viernes, 29 de junio de 2018

Final Fantasy X

El juego que no esperaba que me fuera a gustar.

No es ya que mis esperanzas en este juego fueran nulas después de la espiral descendente de la saga Final Fantasy, que iba de mal en peor, sino que directamente había decidido que no lo pensaba ni jugar, ya que tenía una pinta atroz. Pero el destino siempre guarda un as en la manga, y quiso que mi madre me lo regalara por navidades (allá por 2003). Y claro, por no hacerle el feo, me vi obligado a jugarlo.

Pues bien, la verdad es que fue una sorpresa muy agradable. Es verdad que rompía con algunas cosas (por ejemplo, se cargaba el mapamundi), pero en general me pareció mucho más fiel a la saga de lo que habría esperado en un principio, y cosas que a priori me echaban para atrás, como el minijuego del Blitzball, me acabaron enganchando, y al final le metí muchísimas horas.

Los personajes, que por diseño no me convencían mucho, me acabaron entrando (sobre todo el malo, a pesar de que era un refrito de los anteriores), y también me gustó mucho (aunque esto no era de extrañar) la música, y me resultaba simpático el sistema de avance de personajes. Asi que al final, por la tontería, sin parecerme uno de los mejores Final Fantasy, acabó siendo al que probablemente más horas le haya acabado metiendo. Y ahora, por pura añoranza, me lo he acabado cogiendo para Steam, a pesar de tenerlo original para PS2.

¿Quién me iba a decir que se convertiría en mi pequeño tesoro?

Dicen las malas lenguas que de este juego salió una secuela, el Final Fantasy X-2, pero me veo incapaz de valorarlo, pues ninguna de las veces que lo empecé fui capaz de pasar de la media hora de juego.

jueves, 28 de junio de 2018

Manoeuvre

Como puede deducirse, un juego de batallas en la época napoleónica.

La primera impresión que puede dar este juego, sobre todo viendo sus componentes  y sus fichitas de cartón es que estamos ante un denso wargame de la vieja escuela, con unas reglas duras de asimilar y unas partidas largas y espesas. Pero nada más lejos de la realidad, Manoeuvre es un juego ágil, rápido y bastante intuitivo. En él, los contendientes tienen que plantear su estrategia, adaptarse a las peculiaridades del terreno y saber jugar adecuadamente las cartas que les vienen, para pelear cada casilla del tablero y confiar un poco en la fortuna de los dados.

Las facciones, las históricas de esa época (Francia, Inglaterra, España, Prusia, Austria-Hungría, Rusia, Imperio Otomano...) son diferentes, cada una con sus ventajas y desventajas, aunque también algunas mucho mejores que otras (es difícil no ganar con Francia, la verdad). Cada ejército contiene dos elementos fundamentales, que son las cartas y las fichas de unidades (8 por bando).

Algunos de los ejércitos.

Las unidades se diferencian por su fuerza (el número que viene en el círculo) y según sean caballería o infantería, pues las de caballería mueven dos casillas, pero ya llegaremos a eso. Además, cuando son heridas, se les da la vuelta y tienen un valor de batalla reducido. Ahora vemos cómo funciona eso.

El otro elemento son las cartas, que grosso modo pueden ser de unidades, de líderes o de acciones especiales. Las de unidades son las que nos permiten atacar, y nos dicen qué unidad puede atacar o disparar y con cuánto, aunque también permiten que una unidad se cure o se defienda, siempre que sea la carta adecuada a esa unidad.

Cartas inglesas, con valores de ataque, defensa  y algunas peculiaridades.

Los mencionados generales sirven para que varias unidades puedan confluir en un mismo ataque, que una unidad incremente su valor de combate o curar a una herida, y las cartas de acciones especiales son mucho más variadas, poniendo como ejemplo el Redoubt (reducto), que sirve para poner una ficha especial que incrementa la defensa o el Ambush (emboscada), que nos permite lanzar un ataque gratis en cualquier punto del mapa.

Y ya que mencionamos el mapa, los otros dos elementos del juego son el tablero y los dados (de 6, 8 y 10 caras). El mapa se compone, en la partida normal, de cuatro tableros, en los que la disposición y el despliegue es importante, pues el tipo de casilla condiciona el movimiento, la línea de visión o la defensa de la unidad que está. Así, si disparamos de una colina a una llanura, tendremos ventaja al atacar, o si nos atrincheramos en un pueblo, nuestra ventaja gozará de bonos.

Esta pinta tendría una partida en marcha.

Ahora vamos a lo importante. ¿Cómo se juega? Pues cada jugador en su turno tiene las siguientes fases:

-Primero puede descartarse tantas cartas quiera de su mano y robar hasta tener cinco.
-Luego debe mover una de sus unidades. Esto es gratuito y no requiere gastar cartas ni tirar dados. Se mueve una casilla en ortogonal, salvo que sea caballería, que mueve dos.
-Fase de combate: se puede lanzar un ataque o un disparo (bombardeo o volea). Esto lo explicamos más adelante, que tiene su miga.
-Por último llega la fase de recuperación, en la que se pueden curar unidades o jugar otras acciones especiales que así se indiquen.

