sábado, 23 de junio de 2007

¡Sí, Señor Oscuro!

La caja del juego

"Sí, Señor Oscuro" es un divertidísimo juego de cartas en el que los jugadores se pondrán en la piel de los patéticos e incompetentes lacayos del señor del mal Rigor Mortis, a quien tendrán que explicar de forma satisfactoria, con todo tipo de disparatadas excusas por qué han fracasado en la misión que les ha sido encomendada.

Para ello, deberán idear algún tipo de excusa que sea lo suficientemente plausible como para evitar que su amo les fulmine con una de sus miradas asesinas, y para elo tendrán que valerse de las cartas del juego, ideando un relato con lo que en las propias cartas aparece, "Señor, estábamos a punto de robar el cáliz del templo cuando un RAYO cayó del techo y rompió la ESCALERA por la que estábamos a punto de subir, y el jaleo alertó al CABALLERO que lo custodiaba y..."


Algunas de las cartas

Además de las cartas de excusa, que son de lo más varipinto, hay cartas de acción, que sirven para pasar el marrón a otro jugador "señor, ya teníamos en nuestras manos el mapa cuando el incompetente de Gorbo acercó demasiado la ANTORCHA y el mapa empezó a arder" (y de paso pasarle el turno) o de interrupción, que sirven para introducir incómodos elementos en la narración del otro jugador, que deberá ser rápido si quiere salir airoso del trance. "Señor, nos dirigíamos a la TABERNA a extorsionar al tabernero como usted nos mandó, cuando por el camino nos topamos con un..."
(otro jugador) "Sí, lo recuerdo, nos encontramos con el OTRO SEÑOR OSCURO y tú te arrodillaste cobardemente a sus pies"

Acero Azul, Magnum y Ferrari, las 3 miradas que no quieres ver

Inevitablemente llega un momento en el que un jugador se queda sin ideas o sin cartas, utiliza una excusa sin demasiado sentido "no fui capaz de usar el reastrillo porque es, eh... para las distancias cortas, y estábamos muy lejos del castillo" o simplemente pierde el hilo de la narración "señor, cuando ya teníamos en nuestro poder la espada sagrada de Markuzhdan..." "¿Qué espada? ¡Lo que yo os mandé robar era una estatua!" el señor oscuro lanzará una de sus tres miradas asesinas, de forma que cuando un jugador haya recibido las tres miradas sufrirá las iras del señor oscuro y será fulminado en el acto, dando por finalizado el juego.

¿Y quién gana?

Realmente nadie, no hay un ganador en "Sí, señor Oscuro", sólo un perdedor, que es el que paga el pato, aunque como es un juego rápido y se pueden jugar varias partidas seguidas y el perdedor de una ronda es el Señor Oscuro de la siguiente, con lo cual no importa que el juego sea cruel y arbitrario, porque lo es para todos, y esto hace que sea más divertido.

Y aunque los jugadores representan a los inútiles sirvientes de Rigor Mortis, el verdadero maestro de ceremonias es el Señor Oscuro que aunque técnicamente se limita a observar y a repartir miradas furibundas, tiene todas las potestades para decidir qué excusa es válida y cuál no, para interrumpir a los súbditos, tiene derecho a ser tratado con deferencia, y dado que el juego es cruel y arbitrario, nada le impide lanzar miradas asesinas a quien le venga en gana y cuando le venga en gana.

Y por supuesto, la parte más importante, que es la de decidir cuál es la misión en la que los jugadores han fracasado, que pueden ser de lo más variopinto:

-¿Por qué no me habéis traído, como os ordené, la lágrima de oro que está en la torre más alta del castillo más alto de la montaña más alta?

-¿Por qué no habéis sido capaces de invadir el reino enemigo?

-¿Alguien me puede explicar cómo es que la doncella virgen que tenía preparada para el sacrificio tiene un bombo de 3 meses?

-Os pedí que bajarais a la panadería de la esquina a por una barra de pan, ¿por qué me habéis traído un croissant?
El juego es de 4 a 16 jugadores, y resulta bastante cómico, aunque hay que tener claro que no va de ganar o perder sino de crear una disparatada historia, recordando en algunos aspectos al "Erase una vez" o a su versión gore "Take your daughter to the slaughter"

Muy divertido si lo tuyo es la narración improvisada y te apetece ponerte en la piel del malvado Rigor Mortis o en la de sus repugnantes y míseros sirvientes.

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