jueves, 24 de junio de 2010

Un cuento de IVA y vuelta

El IVA no es un sobresueldo.

Esta es la historia de un señor muy malo, muy malo, que se dedicaba a alquilar castillos, y alquiló uno a unos niños, a los que dejaba usarlo a cambio de dinero, que ellos pagaban religiosamente cada més. El señor no quería hacer contrato, pues el dinero negro le parecía más bonito, y cuando los niños le dijeron que no querían meterse en un castillo sin contrato, pues la bruja del Derecho Civil les podría hechizar si no estaban protegidos, él les amenazó con que tendría que cobrarles el IVA.

El IVA era bastante dinero, y los niños tendrían que comprarse muchos menos caramelos, pero aceptaron, pues en el colegio les habían enseñado que hay que cumplir las normas, así que le dijeron al señor malvado que querían contrato e IVA. El señor quiso colar a los niños un contrato leonino, lleno de cláusulas abusivas, pero uno de los niños, licenciado en Derecho y funcionario foral se dio cuenta y le dijo que esas cláusulas le daban miedo, y que si estaban ahí no podría dormir por las noches.

El señor malo dijo que le gustaban mucho esas cláusulas, y que no se preocupara, que no les iban a morder. El niño dijo que si estaban ahí iban a acabar mordiendo, pues una cláusula abusiva, por domesticada que esté, acaba mordiendo. El señor dijo "cómo se nota que no tienes ni idea de esto". El niño le dijo al señor malo "pues no tengo ni idea, pero no queremos cláusulas salvajes en nuestro contrato, o no nos protegerá de la bruja".

El contrato siguió sin las cláusulas, y al de un año el señor malvado decidió que se había aburrido de que los niños jugaran en su castillo, así que una noche se coló en las cuadras y mató al contrato, por lo que los niños tuvieron que irse del castillo, con todos sus enseres.

El hechizo que hacía que los niños dieran dinero al malvado señor había terminado, pero del dinero que le habían ido dando, una parte, el 16% para más señas, tenía que ser para el Rey, y el niño que había dicho lo de las cláusulas, preguntó a un caballero si el señor malvado había pagado al rey, y le dijo que no. Preguntó a otro caballero si el señor malvado había pagado y también le dijo que no.

Preguntó a otro caballero dónde podía informar al Rey de que el señor malvado no había pagado sus tributos, y le dijeron que tenía que hacer un poema y mandárselo al Rey.

Así que los niños escribieron el poema al que adjuntaron un retrato del difunto contrato y los justificantes de pago, y para que el poema cobrara vida, escribieron sus nombres en él, con la esperanza de que al Rey le gustara el poema y castigara al señor malvado por haberse quedado el IVA para él.

Y ésta es la historia de la denuncia que le voy a meter mañana al casero listillo (no el de mi casa, que es un lujo de casero, sino al de la lonja) por cobrarnos el IVA y no declararlo, para que si realmente ha estado pufando le crujan.
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