martes, 8 de agosto de 2017

Crónica tedenera 2017

La censura es para no hacer spoiler de la partida.

Ahora que ya he dormido un poco, me lanzo a hacer mi crónica de las partidas de las jornadas.

Jueves

Por la tarde, como viene siendo costumbre, dirijo. Cuando tiembla la tierra: una partida de Cultos Innombrables, sobre la base de "Fundido en blanco" e inspirada en la infame película "Temblores", de Kevin Bacon. No mentiré, no tenía nada claro cómo iba a salir y la había terminado de escribir en el autobús el día antes, pero los astros se alinean y acaba funcionando, con escenas realmente perturbadoras en las que quedaba manifiesto que una frase aparentemente inocente puede sugerir horrores mucho más terribles que una descripción explícita.

Por la noche juego Winson Green Prison, una partida sobre el movimiento sufragista en el Londres de 1908, donde salen temas muy interesantes. Sin embargo, el formato por escenas no me termina de enamorar. Sin embargo, resulta ser una buena partida para la reflexión.

Al acabar la partida, y dado que la mañana del viernes la iba a tener libre, salí tranquilamente a tomar un par de copas y retirarme a una hora razonable, a fin de estar descansado todo el resto de las jornadas, pues es importante dosificar y... no me lo creo ni yo.

Viernes

Creo que por primera vez en 14 años de TdN me salto un desayuno, y aunque a las 9 estaba técnicamente despierto y me podría haber apuntado a algo (¡la gran mejora de este año: poderse apuntar desde el móvil y sin hacer cola!), pero decido que no estaba en condiciones de jugar a rol, así que lo cambiamos por una de piscina, que con casi 40 grados es algo que se agradece mucho.

Llega la tarde y me apunto a la deliciosa partida Wilful Disregard, una partida de rol en vivo que, por escenas, explora las relaciones de pareja y los roles de género. De verdad, una partida muy bonita, también con espacio para la reflexión.

A la noche toca otra de rol en vivo, pero antes aprovecho para probar (y perder miserablemente) el 7 Wonders Duel, de cartas, que resulta estar bastante bien.

La partida nocturna es El último gran hermano, la de la foto, donde doy vida a un sujeto despreciable (de esos que en la realidad es mejor tener lejos, pero que en la ficción es divertido manejar. 

Hago constar también, que la resaca del jueves me dura durante todo el viernes, con lo que me siento ese día como un John McLane del rol.

Sábado

Por la maána, y habiendo dormido un poco mejor (4 horas en vez de 2) me voy a dirigir La sombra sobre el gato, mi partida cthulhuoidea de Blacksad, que me funciona bastante bien, a juzgar por las sorprendentemente altas valoraciones que me dan los jugadores.

Por la tarde, aunque no es lo más habitual, me voy a jugar algo de rol de mesa y pruebo con el Dungeon World, que tenía muchísimas ganas de probar. Y la verdad, decir que me encanta sería quedarme corto. Me declaro fan del sistema Powered by Apocalypse.

Llega la noche y dirijo mi vivo 7 años y un día, que tantas ganas tenía de hacer, y la partida se desarrolla muy bien, aunque en la postpartida uno de los jugadores demuestra que no entendió nada el espíritu de la partida, actuando, como jugador, de forma muy irresponsable, solo para "ganar" un vivo que desde el principio expliqué claramente que no iba de ganar o perder, sino de vivir una situación.

Me explico brevemente: la partida tiene una mecánica en la que por medio de tarjetas los jugadores pueden introducir elementos de trasfondo en la partida, y dar la tarjeta a quien quieran, pero a la vez, y como mecanismo de seguridad, había una regla mediante la cuál un jugador podía rechazar una trama y sacarla del vivo si por el motivo que fuera, le incomodaba que estuviera (que esto va de jugar a gusto). Y la forma de rechazar tramas era mediante unas monedas. Pues bien, uno de los jugadores, solo para ganar la moneda de marras (cuya única utilidad era evitar tener que jugar escenas incómodas), le dio a otra jugadora, que se supone que era su amiga, una tarjeta con la que sabía que ella sabía que se iba a sentir incómoda, solo para forzar que le diera las monedas (las que, insisto, ¡no tenían ninguna otra función dentro del juego!).

Domingo

Por la mañana, cuando ya es difícil encontrar jugadores vivos (el cansancio y la fiesta van haciendo estragos), encuentro a tres, a los que dirijo La centuria A, y se lo pasan como enanos, a pesar de los intentos de los dados por frustrar sus planes (aunque se redimieron con una pifia gorda del villano en el momento más crítico).

Por la tarde vuelve un clásico de mis partidas de rol en vivo, Lagoon Sticks, que sale bien (el reparto de jugadores ayudaba mucho), aunque con esta partida me da la sensación de que se le van viendo ya algunas costuras, pues no en vano es una que escribí en 2008.

Y para cerrar, por la noche jugamos una brevísima partida de ciencia ficción y acción Y todo por... amor, pero que dada la hora a la que empieza (casi la 1 de la mañana) acaba siendo muy cortita. De ahí, nuevamente, al Pepe John´s, a despedirme de Mollina. 

Y el resto ya lo sabéis.
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