martes, 17 de julio de 2018

El mejor verano de mi vida

Cartel colorido, como la película.

¿Qué esperar de esta película? Pues lo que hay: una buddy movie formulaica para el lucimiento de su protagonista, que no es actor sino humorista metido a actuar. Y como es de esperar, actúa igual que monologa. Es decir, que tendremos una historia amable, con sus gracietas y sus momentos de ternura, con villanos de opereta y una resolución completamente previsible y azucarada.

Básicamente, a quien le guste Leo Harlem y quiera pasar un rato entretenido puede darle una oportunidad, sabiendo que no ha de esperar gran cosa. Y a quien no le guste Leo Harlem, o espere una película original o rompedora, que se busque planes mejores.

lunes, 16 de julio de 2018

Cosecha de F5

¡He pillado plaza en un vivo!

Ayer era el día del F5 para las actividades de las TdN. Es decir, estar delante del ordenador esperando como buitres, y a las 10:00 a apuntarse a todo correr, como pollos sin cabeza. Otros años se me ha dado peor, pero este he conseguido coger mi primera opción en 4 de los 5 que pedí, y además mis partidas (Grease y El mejor Lugar) se llenaron bastante pronto.

Así pues, esto jugaré en TdN 2018:


Old Man Reaver: Partida basada en la serie de televisión Firefly. Sábado por la tarde.
Humanidad:  Una sobre vampiros y su perdida... humanidad. Viernes por la noche.
Thunder City: Por la sinopsis parece un estilo a lo Borderlands. Jueves por la noche.
Patrona de las desamparadas: Una prisión de mujeres, a lo Orange is the new black. Sábado por la noche.

Así que entre esto y lo que dirijo, solo se me queda sin partida la franja del domingo por la noche.

domingo, 15 de julio de 2018

Fin de semana con cosecha de F5

Con los pucelanos.

A estas alturas del domingo la entrada del blog solo puede ir sobre una cosa (sobre lo de todos los domingos): el fin de semana.

El viernes después de comer cogí el autobús a Maxcenter para ver la ayer reseñada "El rascacielos" y luego volví a Bilbao dando un paseo, concretamente a la lonja, para jugar (y ganar) una partida al Manoeuvre y luego cenar, socializar y volver a la lonja para jugar (y ganar) una partida de Not Alone.

El sábado me levanté más o menos pronto para ir al gimnasio y a mediodía quedé con Sito y Leila, uno amigos de Valladolid que venían de visita con su pequeñuela, y les estuve haciendo la visita guiada turística por la ciudad aprovechando el buen tiempo. 

Me despido de ellos y por la noche a la lonja, donde jugamos al Arkham Horror, pero somos derrotados (y devorados por el propio Cthulhu).

El domingo otra vez me levanto temprano, pues es el F5 de apuntarse a las actividades (y durante la noche tengo varias veces la pesadilla recurrente de que me despierto tarde y no llego a tiempo). La cosecha es positiva (mañana hablaré de ello) y luego me voy otra vez al gimnasio a sudar. Por si eso no fuera poco, me voy a la lonja, aún por la mañana, a currar poniendo las estanterías nuevas y reubicando los juegos (¡no sabía que había tantos!).

¿Y a dónde voy por la tarde? Pues otra vez a la lonja, que teníamos partida de rol. Hoy por fin terminamos de purificar el castillo Witgenstein y ponemos fin al segundo libro de la campaña del Enemigo Interior.

Y eso ha sido más o menos mi fin de semana.

sábado, 14 de julio de 2018

El Rascacielos

La encarnizada lucha de un hombre contra las leyes de la física.

Voy a empezar hablando de este blockbuster veraniego con un spoiler que define muy bien la película: apagan un incendio reiniciando un edificio. Literal.

Dicho esto, ya sabemos qué nos podemos encontrar, aunque poco intuitivo sería quien se fuera al cine a ver otra cosa. Casi un tributo al cine de acción de los 80 o 90, esta es una película que mezcla cosas de La Jungla de Cristal, el Coloso en Llamas (aunque esta sea del 74) y nos pone en la clásica situación de espacio cerrado tomado por malos armados en el que el bueno es prácticamente un superhéroe que tiene que superar todo tipo de proezas imposibles para salvar a su familia, con un argumento al servicio de la fantasmada que, de puro previsible, ya ni se molesta en esconder las sorpresas, de modo que nada más verlos uno ya sabe quiénes van a ser los traidores. Me puedo imaginar el casting para los antagonistas: "imprescindible tener cara de malo".

