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jueves, 26 de septiembre de 2024

Kneecap

 Literalmente es rótula, pero en este contexto "disparo en la rodilla".

Belfast. Naoise (pronunciado algo parecido a Nisa) y Liam son dos gamberros callejeros (eufemismo de que son además traficantes de droga y el padre de Naoise es un terrorista del IRA), apasionados de la cultura y el idioma irlandés que, tras unos problemillas con la policía contactan con JJ, un profesor de irlandés. Sin más conexión aparente que esa, deciden montar un grupo de hip-hop en irlandés, cuyas letras irreverentes y su tono de protesta se acaban convirtiendo en un éxito.

Con un ritmo que puede recordar muchísimo a la legendaria Trainspotting, Kneecap es una película dinámica, ácida y muy divertida, con unos personajes geniales a los que pese a todo es imposible no coger cariño. Además, como hablante de una lengua minoritaria y habida cuenta de los inevitables paralelismos entre Euskadi y el norte de Irlanda, me era fácil conectar con ellos. Y ya no tanto en la parte de sentirme identificado (siempre estuve muy desconectado ideológicamente del ambiente batasuno) sino por la de entender perfectamente la problemática y muchas de sus posturas. Y que sin ser un ferviente defensor del euskera, comprendo y comparto la necesidad de respetar los derechos lingüísticos de todas las personas.

Sin duda una propuesta muy fresca y divertida, de la que sinceramente opino que tendría papeletas para convertirse en una película de culto.

En cuanto al tema del IRA, podría entender que haya quien vea en esta película un cierto blanqueo de la violencia en Irlanda y que vean una supuesta glorificación del personaje de Arlo (el padre de Naoise), pero nada más lejos de la realidad. Si algo nos está mostrando esta película es que hay ocasiones en las que la violencia no consigue nada y que hay maneras mucho mejores de conseguir las cosas. De una manera muy gamberra, todo hay que decirlo, pero ese es su mensaje.

lunes, 15 de julio de 2024

En tierra de santos y pecadores

Género: Liam Neeson matando.

Son los turbulentos años 70 en Irlanda del Norte. Liam Neeson es Finbar Muprhy, un veterano asesino a sueldo pensando en su jubilación, cuyas intenciones de llevar una vida tranquila se tuercen cuando se cruza en su camino una célula del IRA comandada por la feroz Doireann McCann, en un desencuentro que tendrá un desenlace muy violento. Finbar tendrá que elegir entre mantener su fachada de hombre tranquilo o romperla para defender a sus allegados.

Cuenta con un principio fascinante, presentando muy bien a los personajes, aunque la parte que lleva desde que los presenta hasta que se juntan sus historias sí se me hizo algo más pesada, pero el desenlace sí fue más de mi gusto.

Destaco la alegría de volver a ver a Jack Gleeson, el icónico Joffrey Baratheon de Juego de Tronos y también ver a Kerry Condon (mi amor platónico en Roma) en un registro muy diferente al que me tenía costumbrado. Curiosamente vuelve a coincidir con Ciarán Hinds (Julio César), que aquí hace de policía local, amigo del protagonista.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Belfast

Buddy y su familia.

Kenneth Branagh se lanza a la carrera de los Oscars con una película más o menos autobiográfica, en la que nos habla de sus recuerdos en el convulso Belfast de finales de los 60. 

Es una película sobre todo costumbrista, que recrea muy bien esa época (visualmente nos traslada muy bien), pero que no deja de ser una sucesión de cosas que pasan, sin llegar a contar realmente nada. Tiene algunas escenas muy dignas, y algunos recursos narrativos muy interesantes, pero realmente carece de un hilo conductor que terminara de captar mi interés, y habla de muchas cosas (la tolerancia, la amistad, la familia, el arraigo, su pasión por el cine y el teatro...) pero no se enfoca en ninguna, con lo que se queda en una sucesión de pinceladas sobre lo que fue la infancia del director.

Entiendo que era esto lo que buscaba Branagh, pero es una propuesta que no me ha terminado de cautivar, y que incluso a ratos me llegó a aburrir. 

martes, 18 de octubre de 2016

Sing Street

En sus mejores gasolineras.

Argumento sencillo, casi sacado de una serie de anime. Chico cambia de colegio y conoce a una chica que le gusta, de manera que trata de impresionarla con su grupo musical, pero hay un pequeño problemilla: ese grupo no existe y lo tiene que formar. Así que, siguiendo los cánones del género, se junta con una banda de patanes y la película nos cuenta el nacimiento y éxito del grupo Sing Street, con todos los obstáculos que se encuentra por el camino. ¿Y dónde mejor que en una ciudad tan hermanada con la música como Dublín?

