martes, 19 de julio de 2011

Memorias de un ex-demandante de empleo [XXI]

Sin poción mágica ni nada.

Esta sección no la suelo actualizar muy a menudo, pero lo sucedido la semana pasada con la lavadora me recordó a uno de mis trabajos con la ETT, que dio lugar a una de las anécdotas más divertidas que recuerdo (divertido ahora, porque en su momento ni puta gracia)

El chico de los electrodomésticos

El trabajo era para una empresa de electrodomésticos, y a mí me necesitaban para ayudar en el reparto. El trabajo estaba muy bien, porque los desplazamientos también me los pagaban, y como podía ir tranquilamente estudiando en la furgoneta mientras nos recorríamos las rutas, al final me cundían bastante bien los días.

Pero sería injusto no decir que me gané cada céntimo que cobré en esa empresa.

El trabajo era agradable, ya que no revestía ninguna complicación más allá del propio peso de los electrodomésticos. Además, el jefe era un hombre muy simpático, y cuando tocaba comer fuera, pagaba la empresa. El trabajo era primero cargar la camioneta de reparto con los electrodomésticos a entregar, y después hacer la ruta para dejarlos. Ni siquiera tenía que montarlos ni nada. Solo entregar.

Y entonces descubrí la cantidad de casas que hay en el mundo sin ascensor. Cuando lo había era un chollo, pero cuando no, era una auténtica putada andar subiendo neveras, lavadoras, secadoras, etc. por las escaleras, donde cada una era mejor que una sesión de gimnasio. Pero las dos que tengo grabadas fueron una en Cantabria (no recuerdo el pueblo), donde llegamos con todo al portal y vemos con felicidad que sí hay ascensor. Constatamos con agrado que el ascensor es grande, y observamos extasiados que las cosas caben y que la puerta cierra. Subimos un par de mesas, y cuando vamos a hacer la segunda tanda... ¡luz roja!

En ese momento pasa un vecino y nos dice que curiosamente los lunes (adivinad qué día era) se solía joder el ascensor. Así que escaleras arriba, a dejarnos los hígados.

Pero no fue ésa la peor. La peor se resume en el siguiente SMS que no pude evitar mandar a todos mis conocidos:

Una hora de ETT, 7 euros
Un día completo, 50 euros
Darte cuenta de que has subido a un 4º piso sin ascensor la lavadora equivocada,
no tiene precio

Recuerdo con horror el momento en el que tras haber subido una pesada lavadora a un 4º piso de estrecha escalera (en cuyos ángulos imposibles nos dejábamos el alma), cuando miro el albarán y veo que el número de pedido no cuadra. Casi con miedo se lo hago saber a mi jefe, confiando en haberme equivocado. Pocas veces habré maldito más el tener la razón.

Aquel día fue una putada, ya que los astros se conjuraron para que todas las casas nos tocaran sin ascensor, y acabamos comiendo a las 6 de la tarde, que es cuando terminamos los envíos de la mañana.

Lo bueno es que debió de gustarles mi trabajo (ese había sido mi primer día allí), ya que me llamaron bastantes veces de aquella empresa, pues cuando llamaban a la ETT preguntaban directamente por mí, e incluso llegaron a ofrecerme algún contrato más largo. Aunque lo rechacé, pues en ese momento las oposiciones eran prioritarias.
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