Los dados, los malditos dados...

¿Pero aquí cómo se mata? Bueno, ya adelantaba que hay una fase de combate, que va de la siguiente manera. El jugador, en su fase de combate, anuncia que va a hacer un ataque. El ataque normal va de la siguiente forma: muestra la carta de la unidad que va a atacar. Luego el defensor decide con qué cartas va a reaccionar y entonces el atacante gasta el resto de cartas que quiera sumar al ataque. Se suman los modificadores del terreno y al final tendremos que el atacante tendrá una fuerza de ataque (generalmente su fuerza impresa) más unos dados y el defensor tendrá una fuerza de defensa (generalmente su fuerza impresa más los modificadores del terreno). Por ejemplo "2d8+7 contra 10".

Esto nos dará 6 resultados posibles:

-Atacante: No es lo más frecuente, pero si pasa, el atacante resulta herido.
-Atacante=Defensor: Tampoco pasa muy a menudo, pero si pasa el ataque no tiene efecto.
-Atacante>Defensor: El defensor decide si ceder su posición y retroceder, obligando al atacante a seguirle (y ojo, que si no tiene casilla a la que retirarse, muere) o sufrir una herida. Si una unidad sana es herida, se le da la vuelta, y si una unidad herida se vuelve a herir, muere y se retira del juego.
-Atacante>2xDefensor: Como arriba, pero aquí es el atacante quien elige.
-Atacante>3xDefensor: El defensor resulta herido y se tiene que retirar.
-Atacante>4xDefensor: El defensor muere automáticamente.

Este es el ataque normal, aunque hay ataques a distancia que, si bien son más débiles, no comportan riesgos para el atacante y no permiten al defensor gastar cartas, de modo que suelen venir muy bien para rematar a los heridos.

Y con esto prácticamente ya hemos contado el juego, que resulta sorprendentemente fácil de aprender y de jugar. Pero antes toca explicar la parte más importante, que es cómo se gana.

Tanto los generales como las unidades son históricos.

Hay dos modos de conseguir la victoria. Por bajas, que es matando a 5 de las 8 unidades del contrario o por puntos, que es cuando termina la partida sin que ninguno haya aniquilado al ejército rival. La partida termina (si nadie ha matado a 5 del otro) cuando ambos jugadores han agotado su mazo de cartas, y es entonces cuando se cuentan los puntos. Sin perdernos en los detalles, puntúas por las casillas que controlen las unidades que tengas en la mitad del mapa de tu oponente, es decir, las casillas adyacentes que no estén adyacentes a otra unidad. Se miden los puntos y el que tenga más ha ganado.

Manoeuvre es uno de esos juegos que entra en la categoría "fácil de jugar, difícil de ganar", ya que es muy estratégico y hay que tener una buena visión de juego, así como tener en cuenta las probabilidades tanto de cartas como de juegos, y aunque las partidas no suelen ser muy largas (a lo sumo una hora), hay veces en las que se enrocan, y como a los jugadores les guste pensarse los movimientos, el humo puede llegar a salirles por las orejas.

Me gusta, aparte de las virtudes señaladas, que consigue transmitir muy bien esa sensación de estar disputando cada palmo de terreno en una guerra de desgaste, y como pega le veo que las diferentes facciones están algo desniveladas, con algunas mucho mejores que otras.

Es un juego, por cierto, que se presta bastante bien a jugar en modo campaña, aunque ya habrá tiempo para hablar de eso.

miércoles, 27 de junio de 2018

El mundo es suyo

8 apellidos sevillanos.

Versión corta: Es como si los Morancos hubieran hecho un remake de Airbag.

Versión larga: En secuela de "El mundo es nuestro" (que tampoco me entusiasmó, todo hay que decirlo), los dos atracadores del banco han evolucionado en sus vidas, y mientras que Fali ha sentado cabeza, Rafi sigue metiéndose en problemas y metiendo en problemas a su compadre. Y en esta ocasión, tendrán que enfrentarse a la mafia rusa y un narcotraficante sevillano mientras tratan de llegar a tiempo a un bautizo.

Con un humor a ratos muy casposo y de brocha demasiado gorda, explota hasta la saciedad el chiste facilón y el tópico del gracejo andaluz, siendo un humor que no me enamora, sin que haya conseguido en ningún momento hacerme reír. Alguna sonrisa me ha sacado, pero no mucho más que eso. 

Sirve como entretenimiento, siempre que no se odie este tipo de humor y se vaya sabiendo que hay algunos chistes que bien podrían haber aparecido en alguna película de Pajares y Esteso. Muy prescindible.

martes, 26 de junio de 2018

¡Pues haber estudiado!

Si tienes estas cartas de mano es justo que ganes la partida de mus, pero acepta que has tenido suerte.

