lunes, 18 de junio de 2018

El entrenador

El patio donde jugábamos y entrenábamos.

Aprovechando que con el tema del mundial está de moda esto del balompié (como si no lo estuviera todo el año), ha venido a mi cabeza el periodo durante el que fui entrenador de futbito. 

Era el año 2000 (¡el futuro ya había llegado!) y un amigo me contó que estaba entrenando a un equipo de instituto, concretamente el de categoría cadete femenino (14-15 años) y que necesitaba alguien que le ayudara, pues a veces tenía que trabajar y no siempre podía ir a los entrenamientos ni los partidos. Y como soy alguien a quien no suele ser muy difícil convencer, accedí.

Me tocó aprender a marchas forzadas el reglamento, ya que una de mis funciones acababa siendo arbitrar los partidos de casa (cosa que me horrorizaba), pero por suerte la parte táctica y técnica no era demasiado compleja. Al final era prácticamente "salid, jugad y no os lesionéis ni lesionéis a nadie" y repartir más o menos los minutos para que todas pudieran jugar (a menos que pasaran del tema, que había alguna más pendiente de charlar con la banda que del balón).

Estuve entrenando dos años, de los cuales el primero fue una experiencia muy bonita, ya que las chicas se lo tomaban en serio y los resultados solían ser positivos, lo que sin ser lo más importante, siempre era de agradecer. Llegaron incluso a clasificarse para playoff, y siempre recordaré esa emocionante tanda de penalties en la que consiguieron el 7º puesto. Recuerdo que ninguna se atrevía a tirar el tiro decisivo, y les decía "a ver, lo tiraría yo, pero creo que el árbitro no me va a dejar".(Y mejor, que con lo zoquete que soy, seguro que yo sí lo hubiera fallado).

El segundo año lo recuerdo peor. Empezaban a pasar de los entrenamientos, y no había manera de que se tomaran las cosas en serio. Tengo el recuerdo especialmente malo de un día que después de pegarme el paseíto para ir hasta el instituto, no se molestó en venir nadie y me tiré toda la tarde esperando como un tonto... para más señas el día de mi cumpleaños. Esa temporada casi ni recuerdo cómo terminó, pero sí que hubo muchas bajas a mitad de temporada, y partidos que no se llegaron a jugar por no tener el número mínimo de jugadoras.

Sin embargo, pese a esa segunda temporada, el balance de los dos años lo doy por positivo, ya que fue una vivencia interesante y otra manera de ver este deporte. Lo que sí recuerdo con horror eran los madrugones y palizones de tenerme que levantar a horas intempestivas los sábados para ir a jugar a los pueblos más recónditos de Bizkaia, muchas veces (qué narices, siempre) habiendo salido hasta las mil y monas el viernes, y volviendo a casa con una borrachera de campeonato.

A veces me pregunto qué habrá sido de las jugadoras y si se acordarán de mí.

domingo, 17 de junio de 2018

Freak Festival

El cartel.

Este fin de semana ha habido minijornadas, y digo mini porque aunque duraban viernes, sábado y domingo, yo solo fui ayer a pasar el día. El evento, que se celebraba en el Artium de Vitoria, era no solo de rol y juegos, sino un poco multihobby, con espacio para el anime y el cosplay (que a mí personalmente no me va, pero entiendo que quieran llegar a más público). Por la mañana me dejé liar para jugar un rol en vivo, "Víspera de Oscuros" y luego toca ir de comilona con la gente de Dark Castle de Madrid. La tarde la dedico a juegos de mesa, y a última hora otro rol en vivo, esta vez de Star Wars, que a pesar de su terrible pinta me acaba gustando. Y a eso de las 23:00, pues de vuelta a Bilbao.

viernes, 15 de junio de 2018

El malvado zorro feroz

Ya el cartel me sedujo.

