martes, 6 de noviembre de 2012

Crónicas magiares (III)

Buhocracia.

Domingo

Otra mañana lluviosa. Optamos por ir en la dirección opuesta a la habitual, y vamos hacia el Parlamento húngaro, uno de los edificios emblemáticos de Budapest. Llegamos y vemos una importante cola, y nos enteramos de que se pueden coger entradas para visitas guiadas en español. Entro yo con ambos documentos, y consigo las entradas, para 3 horas después. Tenemos suerte, pues son limitadas y hay gente que se queda sin poder acceder ese día.

Nos quedan varias horas, así que damos un paseo, hasta que acabamos en la sinagoga, donde cogemos también las entradas para visita guiada en español. La sinagoga impresionante, y el memorial del holocausto muy bonito, aunque el "museo judío" una engañifa, consistente en UNA sala. Al menos conseguimos coger wifi.

Mazel tov!

El gorrito que se ve en la foto era obligatorio, pues los hombres deben cubrirse la cabeza en la sinagoga (luego me dejaron ponerme el choto, que era más cómodo que ese bonete), lo cual no me parece mal. Lo que me pareció algo peor, un detalle de cutrez, es que ese gorrito, que era de tela barata, casi papel, te obligaran a devolverlo, y que literalmente te lo arrancaban de las manos a la salida. 

Vista la sinagoga, volvemos al Parlamento, que es tan espectacular por dentro como por fuera, y donde la guía nos cuenta en español la historia del sitio, algo de historia húngara, y nos muestra la sala en la que están representadas las "4 ciencias". A saber: Medicina, Filología/filosofía, Derecho y Teología. Ideal para tomar el pelo a los ingenieros.

Salimos del Parlamento, ya con más hambre que vergüenza, y tras pasar por el monumento de los zapatos, seguimos bajando hasta la famosa Vaci Utca, una calle comercial, y una de las arterias del turisteo en Budapest, donde disfrutamos del improvisado recital de un simpático violinista callejero.

¿Habrá de mi talla?

Allí nos impregnamos de sus olores a comida, y vamos a parar a un sitio que recomendaba la guía, donde nos ponen comida típicamente húngara (a precio típicamente de turista, todo hay que decirlo), pero que nos deja sin hambre por el resto del día. Una sopa contundente, y un festival de carne, arroz y patatas (y unas hierbas decorativas, que se debieron de caer en el plato). 

Este plato acabaría con el hambre en Carpantia.

Con la comida por los tobillos, seguimos bajando la Vaci Utca, y mis ojos se fijan en un Ice Bar. Supe de su existencia cuando estuve en Shanghai, pero me quedé con las ganas de entrar. Aunque queríamos aprovechar las escasas horas de sol que nos quedaban, y seguimos bajando hasta llegar al mercado central, que, como sospechábamos, estaba cerrado. Así, optamos por cruzar el puente de la libertad (Szabadság), y volvemos a Buda, donde vemos desde fuera el famoso balneario Gellert, y nos acercamos, sin llegar a subir del todo, a la Ciudadela. Aprovechamos para ver una iglesia, teóricamente católica, excavada en la roca. Después, nos vamos al monumento de San Gerardo, y disfrutamos de las bonitas vistas nocturnas (con un fresquete considerable). Aprovechando que ya hacía frío, regresamos al Ice Bar: un bar en cuyo interior la temperatura es de 4 grados bajo cero, y en el que la decoración es de hielo. Por suerte, te prestan un abrigo y unos guantes. 


¡Tetas! Digo... ¡Tetas!

La noche hacía tiempo que había caído (ya debían de ser casi las 8), pero todavía quedaban energías, así que hacemos una última visita al lujoso hotel Boscoló, donde está la famosa y preciosa cafetería New York, con unos precios en consonancia con su opulenta decoración, pero un sitio que merece también la pena visitar. ¡Y con wi-fi!

Y por fin, tras un duro día, en el que ni nos molestamos en cenar, pues aún nos duraba el llenazo de la comida, un merecido descanso, que todavía quedaba mucho Budapest por ver. Aunque aún haríamos un último esfuerzo para mirar los horarios de San Esteban al día siguiente, y planificar nuestro crucero por el Danubio.

Rest like a sir.

Sigue.
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