Una reflexión que me viene sobre el mundo del trabajo, sobre un par de hilos interesantes que he visto en Twitter, que razonaban muy bien cómo al final los mejores trabajos acaban reservados a quienes se los pueden permitir, perpetuando muchas veces las desigualdades, es esta en la que voy a hablar de mi libro.

Tengo un muy buen trabajo (en la Administración), con un buen horario, un buen ambiente y un sueldo más que digno. Más alto que la media de mi entorno, incluso. Y nadie me ha regalado nada, PERO. 

Mis padres, sin ser ricos, siempre me han podido pagar los estudios, y no sé lo que es no poder pagar una factura o no poder ir de vacaciones. Sin grandes lujos pero con lo necesario siempre cubierto. 

Eso ya me dejaba de salida en ventaja. 

Nunca fui un mal estudiante, pero cuando se me atragantaba alguna asignatura, si había que ir a la academia, se iba. No era problema de dinero. 

Pude ir a la universidad (privada, además), y me fui sacando la carrera con la tranquilidad de que mi única preocupación era aprobar los exámenes, no si iba a poder pagarme la matrícula. Acabé la carrera y el mérito mío, nadie me lo va a negar, pero por ejemplo nunca tuve que quitarme tiempo de estudio para trabajar y poder vivir.

Terminada la carrera pude hacer un máster (no como Pablo Casado), y no tenía que andar haciendo números. Siempre tenía la certeza de que si quería estudiar ahí estaban mis padres para poner el dinero necesario.

Luego fue la aventura de la abogacía (aquí mis divertidas peripecias). Un desastre que me fue mal a todos los niveles, y estoy seguro de que nadie me dirá que no lo pasé muy mal. Terrible, de verdad, pero cuando llegaba a casa nunca me faltaba comida en el plato. 

Incluso pude opositar. Es verdad que para poder pagarme la academia me apunté (realmente porque quise) a una ETT y me dejaba los huevos currando. No miento, me lo curré mucho, pero es más cómodo currartelo cuando sabes que no es por necesidad. Que además, la casa y el sustento los tenía garantizados.

Llegó la primera oposición. No saque plaza (no tenía puntos), pero como podía dedicarme casi al 100% a ello, saqué una nota altísima, y seguro que quedé por delante de gente que se lo curró tanto como yo pero no tenía la suerte de poder dedicarle tanto tiempo. Porque con la ETT trabajé muy duro, pero también podía permitirme el lujo de decir "en diciembre no me llaméis, que tengo que estudiar". No todos podían. 

De aquella oposición, la interinidad. Es decir, buen sueldo, buen horario, estabilidad... Me pude independizar (cuando quise, no por necesidad) y cuando llegó la siguiente oposición otra vez a estudiar. Estudié como no he estudiado en mi vida: dedicaba cada minuto en que no estaba trabajando al temario, e incluso gaste vacaciones en estudiar. Sí, hasta me podía permitir dedicar a estudiar tiempo que otros no pueden permitirse. Sin cargas familiares, sin problemas de dinero en el banco y con el colchón de, en caso de desastre, saber que mis padres me cubrirían si venían mal dadas. 

Terminó la oposición y saqué la plaza (¡yuhu!). Nadie podrá decirme que no la merecí o que no me lo curré lo bastante, pero jamás seré tan ciego como para no ver que otros que se lo curraron tanto como yo no tuvieron la misma suerte. Por eso nunca me daré por ofendido si me dicen que mi mano de cartas inicial era mucho mejor que la de otros, porque es la pura verdad.

lunes, 25 de junio de 2018

Empieza la temporada de playa

Aquí comienza el verano.

Día caluroso, tarde libre... ¿qué hay mejor que ir a la playa a darse un chapuzón? Tras pasar por la lonja, donde tenía que encargarme de unos asuntos de la asociación, me he reunido con mi señora novia en el metro y a Neguri nos hemos ido, para estrenar este año la concurrida playa de Ereaga. El agua estaba bastante sucia, y no tan caliente como nos habría gustado, pero el baño nos ha servido par ser conscientes de que, como dice la canción, el verano ya llegó.

domingo, 24 de junio de 2018

Finde con boda en Madrid

Nada eclipsará el hecho de que en un Starbucks escribieran bien mi nombre.

El título ya da una posta de dónde he estado este fin de semana y qué he estado haciendo. Ahora viene la parte de contar cómo ha sido.

El sábado por la mañana tocó levantarse pronto para coger el coche de alquiler, y tras unos impedimentos iniciales (era automático y no estoy acostumbrado) nos pusimos en ruta para ir a Vitoria, donde había que recoger a una pasajera. Y de ahí a Madrid.

El Vitoria-Madrid, dado que no estoy acostumbrado a conducir y soy poco aficionado al acelerador, se hizo algo más largo de lo habitual, pero por fin llegamos, a tiempo para devolver el coche, acreditarnos en el hotel, ducharnos, cambiarnos y tirar hacia la boda. Llegamos con la ceremonia empezada, pero estaban sobre aviso.

