martes, 11 de noviembre de 2008

Anécdotas del viaje a USA

La prometida frikifoto

Ya descansado, en un teclado con eñes, y sin las prisas de escribir desde un cíber, puedo dedicar una entrada algo más larga al recién culminado viaje, que sin pretender ser una crónica exhaustiva, consistirá más en ir contando las cosas a medida que me vayan viniendo. Caótico y desorganizado, que mola más.

Previamente, eso sí, diré que el viaje me ha encantado, que Nueva York es una ciudad extraordinaria, lo mismo que Washington DC, que la experiencia ha sido fabulosa, y que el viaje ha merecido la pena, vaya si la ha merecido la pena.

Ahora dedicaré unas líneas a ciertos mitos acerca del país, unos ciertos, otros falsos. En primer lugar, no es cierto que al entrar al país te pregunten si vas a asesinar al presidente. Sí me preguntaron cosas normales y cabales, como si tenía alguna enfermedad infecciosa, era terrorista, o había estado involucrado en persecuciones nazis entre 1933 y 1945 (puse que no, pero no estoy muy seguro, no sé lo que hice ayer, como para saber lo que hice en 1945), pero lo de matar al presidente... ¿cómo van a preguntar semejante absurdez?

Además, con lo bien que nos llevamos.

Al respecto hubo una también bastante graciosa, en el vuelo de ida, cuando nos reparten en el avión estos formularios, y la azafata tiene a bien repartirlos en francés, ya que no les quedaban en castellano, y cuando le pedimos en otro idioma, oigo cómo les dice a los de unas filas más adelante "pero ustedes son de Cataluña, y el catalán es una mezcla entre español e inglés, no les da lo mismo?", la misma azafata que se sorprendía de que yo lo prefiriera en inglés antes que en francés.

Sí es cierto, en cambio, lo de las Biblias en los hoteles. Estuvimos en 3, y en el no había, pero en los otros dos, abría el cajón y plof, el libro de los Gedeones honrando la sala con su presencia.

Spoiler: el Niño Jesús resucita.

En cuanto a la paranoia del país con la seguridad, pues son incontables la cantidad de arcos detectores de metales que tuvimos que pasar, hasta en la oficina de turismo de Washington había uno, aunque también es cierto que pedían las cosas con educación, y como personas normales y civilizadas. A fin de cuentas, viven del turismo.

Otras cosas que sí son verdad, es que la coca-cola de allí sabe diferente, así como las hamburguesas de fast-food, mucho más ricas a mi gusto que las de aquí (aunque sigan siendo comida basura, claro).

En la foto parece comestible y todo.

La hamburguesa de la foto está, a título de comentario, al lado de la zona cero, donde estaban las torres gemelas y tal.

Otra cosa también diferente a como la conocemos, es la Coca-Cola, con un sabor sutilmente distinto, pero apreciable, y que en la foto se ve mezclada con vino, en un auténtico kalimotxo de Manhattan, con cocacola americana y vino argentino. Coca-Cola, 3 dólares; Copa de vino, 8 dólares; ver la cara que se le queda a la camarera cuando le pides que te lo mezcle todo en un vaso grande, no tiene precio.

Kalimotxo de 11$, toma bilbainada.

Sección golosinas, inolvidable en Times Square las tiendas de chocolate, una la de Hersheys, a la que solo le faltaban los umpa-lumpas, y donde no sé cómo fui capaz de salir sin comprar nada. Supongo que la cola que había que hacer fue superior a mi gula, pero no pude evitar sacarme la foto con la que anunciaban como tableta de chocolate más grande del mundo: 5 libras de chocolate. Tentado estuve de comprarla, pero me conozco, y sé que si me la compro, esa tableta no llega a Bilbao. Es más, no llega al hotel.

Chocolatina de Bilbao, ahí va la hostia pues.

Siguiendo con tan dulce sustancia, uno no puede pasar de largo la tienda oficial de M&Ms; un auténtico santuario de la perdición, repleto de tan malvadas y dulces píldoras de chocolate, con cientos de sabores, y el mal supremo: los M&Ms de crema de cacahuete, que una vez los pruebas no quieres saber nada de los normales.

Y, por supuesto, el mural de M&Ms, las paredes llenas de tubos de M&Ms, una de cada sabor, con autoservicio, algo que nos dejó literalmente boquiabiertos (y digo literalmente, porque nos pusimos finos a lacasitos de éstos).

Quiero decorar así mi casa.

Y bueno, podría seguir durante horas, pero como hay que hacer las entradas razonablemente cortas, y además dejando cosas que contar tengo ideas para cuando no se me ocurra qué poner en el blog, lo dejo aquí. Lo suyo habría sido ir haciendo una entrada al día, pero como no tenía Internet siempre, no pude, y no tendría mucho sentido hacer el día a día hora, así que iré soltando las cosas según me pasen por el teclado, como si de un brainstorming se tratara.

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