las compras del domingo, que alguna hubo, las tenía conmigo.
Llené hasta arriba los bolsillos del anorak (que son espaciosos) con los menos voluminosos, y para el resto me fui al duty free a por una chocolatina y dos bolsas, con la esperanza de que colara, y coló. Pude evitar la temida cinta de equipajes.
Si se hubiera volcado el avión yo no me habría caído.
Lo que no pude evitar fue el encajonamiento. El avión iba llenísimo, de modo que tenía que quedarme con mi asiento, que en teoría era XXL pero en la foto puede verse que de XXL tenía poco, de modo que el vuelo de vuelta es terriblente incómodo. Por suerte Madrid-Bilbao es un trayecto corto, así que dura poco.
Lo que sí dura bastante es la cola de los taxis. En mi cabeza la idea de bajarme del avión, coger un taxi e irme a mi casa era espectacular, pero lo malo es que en las cabezas del resto de la gente que viajaba en mi avión esa idea era igualmente espectacular, así que toca esperar un rato largo, pero todo llega y a medianoche, como Cenicienta, ya estaba de vuelta en casa.