De ahí, autobús que nos llevaría al convite, y de ahí a la cena. Nos toca compartir mesa con desconocidos, pero dado nuestro talento natural, antes de acabar la noche ya eran nuestros nuevos mejores amigos, y lo acabamos pasando de maravilla.

Me extendería más, pero entre que llegamos a las mil al hotel y no dormimos nada, el cansancio me vuelve vago. 

Seguimos con el domingo, en plan telegráfico, en el que aprovechamos para quedar a tomar el almuerzo con unos conocidos y a las 15:00 el autobús, un cómodo Premium, en el que vengo medio dormido hasta Bilbao. 

Luego, aprovechando el calor, pero más llevadero que el de Madrid, al parque a hacer la fotsíntesis hasta que ha sido la hora de volver a casa.

Lo sé, hoy no he estado muy inspirado con la entrada.

viernes, 22 de junio de 2018

Gotham

Sin gafas ni bigote, pero es Jim Gordon.

La oscura Gotham, la ciudad gótica, es conocida por ser el hogar de Batman, pero no siempre estuvo ahí, y esta serie explora cómo era la vida en la ciudad antes de que el Caballero Oscuro empezara a combatir el mal y se centra en la llegada de un jovencísimo James Gordon al corrupto cuerpo de policía de Gotham. Exactamente, lo que sucede en el soberbio "Batman: año uno".

Pero la serie va evolucionando y lo que es una historia de gangsters con algún que otro toque colorido, va evolucionando hasta ser una reinvención del universo de Batman, en el que prácticamente todos los villanos van apareciendo, y muchos de ellos de manera magistral, siendo un tebeo de superhéroes llevado a la pantalla y en mi opinión la mejor adaptación a la pantalla de los enemigos del hombre murciélago, con una serie que adapta brillantemente algunos de sus arcos argumentales más emblemáticos.

Resulta muy llamativa esa estética que tiene, y ese toque tan tremendamente atemporal, con cosas más propias de los años 50 y otras contemporáneas, que le dan una enorme personalidad propia.

El tributo southparkiano, aquí.

miércoles, 20 de junio de 2018

F5 is coming

Se va acercando...

Síntoma de que se acercan las TdN es la apertura de las inscripciones, el día del F5. Ese día todos los asistentes refrescan compulsivamente el navegador para poder hacerse con una de las ansiadas y escasas plazas de habitación que vuelan, literalmente en cuestión de segundos. Es un sistema muy mejorable, pero es el que les gusta a los de organización, de modo que hay que pasar por el aro.

Pero lo importante: cada vez están más cerca.

martes, 19 de junio de 2018

Telegimnasiando

Con cosas de mucho pensar.

Hay veces que me llevo el ebook al gimnasio y otras que con menos gasto intelectual me llevo el móvil para ver series mientras correteo. Otras, en cambio, pongo también directamente el cerebro a dieta y corro mientras miro embobado la pantalla, pues no es que me fascine mucho el contenido, pero es mejor que mirar el reloj. Normalmente suele estar Cuatro o Telecinco (antes ponían la 2, con un programa de cine que molaba bastante, pero hace mucho que no la ponen) y eso suele suponer programas de mucho pensar, como First Dates o Supervivientes (hoy, claro, tocaba fútbol, con el final del apasionante Rusia-Egipto).

Esto no me va a convertir en aficionado a estos programas, que además están sin sonido y me entero de los subtítulos (¿Quién sabe? A lo mejor eso ayuda.), pero la verdad es que entiendo que funcionen, ya que son programas de consumo sencillo y muy cómodos de ver, y para cuando te das cuenta llevas un rato embobado viendo las vidas de gente que ni conoces ni te importa. Eso sí, con First Dates y derivados ni tan mal, pero viendo Supervivientes y ver a semejantes especímenes (tanto de señoras como de señoros) uno no sabe si supermotivarse y seguir pedaleando o detenerse ipso facto para ir a casa a llorar.

lunes, 18 de junio de 2018

Memorias de un ex-demandante de empleo [XXVI]

El patio donde jugábamos y entrenábamos.

Aprovechando que con el tema del mundial está de moda esto del balompié (como si no lo estuviera todo el año), ha venido a mi cabeza el periodo durante el que fui entrenador de futbito.

El entrenador

Era el año 2000 (¡el futuro ya había llegado!) y un amigo me contó que estaba entrenando a un equipo de instituto, concretamente el de categoría cadete femenino (14-15 años) y que necesitaba alguien que le ayudara, pues a veces tenía que trabajar y no siempre podía ir a los entrenamientos ni los partidos. Y como soy alguien a quien no suele ser muy difícil convencer, accedí.

Me tocó aprender a marchas forzadas el reglamento, ya que una de mis funciones acababa siendo arbitrar los partidos de casa (cosa que me horrorizaba), pero por suerte la parte táctica y técnica no era demasiado compleja. Al final era prácticamente "salid, jugad y no os lesionéis ni lesionéis a nadie" y repartir más o menos los minutos para que todas pudieran jugar (a menos que pasaran del tema, que había alguna más pendiente de charlar con la banda que del balón).

