lunes, 14 de mayo de 2012

El osito Mosi

El feroz plantígrado.

Quiero dedicar esta entrada a un icono de mi infancia, pues todo hombre ha sido niño alguna vez, y todo niño tiene su juguete favorito. En mi caso era Mosi, el ya desgastado osito de la foto, y cuya simpática historia he podido recuperar con la inestimable colaboración de mis padres.

Cuando mi madre se quedó embarazada, mis padres se aficionaron a la revista "Ser padres", la que les gustó mucho (mi madre afirma que ella seguía sus consejos al pie de la letra y mi padre también, pero un poco más a regañadientes) y a la que se suscribieron. Y con la suscripción a la revista vino de regalo el oso de peluche "Mosito". Por entonces vivíamos en La Casilla y creo que todavía no le hacía demasiado caso. En el año 80, con poco más de 2 años nos trasladamos a Txurdínaga, donde quedan mis recuerdos de infancia, ya que de La Casilla no recuerdo absolutamente nada (de aquella época, claro, ya que ahora vivo a escasos 100 metros de la que fue mi primera casa). A mi me resultaba todo nuevo, la casa, los muebles... Sin embargo, un dia mi madre se puso a desembalar un paquete y apareció el oso, yo me alegré mucho porque al fin había reconocido algo y muy contento dije "Mi mosito". Y desde aquel momento fue mi mascota. Mi madre me recuerda que era frecuente verme con mi oso debajo del brazo.

Un dia, no sé por qué, se me ocurrió tirarlo por la ventana, y otro niño, más avispado que yo, ("un gitanito", me dijeron) cogió el peluche y se lo llevó. Así desapareció el primer Mosi de mi vida. Noche tras noche pedía a mis padres que fueran a casa del gitanito a recuperarlo, y ellos me vieron tan triste que empezaron a buscar otro igual.

Al fin lo encontraron, en Guerra San Martín. Pero había un problema: estaba demasiado nuevo y se les ocurrió meterlo entre la colada para que saliera con un aspecto más deshilachado. Y funcionó. Yo me puse muy contento porque crei que al fin lo habían recuperado ( que tiempos de inocencia en los que piensas que los padres pueden solucionarlo todo).

Unos meses más tarde estuvimos los cuatro (mis padres, Mosi y yo, claro), comiendo en un bar de Logroño (por aquella época se les ocurría hacer viajes sin sentido, o al menos eso me parecía a mí), y al volver, ya casi en Bilbao nos dimos cuenta de que sólo íbamos los 3. ¡Mosi se había quedado en Logroño!

Y otra vez la pena, el echar de menos a mi amigo, y mis padres de nuevo a Guerra San Martín. Pero surgió... un pequeño inconveniente, ya no les quedaban Mositos sino Mositas. Con falda y lazo. Quitar la vestimenta no fue difícil, el problema es que el nuevo (tercero y definitivo) tenía unas manchas blancas en los pies que los anteriores no tenían, así que otra vez la colada con el oso. Mi padre, que siempre ha sido muy ocurrente, me contó que mi amigo había venido andando desde Logroño, y de tanto caminar le habían salido aquellas manchas.

A los 5 años tuvimos un accidente de coche, para mi fue muy duro porque perdi los dientes, y casi los labios, me llevaron al hospital y me hicieron un "cosido" de urgencia, que me dejó unas feas cicatrices, pero Mosi me ayudó. También fue mi compañia cuando pasé la hepatitis, a los 9 años y nadie podia venir a verme. Pusieron mi cama al lado de la ventana para que, al menos pudiera ver la calle, y mis amigos yendo a la Sanjuanada. Pero yo no estaba sólo, lo tenía a él. Y huelga decir que en mi imaginación ese osito y yo vivimos grandes aventuras.

Naturalmente, tuve otros juguetes, pero es ese en especial al que más recuerdo, no lo he vuelto a perder, y ahora duerme en un cajón del armario de casa de mi padre, donde tengo "mi" habitación.
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