Y con esos ingredientes, pues una historia muy amable de amor, humor, amistad y música, con el acierto de ambientarse en los años 80, época que musicalmente caló mucho, y con una estética muy pintoresca, con lo que juegan aquí, en una película en los que los aficionados a la música podrán captar muchas referencias y reconocer muchos estilos, tanto en la estética como en una banda muy acertada, tanto en los temas que la acompañan como en los creados para la misma.

Hay películas que las dices "no está mal, pero sin más", luego lo piensas y, degustando el buen sabor de boca que te ha dejado, te das cuenta de que realmente te ha encantado, y al cabo de un tiempo te ves escuchando su banda sonora, dándote cuenta de que, a pesar de pasar bastante desapercibida fue una de las mejores películas de 2016. Me ha encantado, y es de esas películas que le hacen salir a uno del cine con una sonrisa.

Lo que parecía que iba a ser, es: sencilla y entrañable.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Se acaba 2015

Al fondo a la derecha.

Como siempre por estas fechas, el socorrido recurso de hablar del monotema del 31 de diciembre, que es el cambio de año y generalmente resumir lo que ha sido. Pero como estoy vago, hoy no me apetece. Quien quiera saber lo que ha dado de sí mi 2015, puede ir mirando las entradas del blog o preguntarme en persona.

No sé qué deparará 2016, pero espero no tener la mala pata con los viajes, que me llevó a cancelar dos ya contratados; uno en verano a Amsterdam por motivos laborales y otro a Bruselas en diciembre por temas de seguridad. Al menos el de Dublín estuvo muy bien, sobre todo por la parte de tener a mi padre como compañero de viaje.

Quedan ya solo un par de horas de este año. Como digo, del que viene solo podemos afirmar que, sin duda, será más largo que este.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Dublin: día 4 y regreso

El vuelo fue rápido e indoloro.

Se supone que cuando uno vuelve de viaje es cuando aprovecha para contar las anécdotas del viaje. Pero cuando uno se lleva el ordenador y dispone de un blog y acceso a Wifi, el trabajo se va adelantando bastante. Sin embargo, ya que dediqué una entrada a decir que me iba, pues qué menos que dedicar otra a la vuelta.

Poco hay, eso sí, que contar. Por suerte el vuelo no nos obligaba a madrugar demasiado (y menos mal, porque esta noche el bullicio nocturno y una prolongada alarma de no sé qué me ha impedido pegar ojo), por lo que a las 10, después de desayunar tranquilamente, hemos ido al autobús, donde el nada amable autobusero nos informaba de que no podíamos pagar con billetes, solo monedas (por suerte las teníamos), y después de dar un garbeo por media Irlanda, hemos acabado en el aeropuerto, aunque con tiempo de sobra.

Un poco de deambular por ahí hasta la hora de embarcar, y media hora parados en el avión antes de despegar. Ahora bien, el trayecto en vuelo ha sido más rápido de lo esperado y a la hora prevista ya estábamos en Bilbao.

Dublín, un destino agradable para ver, y más si se tiene la suerte que hemos tenido (del irlandés, claro) de que no haya llovido casi nada en estos cuatro días.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Dublín: día 3

Esto da una pista de dónde hemos estado.

Hoy tocaba excursión, que no solo de Dublín vive Irlanda, así que a las 9 de la mañana nos hemos encaminado a la estación de tren, con tanta suerte de que hemos llegado a las 9:25 y el tren que queríamos coger (Belfast) era a las 9:35, así que a la capital de Irlanda del Norte, Reino Unido. El cambio de país no se notaba en la frontera (ni un triste DNI nos han pedido) pero sí en la moneda, que allí funcionan con libras (y era bastante más caro que en Dublín).

La primera impresión no ha sido muy halagüeña, con aspecto de ciudad gris e industrial, pero a medida que nos hemos ido yendo al centro, la cosa iba mejorando, y hemos visto cosas interesantes, como el mercado viejo (con comida gorroneable en los puestos, incluso hasta chorizo), el Albert Clock o el Ayuntamiento. Pero una de las cosas que más tiempo nos ha llevado ha sido el recomendable museo del Ulster, un museo gratuito de historia, ciencia y arte bastante interesante y muy agradable, en el que me podría haber pasado horas de haber tenido más tiempo.