Estuve entrenando dos años, de los cuales el primero fue una experiencia muy bonita, ya que las chicas se lo tomaban en serio y los resultados solían ser positivos, lo que sin ser lo más importante, siempre era de agradecer. Llegaron incluso a clasificarse para playoff, y siempre recordaré esa emocionante tanda de penalties en la que consiguieron el 7º puesto. Recuerdo que ninguna se atrevía a tirar el tiro decisivo, y les decía "a ver, lo tiraría yo, pero creo que el árbitro no me va a dejar".(Y mejor, que con lo zoquete que soy, seguro que yo sí lo hubiera fallado).

El segundo año lo recuerdo peor. Empezaban a pasar de los entrenamientos, y no había manera de que se tomaran las cosas en serio. Tengo el recuerdo especialmente malo de un día que después de pegarme el paseíto para ir hasta el instituto, no se molestó en venir nadie y me tiré toda la tarde esperando como un tonto... para más señas el día de mi cumpleaños. Esa temporada casi ni recuerdo cómo terminó, pero sí que hubo muchas bajas a mitad de temporada, y partidos que no se llegaron a jugar por no tener el número mínimo de jugadoras.

Sin embargo, pese a esa segunda temporada, el balance de los dos años lo doy por positivo, ya que fue una vivencia interesante y otra manera de ver este deporte. Lo que sí recuerdo con horror eran los madrugones y palizones de tenerme que levantar a horas intempestivas los sábados para ir a jugar a los pueblos más recónditos de Bizkaia, muchas veces (qué narices, siempre) habiendo salido hasta las mil y monas el viernes, y volviendo a casa con una borrachera de campeonato.

A veces me pregunto qué habrá sido de las jugadoras y si se acordarán de mí.

domingo, 17 de junio de 2018

Freak Festival

El cartel.

Este fin de semana ha habido minijornadas, y digo mini porque aunque duraban viernes, sábado y domingo, yo solo fui ayer a pasar el día. El evento, que se celebraba en el Artium de Vitoria, era no solo de rol y juegos, sino un poco multihobby, con espacio para el anime y el cosplay (que a mí personalmente no me va, pero entiendo que quieran llegar a más público). Por la mañana me dejé liar para jugar un rol en vivo, "Víspera de Oscuros" y luego toca ir de comilona con la gente de Dark Castle de Madrid. La tarde la dedico a juegos de mesa, y a última hora otro rol en vivo, esta vez de Star Wars, que a pesar de su terrible pinta me acaba gustando. Y a eso de las 23:00, pues de vuelta a Bilbao.

viernes, 15 de junio de 2018

El malvado zorro feroz

Ya el cartel me sedujo.

Estamos ante una de las películas más simpáticas que he visto en bastante tiempo. Con humor y toques de ternura, esta película que lleva a la gran pantalla el cómic de Benjamin Renner cuenta tres historias cortas, enlazadas de forma muy divertida, en la que nos muestra las peripecias de unos entrañables animales de granja. Con un estilo colorido y visualmente muy agradecido, que consigue dotar a los personajes de gran expresividad con cuatro rayas, es una película que aunque va claramente dirigida a un público infantil (¡pero cuidado, hace un spoiler gordo sobre el secreto de Papá Noel!), es perfectamente disfrutable y no cae en la ñoñería, e incluso tiene alguna escena un tanto macarra (las gallinas entrenando para pegar una paliza al zorro), y también alguna escena que puede introducir motas de polvillo en los ojos, cuidado.

La película es exactamente lo que parece que va a ser, lo que siempre es una virtud. Lo que esperaba ver es justo lo que me encontré.

jueves, 14 de junio de 2018

Milagro en el convento de Santa María Juana

Viendo a la compañeras desde el otro lado.

El sábado tuvimos la representación, lo que significa que para muchos componentes del grupo terminaba el curso. Mas no para todos, pues algunos compañeros, junto con otros que estuvieron en Muzzik, tenían hoy su otra obra, la del Milagro que da título a la entrada, y no podía sino ir a verles. La obra, de Jean Pierre Martínez, iba sobre un convento de monjas que encuentran una plantación de marihuana por casualidad y empiezan a utilizarla para destilar sus licores, lo que los convierte en tremendamente populares entre la gente del pueblo, pero trae muchos líos.

La verdad es que ha sido curioso poderles ver como espectador, ya que aunque les he visto actuando muchísimas veces, siempre era desde detrás o compartiendo escenario. Y, cosa que no sorprende, han estado soberbios.

miércoles, 13 de junio de 2018

Los extraños: cacería nocturna

Tan mala que ni los actores quieren dar la cara.

Primer error por mi parte, ir a ver la secuela de una película de terror sin saber que era una secuela. Aunque tal vez el error haya sido simplemente verla. 

