La vuelta al cole más sangrienta.
El carrito de los helados que va por ahí haciendo cosas malas a los niños es un cliché bastante manido y en esta ocasión el leit motiv de la gamberrada que nos propone Eli Roth. Una película en la que el gore va a calzón quitado, recordando a las primeras películas de Peter Jackson.
En un idílico pueblecito de Estados Unidos todo va relativamente bien hasta que un enigmático carrito de los helados comienza a hacer las delicias entre los niños con sus deliciosos sabores. Aunque estos helados tienen un inconveniente efecto secundario, y es que sobre ellos pesa una maldición que convierte a los niños en psicópatas que se dedican a asesinar a los adultos, de las formas más grotescas y dolorosas que puedan salir de la macabra imaginación del director.
Así, los protagonistas (niños que por A o por B no han tomado helado) deberán intentar revertir esta maldición, al tiempo que al más puro estilo película de zombis, intentan no ser ellos infectados.
Graciosa, y un argumento de oro para los antiniños.
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