La próxima vez que escriba para hablar de un fin de semana ya no tendré 47 años (¡cómo suena así escrito!), pero como de momento sí los tengo, voy a hablar de este en el que sí.
El viernes tocó una de lonja, estrenando el Bruxelles 1893 que había comprado en Interocio, complementado con partidas de The Game, Trío y King of Tokyo: Duel antes de irme a casa y dar un poco al The Witcher 3 antes de dormir.
El sábado por la mañana un poco de gimnasio, ya que tocaba comilona. El cumpleaños del Sr. Rubio, en un restaurante bufet al que dudo que vuelva a ir, ya que cada vez que he comido ahí he terminado terriblemente empachado. Y no por pasarme por la comida sino porque se pasan de grasientos.
Un poco de sobremesa, a casa a descansar y más cumpleaños. El Sr. Ginkler me convoca al local de Moskotarrak, donde hago el ridículo en el futbolín, casi gano a los dardos (pese a que soy terriblemente malo) y me retiro.
Una mala noche por culpa del empacho hace que me despierte finalmente a eso de las 10:45. Tiempo justo para ducharme, vestirme e ir a la lonja, donde jugábamos el último capítulo de la campaña Ocio y Decadencia de What a wonderful world, donde contra todo pronóstico me hago con la victoria. Como nos queda tiempo, probamos el Bloop y a comer. En realidad más pintxopote que comida al uso, que seguía empachado del día anterior.
Una siesta, algo de ordenador, paseo por la plaza del funicular y a casa, que mañana toca trabajar.