Desconozco si el hecho de verla por sí misma hace que se resienta demasiado, pero debo juzgar según lo que veo, y lo que he visto ha sido un slasher cutre, con unos malos cuya motivación es matar sin venir a cuento, que cae en muchos de los tópicos absurdos del género y no aporta nada nuevo, quedándose al nivel de un telefilme de sobremesa en el que alguien debería decir al director que bajar la iluminación al mínimo puede estar muy bien para cuadrar el presupuesto, pero que lejos aquí de conseguir atmósfera alguna, lo que hace es dormir todavía más al espectador.

En fin, un subproducto completamente mediocre (y mira que tengo el nivel de exigencia bajo en cuanto a películas de este género se refiere) de la que pocas cosas positivas se pueden decir. Por señalar algo, que me gustó su banda sonora.

martes, 12 de junio de 2018

Terminé Futurama

Los mejores repartidores del Siglo XXXI.

Hoy toca comentar una serie que no es precisamente nueva. Empezó hace 19 años y terminó hace 5 (tras sufrir sus cancelaciones y sus regresos), y aunque la vi cuando la empezó a emitir Antena 3 allá por 1999 (anda si no ha llovido), ha sido esta semana que me he puesto a ver la última temporada, que la tenía pendiente. Y... esperad, se me ha metido algo en el ojo.

Es raro presentar a estas alturas una serie tan conocida, así que seré breve: Fry es un repartidor de pizzas que accidentalmente (¿seguro?) es congelado la nochevieja del 31 de diciembre de 1999 y despierta mil años más tarde, para vivir el 4º milenio y todos sus avances. Ahí conoce a lo que serán sus compañeros de trabajo y sus más íntimos amigos (o más que eso); Leela, una alienígena (claro, claro, "alienígena") con un solo ojo y experta en artes marciales y Bender, un robot borracho, jugador, pendenciero, homicida, corrupto... pero a la vez entrañable. A eso le sumamos toda una colección de secundarios de lujo (Zapp Brannigan es un hito de la historia de la ciencia-ficción) y ya tenemos servido el cocktail.

Siendo de Matt Groening, al principio muchos pensábamos que iba a ser "Los Simpson en el futuro", un poco como lo que los Jetsons era a los Picapiedra, pero la serie no tardó en adquirir rápidamente personalidad propia y su propio sentido del humor, con miles de referencias y sobre todo, lo que hace amar esta serie, muchos momentos emotivos, en los que directamente busca atacar a las glándulas lacrimales del espectador. Así, capítulos como el de la suerte del Frylandés, o el del perro de Fry humedecen las córneas del espectador más aguerrido, y algunas forman ya parte del imaginario colectivo. ¿A quién no se le entristece siquiera un poco la mirada cuando ve al fiel Seymour esperando para siempre a su amo?

¡Psicópatas!

Y, bueno, pues la séptima y (parece que) última temporada juega a lo mismo, con capítulos desternillantes y otros que buscan tocar la patatita, para terminar, como era de esperar, con un final muy bonito y emotivo. Hace que entren ganas de volverla a empezar desde el principio.

domingo, 10 de junio de 2018

Así fue "Angelina o el honor de un brigadier"

En un momento de la obra.

Pues ya está. 5 meses de trabajo condensados en 50 minutos, aplausos y el vacío que deja, pero con la satisfacción del deber cumplido. Agotado pero contento me dejaba la función de ayer, con una obra que salió muy bien y gustó al público, y sobre todo nos gustó a los actores, que disfrutamos mucho haciéndola, hasta el punto de que si al bajar el telón me hubieran dicho que solo habían transcurrido 10 minutos de obra, me lo habría creído.

Pero todo lo bueno se acaba, y habrá que esperar para volver a actuar en un escenario. Ahora me quedo con el regusto positivo y la sensación de ir creciendo cada vez un poco más como actor. Y, lo más importante, creo que es lo más suelto que me he visto nunca sobre unas tablas.

sábado, 9 de junio de 2018

Deadpool 2

Más no siempre significa mejor.

Me ha gustado, ¿ok? Es muy divertida, se hace muy amena y tiene momentos de hilaridad. Pero la primera me gustó mucho más. Esta carece de la frescura y la novedad de la otra, ya no sorprende, y a ratos parece limitarse a buscar la brocha más gorda, a costa de repetir chistes (lo de las patitas de bebé ya se entendía a la primera, gracias), e incluso hay alguna escena que se alarga de más, lo que hace que en algunos momentos el ritmo decaiga un poco. 15-20 minutos menos de metraje tal vez no le habrían hecho ningún daño.

A su favor hay que decir que ofrece una historia mucho mejor hilada que la primera (que básicamente no tenía) y que los nuevos secundarios que introduce son un acierto, así como es de agradecer que introduzca con naturalidad una pareja abiertamente homosexual en una película de superhéroes, o algún sopapo que otro que da a los cánones que impone el género.

No voy a decir que no me haya gustado, porque mentiría, pero es cierto que con las expectativas tan altas que tenía, cuando vienes de ver un sobresaliente, el notable sabe a poco.

viernes, 8 de junio de 2018

Harry Potter y el misterio del príncipe de Bel-Air

En aras a la musicalidad, se ha sacrificado el respeto a la obra original.