Pero tiempo no sobraba, así que hemos ido directos (mentira, hemos dado más vueltas que un tonto) a los astilleros donde se construyó el famoso Titanic, donde había museo, exposición y tal. Pero la entrada nos requería un dinero que no nos apetecía gastar y sobre todo un tiempo del que no nos podíamos permitir prescindir, así que poco a poco hemos ido dando una vuelta a la estación y finalmente hemos cogido el tren de regreso a Dublín (2 horas y cuarto ir, lo mismo para volver).

Una ciudad que me ha gustado, con puntos de interés, valor histórico y a la que no me importaría volver.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Dublín: día 2

El mercader de Dublín.

Día de vikingadas, empezando por una visita al Dublinia (un museo interactivo muy interersante), pero como era demasiado pronto hemos ido a dar una vuelta al castillo de Dublín. Un rato después hemos vuelto y nos hemos imbuído de la historia de Dublín, desde sus tiiempos de asentamiento vikingo hasta la arqueología más moderna, pasando por su etapa medieval. Y lo mejor de todo, ¡te dejan disfraces para hacerte fotos! Muy divertido y muy recomendable para quienes, como a mí, les guste hacer el tonto.

Más seria, al menos en teoría, era la visita al museo nacional, con su gran exposición de arqueología, y donde el guarda era un cachondo, al que le hemos caído en gracia cuando le hemos dicho que veníamos de Bilbao, con perlas como "intentad no romper nada, por favor, pero si rompéis algo no os preocupéis. Tenemos visitantes franceses, les echaremos la culpa a ellos".

Al salir del museo hemos intentado ir hacia el puerto, pero poca hostia había ahí para ver, de modo que hemos vuelto, hemos comido y hemos dado otro garbeo, viendo cosas como un museo de arte moderno, el espectacular Spire (una columna metálica de 3 metros de diámetro y nada menos que 120 metros de alto) o la Black Church, una iglesia de agradable aspecto que había sido reconvertida en oficina, pero conservando su aspecto de iglesia.

Luego, cosa que suele ser típica, a un pub a tomar una pinta y al hotel a descansar.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Dublín: día 1

Por suerte el hotel que cogimos es mejor.

Parte informativo desde la capital irlandesa a donde llegué ayer a la tarde, donde hubo que cambiar de habitación, pues tuvieron a bien darnos una con acceso directo al extractor de aire y su mágico sonido. No siendo merecedores de tal honor, pedimos el cambio, así que nos dieron una con vistas (y oído) a la bulliciosa Temple Bar. Nos dimos una vueltilla por sus emblemáticos pubs, con sus caños de Guinness y su música en directo. Más conciertos, callejeros, por todas partes, pura esencia de Dublín, y perfectamente audible desde el hotel. Por suerte el agotamiento pudo más que el ruido, y lo de dormir fue bastante bien.

Hoy ha sido día de mucho andar, con paseo hasta Kilmainham Gaol, la cárcel vieja de Dublín, convertida hoy en museo y una visita tan interesante como perturbadora. De ahí, que ya estaba apartado del centro, hemos tirado a andar hacia donde no era y nos hemos acabado alejando aún más, y tras mucho preguntar hemos vuelto a la ruta buena y nuestros pasos nos han llevado a la fábrica de Guinness. Sin embargo, el elevado precio de la entrada nos ha hecho desistir.

Tras comer en un muy típico pub, hemos ido a iglesiear un poco; primero la iglesia de San Audoen, muy agradable, y donde hemos tenido la suerte de que la guía fuera de Alicante y estuviéramos solos, lo que ha servido para tener la explicación personalizada y en castellano. De ahí a la emblemática St. Patrick (debo confesar que me ha sorprendido que fuera anglicana y no católica) y hemos cruzado el Liffey para dar un "breve" paseo hasta el parque Phoenix, gigantesco, por cierto.

Tras otro "breve" paseo nos hemos vuelto al hotel a descansar un poco y luego un paseo para estirar las piernas antes de dormir, saludando a la estatua de Molly Malone.

martes, 22 de septiembre de 2015

A Dublín

Eire, there I go!

Hoy vuelo hacia uno de los países de la Unión Europea que todavía no he visto: la verde Irlanda. Esta vez el compañero de viaje será mi señor padre, y juntos haremos el recíproco esfuerzo de aguantarnos en Dublín y alrededores hasta el sábado.

