lunes, 31 de agosto de 2020

Los nuevos mutantes

El póster parece de película de terror de finales de los 90.

Puede que no sea la mejor película de superhéroes que haya visto la luz en el cine, pero hay que reconocerle varias cosas a Los nuevos mutantes, y una es que se atreve con un enfoque original que hace que no sea la típica historia mil veces contada de génesis de supergrupo, sino que nos la plantea de forma distinta, con una curiosa aproximación al género de terror y el resultado cuaja bastante bien. Tal vez la lastran unos personajes a los que no les sobra carisma, pero me gusta mucho cómo transmite uno de los temas fundamentales de los cómics de los mutantes en Marvel, y es el de los poderes no como una bendición, sino como una putada con la que hay que aprender a lidiar. 

De todas formas, y aunque la película no está mal, e incluso podría haber dado bastante juego para su continuidad, es una franquicia que por lo visto nace muerta (cosas de derechos) y se queda en un arma de un solo disparo. Lo bueno es que es disfrutable como película independiente y sin conocer a los personajes de antes.

Por cierto, aunque el personaje mola (sobre todo Lockheed), no me encajaba nada una Magick tan choni, y eché en falta alguna alusión a su hermano Piotr.

domingo, 30 de agosto de 2020

Finde con cierre de no fiestas

Nota: nos habíamos quitado la mascarilla expresamente para la foto.

Hoy estaría hablando del cierre de la semana grande de Bilbao. Pero como no ha habido, toca desgranar el fin de semana, que al ser festivo el viernes comenzaré a contar desde el jueves. Ese día una de terraceo vespertino (adelantando la que tocaba el jueves) y luego a la lonja, a jugar a Everdell y Deadwood (derrota y victoria).

Del viernes lo más destacado fue el Cluedo en vivo, una pseudopartida de rol en vivo con misterio y asesinato que se organizó con motivo del cumpleaños de un amigo, y que era un poco decepcionante. Siendo de pago uno espera un mínimo de calidad, pero lo que nos encontramos fue una cosa muy poco trabajada, hecha como con desgana y bastante inferior a cualquier rol en vivo amateur de los que me encuentro en jornadas de rol. 

El sábado quedo con los amigotes del clan CasaIñigo, que hay que respetar las costumbres de reunirnos para comer en fiestas de Bilbao... aunque no haya fiestas de Bilbao. Vamos al Zurima, donde nos ponemos hasta arriba con la opípara comida, y un valenciano de postre que con el toque de la mermelada de mora está de chuparse los dedos. Luego siesta y a la tarde-noche cine, con el visionado de Los nuevos mutantes.

Y domingo, por la mañana una de pintxopote con mi señora novia por la Plaza Nueva, comida y por la tarde aprovechamos el buen tiempo para bajar al parque a leer (en mi caso "Vayamos por partes", de Lorzagirl).

viernes, 28 de agosto de 2020

Mi primera lasaña, chis-pas

Recién salida del horno.

Una gastronomía que me gusta mucho es la italiana, dentro de la cuál hay platos como la lasaña que me encantan. Pero nunca me había dado por hacer una y eso era algo que había que remediar. Hace unas semanas me vine arriba y compré láminas para hacer lasaña en el supermercado... y ya.

Por alguna extraña razón, yo miraba aquella caja y no se convertía mágicamente en lasaña, de modo que me puse manos a la obra y me puse a comprar los ingredientes, a saber; bechamel (podría haberla hecho yo, pero me pudo la pereza), tomate, carne picada, queso y, para que no quedara tan huérfana, setas (una bolsa de revuelto de setas congeladas que vi en el supermercado de la que bajaba a comprar el resto de cosas).

Pero al llegar a casa me di cuenta de que me faltaba algo esencial... ¡un recipiente para meter la lasaña en el horno! 

Uf, pereza máxima, problemas del primer mundo, oh el drama, etc. No pasa nada, está todo bajo control. Se va uno a la tienda de al lado de casa y se compra una bandeja metálica tan mona como la que se ve en la foto. Además, ya que la tengo le podré dar otros usos reposteros en el futuro.

Previamente a bajar a por la bandeja tocaba descongelar las setas, pasándolas por la sartén wok, y luego mezclando con la carne, para hacerla un poquito. A eso le echo un poco de tomate y ya tenía parte del trabajo hecho. El resto, oh complicación, era mezclar bechamel con tomate, calentarlo un poco y empezar el tetris.

Sobre la base de bechamel con tomate caliente, va un piso. Ahí un poco del emplasto de carne y setas. Otro piso, más bechamel. Otro piso, con carne y setas. Así hasta que uno se cansa de jugar a ser el rey Nemrod (para los de la LOGSE, el que mandó a hacer la torre de Babel) o se terminen las láminas. Lo que pase antes.

Eso va al horno un cuarto de hora y ya tenemos un sano y ligero plato, listo para ser comido (los ansiosos, que esperen a que se enfríe), ideal para dietas bajas en calorías. 