Ahora escucha la historia de mi vida, 
y de cómo el destino cambió mi movida. 
Sin comerlo ni beberlo llegué a ser 
el chuleta de un colegio llamado Hogwarts. 

Al oeste de Privet Air, crecía y vivía, 
sin hacer mucho caso a los aurores. 
Jugaba al quidditch sin cansarme demasiado 
porque por las noches me sacaba el graduado. 

Cierto día jugando al quidditch con amigos, 
unos muggles del barrio me metieron en un lío.  
Y mi búho me decía una y otra vez: 
¡Sin tu tío ni tu tía irás a Hogwarts! 

Llamé a un tren, cuando se acercó, 
su molongo andén me fascinó. 
Quería conocer a la clase de docentes 
que me espera en Hogwarts con aire sonriente. 

A las siete llegué a aquel castillo 
y salí de aquel tren que olía a cuadra. 
Estaba en Hogwarts y la cosa cambiaba, 
 mi trono me esperaba, el príncipe llegaba.

jueves, 7 de junio de 2018

El hombre que mató a Don Quijote

Don Quijote y Kylo Panza.

 Tras 25 años intentándolo, Terry Gilliam por fin consigue hacer su película sobre el caballero de la triste figura, obra cumbre de la literatura no solo española sino también universal (aunque he de confesar, a riesgo de que me lluevan piedras, que a mí no me gustó nada), y lo hace con una psicodelia marca de la casa, que no termina de encajar.

Con una cierta metarreferencia, nos habla de un director de cine que hace una película volviendo a un tema sobre el que ya trabajó, que es el Quijote, y se encuentra con el protagonista de su versión originaria, que devorado por su personaje, cree ser el Quijote y confunde al protagonista con Sancho, arrastrándolo a la locura por una Mancha muy onírica, mientras el involuntario Sancho, huyendo de sus problemas del mundo real, va cayendo en esa espiral de demencia, igual que pasa al Sancho Panza del libro.

Y no funciona. Tal vez demasiado surrealista, tal vez con personajes que no me enganchan, o directamente caen mal (con un villano encarnado por Jordi Mollá en su registro malo) y a ratos un tanto aburrida, costando conectar con la historia. 

Tiene en su haber un gran trabajo de Adam Driver (conocido entre el gran público por ser el malo de las nuevas de Star Wars), pero la verdad es que salgo un poco decepcionado. Contaba con ver algo raro (es Gilliam), pero aunque tiene momentos interesantes, le pierde una cierta pátina de cutrez y no llega a enamorar. 

En su defensa diré que maldigo no haber tenido la posibilidad de verla en versión original, que me temo que es uno de los elementos que la matan.

miércoles, 6 de junio de 2018

The South Place

Janet mala, Michael, Janet, Ellen, Chidi, Tahani y Jianyu.

Cuando reseñé esa fabulosa serie que es The Good Place allá por febrero, no le dediqué la correspondiente versión con monigotes de South Park, pero como más vale tarde que nunca, aquí van. Solo he metido a los principales, si me da por ampliarlo con secundarios, ya actualizaré.

martes, 5 de junio de 2018

Partidas para #TdN2018

Mi póker de partidas.

Aunque llevaba unas semanas abiertas, hoy han abierto la veda para subir actividades en la web de las TdN, lo que significa que ya tengo que decidir qué llevaré, y todo indica a que llevaré dos de rol en vivo y tres de rol de mesa. De vivo llevaré "El mejor lugar", basado en la serie "The Good Place" y Grease, basado en la película homónima, que ya llevé a TdN en 2010.

De mesa, optaré por Cultos Innombrables, Blacksad y 7º Mar. En este último depuraré la partida que llevé en los campos de Marte (y que titularé Castillo Faílenn), mientras que en los otros dos no tengo muy claro si escribir algo nuevo o rescatar alguna partida vieja. Lo que está claro es que no me queda mucho tiempo ya para decidir lo que llevo.

lunes, 4 de junio de 2018

Última tarde de teatro

Hasta octubre no nos vemos.

Este sábado por fin representamos "Angelina o el honor de un brigadier", lo que significa que hoy hemos hecho el último ensayo, así que ya están todas las cartas sobre la mesa y la próxima vez que recite mis líneas será con el público mirando. No es el último día que voy a teatro, pues el lunes después de la obra nos solemos reunir para vernos grabados y comentar, pero sí la última que, por este curso, ensayo ahí (sin perjuicio de que pueda surgir algo de los improvisAmos, pero no hay novedades al respecto).

Eso unido a que hoy ha sido la última tarde en el trabajo, pues el viernes acaba el horario de invierno, hace que a partir de la próxima semana vuelva a saber lo que es tener libres los lunes por la tarde. Alegría, jacaranda y algo de nervios. Meh, no. La verdad es que tengo suerte y no me pone nervioso actuar.

domingo, 3 de junio de 2018

Finde con rol y otra vez Han Solo

Licántropos y asesinos en serie.

