martes, 12 de junio de 2012

Interraíl (VI)

¡Habíamos sobrevivido a Nápoles!

Nápoles-Caserta: Nos largamos a toda prisa para eludir una reyerta.

De Caserta poco puedo contar, pues no vimos más que su estación de tren, pero lo más importante es que no era Napoles. Realmente esta ciudad no era nuestro destino, sino Brindisi, desde donde queríamos ir a Grecia. En Caserta solo estuvimos, maldurmiendo, el rato que esperábamos al siguiente tren. Nos llama la atención, eso sí, que hay 25 cabinas telefónicas (cuando aún había de eso) pero ninguna admite monedas.

Caserta-Brindisi: Después de lo de Nápoles, cualqueir ciudad es Modo Easy.

Tomamos el tren a las 2:10 de la madrugada, sabiendo que así nos ahorrábamos el alojamiento de una noche. Semidormimos espatarrados en el vagón, en un tren completamente atiborrado de gente, y con un terrible olor a humanidad. Pero mejor que Nápoles, pardiez.

Recuerdo el viaje a Brindisi como tremendamente aburrido, pues durante largo rato soy el único del grupo despierto. Y mirar el paisaje es complicado cuando viajas de noche, por lo que contar farolas se convierte en la actividad más apasionante a realizar.

En el tren trabamos amistad con un tal Fletcher, un chaval de Seattle (creo), bastante majete, que nos cuenta que está haciendo el Interraíl por su cuenta, que lleva 2 meses viajando por Europa y que tiene idea de irse a Corfú, al famoso Pink Palace, del que ya hablaré más adelante.

Por fin llegamos a Brindisi, con el sol ya en el cielo, y nos encargamos de cosas importantes: A) sacar dinero, B) gestionar el desplazamiento a Corfú.

Aquí es donde tomamos una de las decisiones que después determinaría el devenir de nuestro viaje. Nos comentan que en Corfú hay dos hoteles turísticos. Dos lugares festivos y paradisiácos; el Sun Rock y el Pink Palace. No recuerdo por qué motivo, nos decantamos por el segundo. Algo de lo que después... nos acordaríamos. También debió de pasar, aunque esto no lo recuerdo pero está apuntado, que en Brindisi eran una panda de mangantes que nos querían sacar el dinero por todas partes, en comisiones y demás. Ah, el Sur de Italia...

Pero no adelantemos acontecimientos, que el relato de este viaje aún me tiene que servir para llenar muchas entradas.

Así, a las 14:15, abandonábamos Italia, más concretamente el tacón de la bota, para zarpar en un barco que nos llevaría a costas griegas.
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