sábado, 27 de septiembre de 2014

Hércules

El hombre tras la leyenda.

¿Era Hércules un semidiós, o solo un tipo muy bruto?

A esa pregunta responde la divertida y gamberra versión que Dwayne Johnson (el Schwarzenegger del S. XXI) protagoniza sobre este personaje de la mitología griega done Hércules solo es un señor que va por ahí acompañado por su grupo de Guardianes de la Galaxia experimentados guerreros, desfaciendo entuertos, ganando batallas inverosímiles y viviendo fascinantes aventuras, aderezadas con grandes dosis de adrenalina y fantasmadas.

Pero mola. Mola, porque consigue no tomarse en serio más de lo necesario y consigue ser divertida. Si vas a hacer una película de este estilo, haz una gamberrada. Haz que tumben caballos a sopapos y que devuelvan lanzas flamígeras como quien devuelve una granada a punto de explotar a un Schütze de la Wehrmacht. Decórala con secundarios molones y frases divertidas "¡No os quedéis ahí parados, matad a alguien!" y con enemigos que sean conscientes de que su función es parecer poderosos y morir a paladas. 

El argumento, más simple que el mecanismo de un chupete, funciona bien: Hércules y sus amigos van a Tracia, donde el rey les dice que hay un mago malo con un ejército muy chungo, al que tienen que derrotar. Un mago con centauros, orcos y demás cosas. Algo imbatible para gente normal. Pero Hércules, no es gente normal, claro. Es Dwayne Johnson, que recuper aquí el espíritu del Rey Escorpión y haciendo la misma mierda, logra el mismo resultado.

No es alto cine, no es una obra maestra. Esto es un grasiendo whopper con patatas, relleno de ketchup y acompañado por su refrescante vaso de litro de Coca-Cola. No hay diálogos profundos ni una trabajada evolución de los personajes. No hay sentido táctico ni contexto histórico. Ni puta falta que hace: es Hércules. Es diversión.
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