viernes, 11 de septiembre de 2015

Noctis horribilis

Y lo peor es que era ron Negrita.

Ayer era uno de esos días en los que me hubiera gustado tener un arma, pues un grupo de aneuros borrachos tuvo a bien reunirse frente a mi portal para beber y "animar" con sus gritos y cánticos al vecindario, despertándome con el escándalo a las 3:30 de la mañana. Lo peor es que no es la primera vez que pasa, y temo que no será la última. Y si ya es molesto cuando pasa en fin de semana, doblemente terrible es que pase un jueves, que algunos tenemos la tonta manía de madrugar los viernes.

La verdad es que me daban ganas de bajar y liarme a hostias, pero teniendo en cuenta que eran unos cuántos (asomándome a la ventana vi que más de 10 gilipollas ya eran), pues no era plan, no por la superioridad numérica, claro, sino porque pegar a tanta gente da pereza. En su lugar, me conformé con llamar a la policía municipal, y aunque no me quedé asomado a la ventana para comprobarlo, fantaseo con la idea de que les crujiera a multas (o que les pasara por encima con el coche, a lo GTA, que fantasear es gratis).

Por si fuera poco, una vez hube conseguido conciliar el sueño, un mosquito ha tenido a bien hacer su aparición a las 6 de la mañana, terminando de joderme la noche. Por suerte, al amanecer el mosquito fue sorprendido mientras descansaba en la pared, y ha sido la cabeza de turco que ha pagado el pato de sus zumbidos, y de los ruidos de esa jauría de mariachis de baratillo a los que deseo, de todo corazón, la peor de las resacas.

Muero. 
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