Ha tenido bastante éxito esta película de terror (que nadie se confunda, que no tiene absolutamente nada que ver con la deliciosa película de aventuras de 1999 ni con su desastroso remake de 2017), y aunque a mí me ha gustado relativamente (por la sencilla razón de que no es mi tipo de película) está bastante bien y entiendo su éxito.
Nada que ver con el cliché de "momia que aparece al excavar una pirámide y se escapa del museo para liarla", pero sí que tiene trasfondo egipcio. Concretamente una familia americana que por temas laborales resie en El Cairo y su hija pequeña Katie desaparece, reapareciendo una década después dentro de un sarcófago. Viva y aparentemente sana, pero claramente traumatizada. Ay, esta generación de cristal...
Ya en casa, Katie comienza a comportarse de formas extrañas y perturbadoras, muy en la línea de El exorcista, pero con mucho más body horror. De hecho, una cosa que destaca en esta película es lo mucho que se regodea en el gore y lo asqueroso. Desde luego que no es para estómagos delicados, y tiene traumas de todos los sabores. Terror con uñas y dientes, podría decirse.
La resolución sí me la vi venir, pero no por previsible es menos adecuada, aunque luego mete un epílogo que tampoco es que quede mal del todo, pero creo que habría funcionado mejor sin él.
Digna, lo que teniendo en cuenta que es del tipo de películas que raramente me entusiasman ya es bastante decir.