No voy a ser muy original en mi entrada de domingo, que uso a modo de diario. El viernes repetí la de Han Solo (pero esta vez iba con más gente) y el sábado empecé la mañana con algo sano, yendo al gimnasio a corretear en la elíptica. Aquí viene la nota curiosa, pues hallábame yo sudando cual simio cuando vi que en el gimnasio entraba Darth Vader, acompañado por un nutrido grupo de soldados imperiales. Como deduje, eran los de la legión 501, en algún tipo de acto, pero tuvo su guasa.

Por la tarde me quedé en casa, entre otras cosas para preparar la partida de la noche, otra sesión de la minicampaña "Estrellas Anónimas", que ya está muy cerca de su desenlace. Después estuvimos jugando a juegos de mesa (con victoria por mi parte en todas las partidas, mwahahaha!). Hoy domingo, pues por la mañana hacer un poco el vago, dormir, ver Futurama, jugar a Rogue Legacy y por la tarde más rol, empezando una nueva campaña, esta vez de Hombre Lobo: El apocalipsis.

sábado, 2 de junio de 2018

Weeds

La reina en su trono.

Nancy Botwin es una mujer que ha enviudado recientemente, decide ponerse a pasar marihuana en el acomodado vecindario en el que reside como medio para ganarse la vida y mantener su nivel adquisitivo. Pronto la cosa se irá embarullando y Nancy habrá empujado colina abajo una bola de nieve que se hará cada vez más grande, arrastrando a todos sus amigos y familiares de alguna otra manera. Además, la aparición de su cuñado Andy (uno de mis personajes favoritos), hace que todo se líe un poco más.

Y así, a lo largo de 8 temporadas en las que le acaba pasando un poco de todo, la protagonista irá de embrollo en embrollo y teniendo que salvar el culo constantemente. A veces por pura inteligencia, y otras veces por pura potra.

Sin ser una de las grandes (aunque es larga, 8 temporadas), tiene sus momentos, y luce a veces momentos de humor negro que resulta bastante divertido, así como sus buenas dosis de sexo (y no negaré que el espectacular atractivo físico de Mary Louise Parker es un punto a su favor).

Otra cosa que me gusta mucho de la serie es su cabecera, con constantes iteraciones sobre una misma canción, y que casi como si de un Doodle de Google se tratara, sorprende casi capítulo a capítulo.

viernes, 1 de junio de 2018

El dermatólogo-lingüista

Con esto comenzaba todo

El maravilloso mundo de Internet tiene que a veces acabas metido en grupos de discusión de lo más variopinto, y en el caso que nos ocupa me refereriré al de "Los viejos roleros nunca mueren", grupo que muchas veces ha sido llamado "el Forocoches del rol", en atención a la colección de cazurros que lo pueblan a veces.

Una palabra muy empleada en dicho grupo es "pielfina", para referirse a alguien que no soporta las críticas, y padece de esto que llaman "pielfinismo". Esto, que no es otra cosa que quejarse de "lo políticamente correcto", no es otra cosa que pretender que uno pueda decir lo que quiera, pero ojo, sin recibir respuesta a cambio.

Al tema, que me descentro. Publicaba un sabio ponente de este grupo la imagen, acompañada de un texto de mediocre ortografía "Adivinad por que lo pongo aquí?", y ante las primeras críticas a su ortografía, ha empezado a lloriquear, haciendo gala de ese pielfinismo que criticaba en su hilo. 

Él ya había hecho el ridículo, pero seguía como gato panza arriba, quejándose de que nadie le hubiera dado motivos de por qué tiene que escribir correctamente... y ahí ha empezado la fiesta.

Con el ánimo de aporrear un poco el avispero, lo reconozco, le he escrito "No creo que a estas alturas (con la EGB terminada) haga falta defender la conveniencia de escribir correctamente.", y ha comenzado a exigir fogósamente que le explicara por qué. Y cuando ha visto que yo no estaba por la labor de suplir las carencias que debieron suplirle en el colegio, se ha enfundado su toga y su birrete, ofreciéndome esta valiosa lección de sabiduría:

¡Que alguien le dé un premio Cervantes!

Ah, que él no tiene que dedicar tiempo a escribir correctamente pero espera que yo dedique tiempo a explicarle cosas tan evidentes. Comprendo. Pero no acaba aquí el choteo, ya que cuando me pregunta si escribo acentos en Internet (pregunta retórica, pues mis mensajes los tenía delante), me regala esta joya que merecería estudiarse en todas las facultades de filología:

¡Un maestro!

Esas "manías" que se me pasarán, según él, con la edad (no sé, igual se refiere a cuando padezca algún tipo de demencia neurodegenerativa) eran cosas como abrir las oraciones interrogativas con "¿", las tildes y todo eso que al pobre le deben de suponer un esfuerzo superlativo.

Y como el esfuerzo a mí me lo suponía seguir leyendo memeces, ahí le he dejado ladrando sólo.