sábado, 22 de febrero de 2020

Adú

¡Dos películas en una!

El reclamo de Luis Tosar es lo suficientemente poderoso como para arrastrar espectadores al cine, y así lo supieron ver los productores, que en esta película de historias cruzadas meten con calzador una trama que poco tiene que ver con la historia original y que aunque está bien, resulta un pegote a la trama.

Adú es una dura película sobre el drama de la inmigración, que nos cuenta, desde los puntos de vista de un niño camerunés (Adú) y un guardia civil fronterizo de Melilla cómo es el proceso al que se enfrenta una persona que abandona su país para ganarse la vida (absténganse lectores xenófobos de continuar leyendo, y a poder ser absténganse de leer mi blog), con un recorrido de los riesgos y penalidades a que se enfrenta. Y de relleno nos meten la historia de Gonzalo (Tosar) un activista por la defensa de los elefantes, y su historia de reencuentro con su hija, que sin desmerecerla, encaja en el conjunto como una Smith&Wesson en la Piedad de Miguel Ángel.

De la película destaco su impresionante aspecto de fotografía, con espectaculares paisajes de África (se ve que ha habido dinero de por medio), lo bien planteada que está la crítica social al tema que toca, sin entrar tampoco en maniqueísmos y la preciosa historia de la amistad que va surgiendo, pese a la barrera de la comprensión idiomática, entre Adú y Massar.

Le sobra algún detalle artificialmente lacrimógeno (algo de un cadáver cayéndose de un sitio) y algún plano concreto se alarga un poco más de lo debido, pero en general es una película emotiva y que, aunque podría haber dado bastante más de sí, pasa dignamente el corte.

Pena sobre todo que la trama de Luis Tosar y Anna Castillo acabe quedando prácticamente de adorno.

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