Estamos ante una de las películas más simpáticas que he visto en bastante tiempo. Con humor y toques de ternura, esta película que lleva a la gran pantalla el cómic de Benjamin Renner cuenta tres historias cortas, enlazadas de forma muy divertida, en la que nos muestra las peripecias de unos entrañables animales de granja. Con un estilo colorido y visualmente muy agradecido, que consigue dotar a los personajes de gran expresividad con cuatro rayas, es una película que aunque va claramente dirigida a un público infantil (¡pero cuidado, hace un spoiler gordo sobre el secreto de Papá Noel!), es perfectamente disfrutable y no cae en la ñoñería, e incluso tiene alguna escena un tanto macarra (las gallinas entrenando para pegar una paliza al zorro), y también alguna escena que puede introducir motas de polvillo en los ojos, cuidado.

La película es exactamente lo que parece que va a ser, lo que siempre es una virtud. Lo que esperaba ver es justo lo que me encontré.

jueves, 14 de junio de 2018

Milagro en el convento de Santa María Juana

Viendo a la compañeras desde el otro lado.

El sábado tuvimos la representación, lo que significa que para muchos componentes del grupo terminaba el curso. Mas no para todos, pues algunos compañeros, junto con otros que estuvieron en Muzzik, tenían hoy su otra obra, la del Milagro que da título a la entrada, y no podía sino ir a verles. La obra, de Jean Pierre Martínez, iba sobre un convento de monjas que encuentran una plantación de marihuana por casualidad y empiezan a utilizarla para destilar sus licores, lo que los convierte en tremendamente populares entre la gente del pueblo, pero trae muchos líos.

La verdad es que ha sido curioso poderles ver como espectador, ya que aunque les he visto actuando muchísimas veces, siempre era desde detrás o compartiendo escenario. Y, cosa que no sorprende, han estado soberbios.

miércoles, 13 de junio de 2018

Los extraños: cacería nocturna

Tan mala que ni los actores quieren dar la cara.

Primer error por mi parte, ir a ver la secuela de una película de terror sin saber que era una secuela. Aunque tal vez el error haya sido simplemente verla. 

Desconozco si el hecho de verla por sí misma hace que se resienta demasiado, pero debo juzgar según lo que veo, y lo que he visto ha sido un slasher cutre, con unos malos cuya motivación es matar sin venir a cuento, que cae en muchos de los tópicos absurdos del género y no aporta nada nuevo, quedándose al nivel de un telefilme de sobremesa en el que alguien debería decir al director que bajar la iluminación al mínimo puede estar muy bien para cuadrar el presupuesto, pero que lejos aquí de conseguir atmósfera alguna, lo que hace es dormir todavía más al espectador.

En fin, un subproducto completamente mediocre (y mira que tengo el nivel de exigencia bajo en cuanto a películas de este género se refiere) de la que pocas cosas positivas se pueden decir. Por señalar algo, que me gustó su banda sonora.

martes, 12 de junio de 2018

Terminé Futurama

Los mejores repartidores del Siglo XXXI.

Hoy toca comentar una serie que no es precisamente nueva. Empezó hace 19 años y terminó hace 5 (tras sufrir sus cancelaciones y sus regresos), y aunque la vi cuando la empezó a emitir Antena 3 allá por 1999 (anda si no ha llovido), ha sido esta semana que me he puesto a ver la última temporada, que la tenía pendiente. Y... esperad, se me ha metido algo en el ojo.

Es raro presentar a estas alturas una serie tan conocida, así que seré breve: Fry es un repartidor de pizzas que accidentalmente (¿seguro?) es congelado la nochevieja del 31 de diciembre de 1999 y despierta mil años más tarde, para vivir el 4º milenio y todos sus avances. Ahí conoce a lo que serán sus compañeros de trabajo y sus más íntimos amigos (o más que eso); Leela, una alienígena (claro, claro, "alienígena") con un solo ojo y experta en artes marciales y Bender, un robot borracho, jugador, pendenciero, homicida, corrupto... pero a la vez entrañable. A eso le sumamos toda una colección de secundarios de lujo (Zapp Brannigan es un hito de la historia de la ciencia-ficción) y ya tenemos servido el cocktail.

