domingo, 9 de octubre de 2016

La fiesta de las salchichas

Sin sutilezas.

Por favor, que nadie espere una película amable y simpática, y por lo que más quieran, que no se les ocurra llevar niños al cine, a menos que les quieran provocar un severo trauma de por vida, pues esto es una macarrada de humor negro, marrón y verde muy explícito, con más de South Park o Team America que Pixar. Con explicar que el malo es una lavativa vaginal creo que ya está todo dicho.

Con brocha muy gorda, lo que no le impide tener sus golpes ingeniosos, plantea una historia que en su planteamiento sí se parece a los clásicos del género "coge algo y dale sentimientos, en este caso la comida del supermercado" y es la típica historia de viaje en la que el héroe se pierde del grupo y se encuentra a sí mismo, juntándose con personajes que se acaban haciendo amigos (en este caso un bagle judío y un pan de pita palestino. Pero todo ello aderezado de referencias sexuales, momentos gore y muchas palabrotas. 

Pero ojo, que la cosa no se queda simplemente en esa ristra de momentos procaces (coronados por cierto por una explícita y multitudinaria orgía de ultramarinos) sino que tiene también su espacio para la sátira y la crítica social, en especial a las religiones, a las que da mucha caña. Y muestra de que no se corta un pelo en la brutalidad de su humor es el momento en el que el bagle judío dice que los recolocaron en la misma balda de los panes de pita cuando les desalojaron de su balda para poner los botes de chucrut, y que éstos están pensando en enviar a los zumos a la sección de concentrados. A lo fino.

La película, que cuenta también con un par de referencias culturales graciosas y cuenta con alguna ruptura de la cuarta pared para mi gusto demasiado psicodélica, tiene su interés, pero tal vez falla que el ritmo no es del todo el adecuado y en algunos momentos llegaba a no ser todo lo divertida que debería. La conclusión evidente es que si te gusta el humor bruto te puedes divertir viéndola, y si no te gusta, huye de ella.
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