Un asesino muy mono.
Un novelista sordomudo vive en su mansión en Hawaii, donde tiene como mascota a Ben, un simpático chimpancé. Pero justo el fin de semana que las hijas del novelista se quedan un fin de semana con la casa sola y montan una fiesta con amigos, Ben es atacado por una mangosta que le pega la rabia, así que hace lo que suelen hacer los animales rabiosos, que es convertirse en un psicópata sádico y ultrainteligente que urde planes elaborados para acechar a sus víctimas pacientemente y asesina Casi como ver un documental de David Attenborough.
Al margen de lo ridículo de la premisa, hay que concederle que es un slasher bastante funcional, que maneja bien los tiempos y el suspense y es totalmente disfrutable y palomitera. Huelga decir que viene acompañada de la inevitable ristra de clichés del género, capitaneados por un elenco de caras bonitas y cuerpos de ensueño interpretando a personajes disfuncionales e incapaces de tomar una decisión sensata, siendo en el fondo víctimas de su propia estupidez. Pero es a lo que hemos venido, así que tampoco se le puede pedir más.
Le damos el visto bueno.