Erraría quien acudiera al cine a ver un tratado coherente sobre arquitectura moderna y las implicaciones sociales y ambientales que tendría erigir un rascacielos de un kilómetro en medio de Hong-Kong, porque aquí lo que se va a encontrar es a The Rock usando su pierna ortopédica a modo de piolet para subir hasta la planta 200 por la parte de fuera del edificio. Y se lo perdonamos porque es The Rock, y lo que queremos no es ver una delicatessen del cine, sino una hamburguesa grasienta con patatas aceitosas, que combinen con el vaso gigante de Coca-Cola y las palomitas. 

Lo que viene siendo un blockbuster veraniego de catástrofes. Empieza la película, resuelves panel, apagas el cerebro y a disfrutar.

jueves, 12 de julio de 2018

Antman y la Avispa

Mike el de Friends y Kate la de Lost en la fiesta de disfraces de Mass Effect.

En 2005 los estudios Marvel sacaban una película simpática sobre un pequeño héroe, y que resultaba ser una de las sorpresas del verano, con una de las secciones más simpáticas de la franquicia. Antman era fresca, simpática y muy divertida.

Llega ahora la secuela, en la que el diminuto héroe ya no trabaja solo en el microcosmos, sino que son ya dos los canijos, y vuelven a enfrentarse a los malos en una comedia de aventuras que sigue en la sintonía de la primera. Es bueno cuando vas al cine con la idea de ver algo y es lo que te encuentras. Igual a ratos se pasa demasiado en el nivel de payasadas, es verdad, pero la primera tampoco tenía un gran nivel de seriedad. 

Me gusta mucho de esta película que haya malos con motivaciones reales, y con los que se puede empatizar (aunque también hay villanos, como el del siempre soberbio Walton Goggins, que son un poco de "jajejijoju", pero esto es un tebeo de superhéroes), y también me gusta cómo logran el efecto visual de rejuvenecer actores, en concreto a Michael Douglas. 

Pues sin perderme en profundas digresiones técnicas, digo de esta película que da de ella lo que se espera, lo que en este caso es bueno. Y que tiene dos escenas postcréditos, una de las cuáles enlaza esta película con los sucesos principales de la saga Marvel y la otra... ¿qué, os habéis quedado a gusto, eh?

miércoles, 11 de julio de 2018

Donante

Ya podía ser así, pero no.

Para todo hay una primera vez, y hoy ha sido la primera vez que he donado sangre. Es algo que siempre había querido hacer, no es broma, pero pensaba que no podía, debido a una hepatitis que me tuvo casi todo el verano en la cama cuando tenía 9 años. Pero el viernes me abordaron de un autobús de donaciones y me dijeron que sí podía. El mismo viernes no me era posible, que iba a estar fuera, pero hoy que he podido me he acercado al ambulatorio.

A ver, el proceso agradable no es. Primero con el formulario, que no horroriza pero es un poco pesado (esto es como ir al banco: te hacen un montón de preguntas, firmas papeles y luego te sacan la sangre) Luego la extracción en sí, en la que te inyectan la perforadora de una plataforma petrolífera en el brazo, mientras te van absorbiendo los jugos vitales. Uno, ante esa situación, trata de mirar en otra dirección y distraerse, pero en la tele estaba sintonizada Telecinco, con una entrevista a Eduardo Inda, de manera que no tengo muy claro qué es peor. Y por último, la parte también aburrida de estar con el brazo algodonado mirando al techo (podría mirar a la tele, pero recordad lo que había).

Cuando por fin termina la sesión llega la parte buena, que es la de la bebida y el bocadillo, y luego a casa. Dentro de tres meses, a pasar otra vez por caja.

No mentiré, no es un plato de gusto, pero realmente me ilusionó mucho saber que podía hacerlo, y que con esto seguramente esté ayudando a alguien. Un pequeño deber ético cumplido.

martes, 10 de julio de 2018

Vuelta de Milan (2)

Como vista desde lo alto.

Seguimos con la ruta de Milan. El domingo por la mañana nos levantamos y, guiados por SC, nos vamos a la estación de tren, para ir a ver el lago Como, que nos conduce a la estación y nos deja libres. Sin embargo, la conexión autobús-metro hace que lleguemos poco después de que se largue el tren, lo que nos tiene casi una hora esperando, hora durante la cual nos acercamos a ver de nuevo el castillo Sforza.

Por fin llega el tran, y ahí que vamos, como sardinas, hasta Como. Mucha gente, mucho calor y mucho ambientazo (con torneo de baloncesto callejero incluido). Ahí, tras hacer cola bajo el sol, compramos los tickets para el ferry y nos vamos a devorar unas porciones de pizza.

Una hora de ferry más tarde, llegamos al agradable pueblo de Bellagio, donde comemos (¡sorpresa, más pizza!), damos un paseo y al mirar los horarios de autobuses vemos que solo hay cada hora. Algo de agobio hace coger el autobús de vuelta a Como. Horrible hora y pico de autobús y curvas.

