La versión realista de Cobra Kai.
¿Una película de artes marciales en la que solo hay una escena de peleas? Correcto. Porque la especialidad de Sandra Sánchez, personaje cuya historia cuenta la película, era el karate de katas, el de pegar gritos y hacer gestos. Y poca broma, porque está considerada la mejor de la historia en esta disciplina.
Empezando desde su infancia, mezcla muchos tópicos de las biopics, de las películas deportivas y de las de artes marciales (con el inevitable de la aspirante acosando al sensei hasta que acepta instruirla), hasta que se hace con el oro olímpico, nada menos que en Tokyo. No miente cuando dice que se hizo mucho más famosa en Japón (donde lógicamente el karate tiene más notoriedad que en España) que en su propio país, casi que en su Talavera natal.
La película funciona razonablemente bien y me gusta cómo desarrolla las relaciones entre los personajes. Me gusta sobre todo cómo trata la cuestión idiomática, ya que los personajes dándose a entender con un inglés completamente de andar por casa y repleto de patadas (lógico, es una película de artes marciales) resulta muy verosímil.
Sí se me hacían un poco pesadas algunas escenas de katas, porque al no tener ni pajolera idea no soy capaz de discernir si son técnicas perfectamente elaboaradas o movimientos realizados al azar, aunque sí que es visible el soberbio despliegue físico que realiza Andrea Ros, que no hace falta saber del tema que ahí hay mucho trabajo detrás.










