Es curioso que este año en el que llevo tantos vuelos es la segunda película sobre catástrofes aéreas que veo en poco tiempo (la otra fue En mar abierto), aunque aparte de compartir clichés que son muy del género, como el pasajero insufrible de primera clase que no deja de dar por culo o el pasajero amable que tontea con la azafata alfa y es bueno con los niños, son películas muy diferentes, y esta tiene un girito muy interesante y que además me ha pillado completamente por sorpresa, entre otras cosas porque no había visto el cartel.
Y es que si uno se fija en la imagen, verá que este es un vuelo con bicho. El vuelo irá, como suele pasar, relativamente bien, hasta que algo ocurre y empieza a marchar mal. Una especie de desconocida entidad alienígena toma el control del avión, y nos calzan una historia de horror cósmico que bien podría ser un relato moderno de los Mitos de Cthulhu y se quedan tan a gusto, con escenas deliciosamente divertidas y un final muy apropiado, muy a lo Más allá del límite o derivados. Diría que se hace corta, pero lo cierto es que durando 85 minutos ES corta.
Una agradable sorpresa en la que agradezco haber ido a verla sin haber visto el cartel.
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