lunes, 28 de agosto de 2017

Reconectado

Dando muestras de terrible sufrimiento

Ya he vuelto a Bilbao tras mi viaje por Cambrils. Cansado, pero como es fácil de contar, lo reseño brevemente por aquí, que el turismo de sol y playa suele ser bastante repetitivo (y ahí reside su encanto).

El jueves cogimos el vuelo a Barcelona y una vez allí nos dieron el coche de alquiler (creo que un Seat Ibiza, pero no me hagan mucho caso, que para esto de las marcas de coche soy un absoluto desastre) y vamos hacia Cambrils, que es donde nos alojábamos (Villafortuny, para ser exactos). Una vez allí, nos hacemos con las llaves del apartamento y tras comer unas pizzas y echar una siesta, nos vamos a donde queríamos ir: la playa. Tras el largo y placentero baño, ducha, cambio de ropa y a cenar al centro, tras callejear un poco. Ración de bravas y chopitos, como buenos turistas. 

Viernes nos vamos a un lugar de exótico nombre: Miami Platja, donde pasamos todo el día entre la arena y el agua. Nada más, pero más a gusto que en brazos. Solo salimos de la playa para ir a comer (a un mexicano que pillaba por ahí). A la vuelta, cenamos cerca de casa, en un irlandés de Villafortuny.

El sábado nos movemos aún menos, y con un plan similar: playa y más playa, parando para comer, un lomo con puré en casa. Algo ligero, que a la noche tocaba cena buena en Cambrils; un lenguado a la plancha y un POSTRE.

Más pruebas de mi agonía.

Miami nos había molado (y suena muy bien), así que el domingo repetimos el plan de pasar el día a remojo. El único cambio, que comemos en otro sitio, y que al cenar, en Villaofruny, también variamos. Horas de sol y agua condensadas en tres líneas.

Y hoy lunes ya tocaba escapar, pero no sin antes pasarnos la mañana al sol y en el agua, aprovechando que el vuelo de vuelta era (ejem) a las 20:20, así que tranquilamente hemos salido de la playa, hemos recogido los pollos que habíamos encargado, hemos adecentado el apartamento, hemos ido hasta el Prat, devuelto el coche y pasado los controles.

Y ahí ha tocado esperar, mucho más allá de las 2 horas que esperábamos, pues el vuelo ha salido con una hora de retraso, y el vuelo que debería haber llegado a Bilbao a las 21:15 ha acabado llegando pasadas las 22:00.

Pero salvo ese último detalle, una excursión genial, con muchos toques de revival.
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