La traducción aquí sí es literal.
Esta descacharrante película es como si a Edgar Wright le hubieran mandado hacer un capitulo de Black Mirror y hubiera mezclado Terminator con Doce Monos.
La premisa es simple: un hombre de aspecto extravagante irrumpe en una hamburguesería con una bomba, proclamando a gritos que viene del futuro y que necesita montar un grupo de héroes para evitar que todo se vaya a la mierda, y que si no, hará explotar todo. Como es de esperar, montará ese grupo y se irá con ellos a una delirante aventura, en la que ni la salud mental ni la integridad física estará garantizada para nadie.
Con una nada disimulada crítica social a temas como la dependencia de la tecnología o los tiroteos en los institutos, se nos irá mostrando la distopía en la que viven los protagonistas, que la verdad es que son bastante interesantes y qué les ha hecho llegar al punto en el que están al principio de la historia.
Con un ritmo trepidante y un humor bastante negro, la película se va dejando caer por el tobogán de la psicodelia, hasta llegar a un desenlace muy satisfactorio para la que es sin duda una de las películas del año.
Merece más repercusión que la que ha tenido.
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