Siendo de Matt Groening, al principio muchos pensábamos que iba a ser "Los Simpson en el futuro", un poco como lo que los Jetsons era a los Picapiedra, pero la serie no tardó en adquirir rápidamente personalidad propia y su propio sentido del humor, con miles de referencias y sobre todo, lo que hace amar esta serie, muchos momentos emotivos, en los que directamente busca atacar a las glándulas lacrimales del espectador. Así, capítulos como el de la suerte del Frylandés, o el del perro de Fry humedecen las córneas del espectador más aguerrido, y algunas forman ya parte del imaginario colectivo. ¿A quién no se le entristece siquiera un poco la mirada cuando ve al fiel Seymour esperando para siempre a su amo?

¡Psicópatas!

Y, bueno, pues la séptima y (parece que) última temporada juega a lo mismo, con capítulos desternillantes y otros que buscan tocar la patatita, para terminar, como era de esperar, con un final muy bonito y emotivo. Hace que entren ganas de volverla a empezar desde el principio.

domingo, 10 de junio de 2018

Así fue "Angelina o el honor de un brigadier"

En un momento de la obra.

Pues ya está. 5 meses de trabajo condensados en 50 minutos, aplausos y el vacío que deja, pero con la satisfacción del deber cumplido. Agotado pero contento me dejaba la función de ayer, con una obra que salió muy bien y gustó al público, y sobre todo nos gustó a los actores, que disfrutamos mucho haciéndola, hasta el punto de que si al bajar el telón me hubieran dicho que solo habían transcurrido 10 minutos de obra, me lo habría creído.

Pero todo lo bueno se acaba, y habrá que esperar para volver a actuar en un escenario. Ahora me quedo con el regusto positivo y la sensación de ir creciendo cada vez un poco más como actor. Y, lo más importante, creo que es lo más suelto que me he visto nunca sobre unas tablas.

sábado, 9 de junio de 2018

Deadpool 2

Más no siempre significa mejor.

Me ha gustado, ¿ok? Es muy divertida, se hace muy amena y tiene momentos de hilaridad. Pero la primera me gustó mucho más. Esta carece de la frescura y la novedad de la otra, ya no sorprende, y a ratos parece limitarse a buscar la brocha más gorda, a costa de repetir chistes (lo de las patitas de bebé ya se entendía a la primera, gracias), e incluso hay alguna escena que se alarga de más, lo que hace que en algunos momentos el ritmo decaiga un poco. 15-20 minutos menos de metraje tal vez no le habrían hecho ningún daño.

A su favor hay que decir que ofrece una historia mucho mejor hilada que la primera (que básicamente no tenía) y que los nuevos secundarios que introduce son un acierto, así como es de agradecer que introduzca con naturalidad una pareja abiertamente homosexual en una película de superhéroes, o algún sopapo que otro que da a los cánones que impone el género.

No voy a decir que no me haya gustado, porque mentiría, pero es cierto que con las expectativas tan altas que tenía, cuando vienes de ver un sobresaliente, el notable sabe a poco.

viernes, 8 de junio de 2018

Harry Potter y el misterio del príncipe de Bel-Air

En aras a la musicalidad, se ha sacrificado el respeto a la obra original.

Ahora escucha la historia de mi vida, 
y de cómo el destino cambió mi movida. 
Sin comerlo ni beberlo llegué a ser 
el chuleta de un colegio llamado Hogwarts. 

Al oeste de Privet Air, crecía y vivía, 
sin hacer mucho caso a los aurores. 
Jugaba al quidditch sin cansarme demasiado 
porque por las noches me sacaba el graduado. 

Cierto día jugando al quidditch con amigos, 
unos muggles del barrio me metieron en un lío.  
Y mi búho me decía una y otra vez: 
¡Sin tu tío ni tu tía irás a Hogwarts! 

Llamé a un tren, cuando se acercó, 
su molongo andén me fascinó. 
Quería conocer a la clase de docentes 
que me espera en Hogwarts con aire sonriente. 

A las siete llegué a aquel castillo 
y salí de aquel tren que olía a cuadra. 
Estaba en Hogwarts y la cosa cambiaba, 
 mi trono me esperaba, el príncipe llegaba.