Llegamos a Como y aprovechamos para coger el funicular, para subir arriba y disfrutar de las fabulosas vistas. Esa parte bien, pero al bajar, una cola terrible nos hace tener que esperar más de lo previsto.

Una vez abajo, serían como las 7 de la tarde, nos vamos a dar un baño en el lago. Agua fría, y no muy limpia. Pero con el calorazo, se agradece. Tras el baño, damos un paseo por el pueblo y apuramos hasta el último tren, el de las 22:16, para estar por ahí y cenar... sí, pizza.

En el tren vamos cómodamente, hasta que en Saronno, que ni siquiera es Milan, se para y tenemos que hacer trasbordo, con un tren que llega con retraso. Pero por fin llegamos a Milan, y un taxi nos lleva a casa, donde los mosquitos nos esperaban con las alas abiertas.

Una masacre de mosquitos antes de ir a dormir no impide que nos cosan a picaduras, y que el lunes amanezcamos con extremidades hechas un cisco. Desayunamos, hacemos las maletas y nos vamos con SM y SC a tomar algo en el centro antes de ir hacia el aeropuerto.

En el aeropuerto pasamos el control de seguridad, comemos y, contra todo pronóstico, el avión sale a su hora y llega a Bilbao sin retraso, a pesar de viajar en él SN. 

Y eso ha sido, más o menos, la escapada a Milan.

lunes, 9 de julio de 2018

Vuelta de Milan (1)

Il Duomo por la noche.

Ya de regreso en Bilbao (hace rato, de hecho), procedo a narra el fin de semana milanés.

Este viaje tenía como propósito visitar a mi señora madre (en adelante, SM) y su señor consorte (en adelante, SC), que llevan desde abril residiendo en la capital lombarda, en una suerte de "Erasmus" de jubilados, pues entre sus aficiones está la de estudiar italiano. Me acompañaba en el viaje mi señora novia (en adelante, SN), y ambos cogimos el avión el viernes a eso de las 17 de la tarde. Debería haber salido algo antes, pero las autoridades aéreas detectaron la presencia de SN en la lista de pasajeros, y por no faltar a la tradición, vuelo en el que viaja SN, vuelo que se retrasa.

Llegados a Malpenza, el encuentro con SM y SC, que nos conducen a su vivienda, donde nos habríamos de alojar. Una vez instalados, nos vamos a dar un garbeo los cuatro por el centro milanés y a cenar en una terraza (pizza, ¿cómo no?).

Dormimos, siendo sensualmente acariciados por los mosquitos (ciudad húmeda y calor, divertida combinación) y a la mañana siguiente nos vamos otra vez al centro, aprovechando para comprar souvenirs y subir al Duomo. Acostumbrado a ver catedrales desde dentro, tiene su gracia verla desde arriba.

Parece que eran hormiguitas.

De ahí, tras comer a la carrera, SN y yo nos vamos a la Iglesia de Santa Maria delle Grazie, donde empieza la visita guiada, cuyo objetivo principal era ver el que sin duda es el cuadro más icónico de Milán, y protagonista de cierta novela de Dan Brown: La Última Cena. Por normas del sitio, la visita es breve, pero vale la pena. Confieso que lo imaginaba más pequeño.

Seguimos con la visita, haciendo parada en el castillo Sforza, bajo un sol abrasador, y continuamos con la galería y nuevamente a la plaza del Duomo (he resumido dos horas de visita en tres líneas, ¡toma ya!).

Acaba la visita y nos vamos a merendar, unos panzerotti (una especie de buñuelos salados rellenos, muy ricos) y unos espectaculares helados, antes de dirigirnos a una de las zonas más bonitas de Milán: los canales de Navigli.

Ahí estamos mojando los pies, mientras saboreamos unas bebidas frescas y charlamos con un italiano muy majete, que se manejaba perfectamente en español. Estamos ahí hasta la cena, aunque no tengo claro si la cena son las porciones de pizza o nosotros, a tenor de los mosquitos que, sin ningún tipo de disimulo, se abalanzaban a la caza y captura de nuestro humor sanguíneo.

La última cena fuimos nosotros.

Deambulamos un poco por Navigli, y ya tomamos la avenida Génova (no confundir con la sede del PP) rumbo al Duomo, donde cogeríamos un taxi para volver a casa.

Próximas paradas: Como y Bellagio.

viernes, 6 de julio de 2018

A Milán

Hoy duermo allí. Bueno, no en la plaza, claro, duermo en una cama. Pero en Milán.

jueves, 5 de julio de 2018

La fuente de los deseos

Lo vi en Internet y me pareció demasiado bonito como para no compartirlo.