Varios fueron los destinos barajados (países bálticos, Dubai, Malta, Estocolmo) pero finalmente la buena disposición de precios, horarios y fechas, nos ha hecho decantarnos por la capital irlandesa, a pesar de que no soy precisamente cervecero (ya me veo alimentándome a base de patatas con patatas). Allí pondré a prueba mi inglés, o esa jerigonza que balbuceo en el extranjero a la que llamo inglés, mientras trato de agudizar mi oído intentando pescar palabras en un mar de sonidos, viendo si es merecida la fama del inglés de Irlanda de ser más inteligible que otros.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Sons of Anarchy

Los más malotes de Charming.

Kurt Sutter, creador de la gloriosa The SHIELD es también el responsable de los Hijos de la Anarquía, una banda de moteros perteneciente al conocido como 1%, que se ganan la vida con negocios tan poco lícitos como el tráfico de armas, y todo lo que ello implica, dejando las cunetas de California con más cadáveres que 40 años de franquismo.

Concretamente, nos habla de la sección fundadora de la organización "Sons of Anarchy", creada en Redwood (de ahí el acrónimo SAMCRO, "Sons of Anarchy Motor Club Redwood Original"), situada en el ficticio Charming, un pueblo de la California interior en el que, a pesar de tener menos de 15000 habitantes, pasa de todo. Los Hijos son una organización que, a pesar de lo que sugiera su nombre, está bastante burocratizada y además cada una de sus secciones tiene su presidente, su vicepresidente, sus juntas asamblearias, etc. Siendo las escenas de las reuniones y las votaciones de lo mejorcito de la serie.

Hay que decir que es una serie criticable en muchos aspectos, siendo uno de los más sonados su apabullante falta de credibilidad. Es ficción, por supuesto, pero a veces abusa de esa aura de superioridad que emanan los personajes, una suerte de Equipo A moderno, capaz de derrotar a cualquier amenaza a la que se enfrenten. También peca de ser poco realista con detalles como que en esa serie se tarda menos de volver de la cárcel que lo que tardo yo en volver de hacer la compra.

Otro detalle que también queda un poco absurdo, y que es más un reflejo de la sociedad americana es esde doble rasero de "violencia buena/sexo malo" que nos lleva a que en una serie en la que no tienen reparo en mostrar múltiples actos violentos, incluyendo escenas de tortura explícita, no se ve ni una sola teta, a pesar de que argumentalmente la prostitución y la pornografía juegan un papel fundamental. Pero esto es sintomático, ya que de todas las escenas de la serie, una de las que más polémica suscitó fue una en la que se veía el culo del protagonista.

Pero si dejamos de lado eso, sus incoherencias, las múltiples fantasmadas (muchas veces parecía estar viendo una serie sobre el GTA) y los múltiples Deus Ex Machina en forma de "¡no importa lo jodida que parezca la situación, Jaxman tiene un plan!", nos encontraremos con un producto muy ameno y que cumple con creces en uno de los apartados que yo considero fundamental en una serie: sus personajes.

SAMCRO mola, hay que decirlo, y sus personajes también. Ron Pearlman se alimenta de pantalla cada vez que aparece, destilando carisma a raudales y creando un personaje tan odioso como imprescindible. Al mismo nivel raya Katey Sagal, construyendo una inolvidable Gemma Teller. Charlie Hunnam va clarisimamente de menos a más, empezando como uno de los actores más flojos y hostiables del plantel hasta adueñarse del show y el resto del reparto nos regala personajes inolvidables, tanto en la banda como fuera de ella, donde nos regalan perlas como la agente June Stahl, Lincoln Potter (¿a nadie le recordó al pintoresco "L" de Death Note?), Eli Roosevelt y por supuesto el enorme Wayne Unser. Está claro que los polis molan tanto como los cacos. Pero tampoco podría olvidarme de otros como Nero Padilla o Marcus Álvarez.

La serie a ratos es hasta mala, y tiene líneas argumentales que directamente caen en el ridículo (recuerdo claramente que en la trama de Irlanda mi cerebro se cogió la moto y se fue a hacer millas), pero lo importante aquí no es tanto la historia que nos cuentan sino el marco en el que se desarrolla. Y por eso la ficticia Charming se ha ganado un huequecito en el recuerdo.

En cuanto al final, y sin meterme a dar detalles, diré que lo considero simplemente adecuado. No estropea la serie, pero no llega al nivel de grandeza de otros finales, y da un poco de rabia, pues parece que se queda a medio camino de lo que podía haber sido.

Ahora, el tradicional tributo southparkero.

El inevitable homenaje southparkero. ¿A cuántos reconoces?