El resultado, como era de esperar, rico. Tampoco había que comerse mucho la cabeza para hacer comestible una lasaña. Pero lo verdaderamente extraordinario no es eso, lo que arqueará más de una ceja es que he sido capaz de no comérmela toda de una tacada y he guardado lo que sobr*** (si pongo en la misma frase "sobrar" y "lasaña" salta el antivirus) en unos tuppers muy monos que el hambriento Jokin del futuro agradecerá.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Gyozas de pato al curry

Fácil y rico.

Una de las cosas que más me gustaron de la gastronomía china cuando estuve allí eran los dumplings, una especie de empanadillas rellenas que se preparan al vapor, y que de vez en cuándo me da por hacer en casa. O, en el caso de hoy, algo parecido, que son las gyozas (no tengo muy clara la diferencia).

Bueno, he de confesar que lo que es hacerlos, no los hago yo, sino que los compro congelados en una tienda que tengo al lado de casa. Lo que hago es poner a calentar el agua, meter las gyozas en la vaporera y esperar a que se hagan.

Intenten hacer esto en sus casas.

Una vez se quedan blanditas, se les puede dar un pasecillo por la plancha, para dorarlos, aunque a mí me suele gustar hacerlos tal cuál. Se pueden combinar con casi cualquier salsa, pero hoy he optado por lo sencillo, espolvoreando curry y echando sal, para que quedaran menos aceitosos y tener una cena más o menos ligera.

Lo bueno de la globalización es que es fácil encontrar este tipo de comida en muchos ultramarinos que tengan comida importada de China y los hay con bastante variedad. Estos eran de pato, pero también los hay de cerdo, de gambas, de verduras... y son muy socorridos para cuando no se le quiere dedicar mucho tiempo a la cocina.

martes, 25 de agosto de 2020

Pandemic

Cuando solo era un juego de mesa.

Hoy le toca el turno a un juego de mesa que cuando salió nos planteaba un escenario terrible pero irreal, y que hoy por desgracia ya no nos lo parece tanto. Aunque a diferencia del mundo real, son 4 las enfermedades que amenazan con asolar a la humanidad.

Pandemic es un juego cooperativo en el que los jugadores tienen que ganar una carrera contrarreloj y encontrar a tiempo las curas para las 4 enfermedades (roja, azul, amarilla y negra) o ser derrotados. Y ahora voy a explicar cómo se juega.

El mapamundi.

Entre los componentes del juego, cabe destacar que hay contadores y cartas. Los primeros son básicamente los peones de los jugadores y los cubos de cada una de las enfermedades, mientras que las cartas son las de jugador (una de cada ciudad, eventos que ayudan a ganar, y las temidas cartas de Pandemia) y las de infección (cada una asociada a una de las 48 ciudades del mapa). Bueno, también las de rol de personaje, pero esas son más bien una referencia.

Cada jugador será un personaje, con unas habilidades distintas, a elegir de entre los que hay (aunque confieso que no me los sé todos y los recuerdo más por los nombres coloquiales, como "el despachador" o "la cuarentenista").

Se reparten cartas (de jugador) dependiendo de cuántos jueguen (2 jugadores 4 cartas, tres jugadores tres cartas y cuatro jugadores 2 cartas a cada uno) y se organiza, con las restantes, el mazo de cartas de jugador. Según la dificultad que se le quiera dar se pondrán más o menos cartas de epidemia, se harán montoncitos y con ellos un mazo, de forma que no salgan todas seguidas. Con respecto a las cartas de infección, al empezar el juego, se sacan 9 cartas. En las tres primeras se ponen 3 cubos de enfermedad del color correspondiente, en las 3 siguientes se ponen 2 y en las otras 3, uno. Y el resto de ciudades son la baraja de infección, de modo que tenemos nuestras dos barajas de las que robar cuando proceda.

La secuencia del turno es sencilla, y es que cada jugador tiene 4 acciones (5 si es la generalista) y con cada una de ellas puede hacer lo siguiente:

-Tratar enfermedad: Quita un cubo de enfermedad de la ciudad en la que esté (si es el médico las quita todas).
-Compartir conocimientos: Entrega o recibe la carta de la ciudad en la que esté a otro jugador que también esté en la misma ciudad (la analista puede dar cualquier carta, siempre que esté en la misma ciudad que el jugador que la recibe).
-Encontrar cura: Descarta 5 cartas del mismo color (4 si eres la genetista) y encuentra la cura contra la enfermedad de ese color. Solo puede jugarse en una casilla que tenga un centro de investigación, y una vez se curen las 4 enfermedades, se gana la partida.
-Construir centro de investigación: Descartas la carta de la ciudad en la que estás (el Experto en operaciones no tiene que descartar nada) y colocas un marcador de centro de investigación. 
-Movimiento normal: Te desplazas a una ciudad adyacente
-Movimiento con carta: Descarta una carta de ciudad, te puedes mover desde esa ciudad a cualquier sitio o de cualquier sitio a esa ciudad. Esto se llama respectivamente "vuelo chárter" o "vuelo directo". 
-Vuelo de lanzadera: Te mueves de un centro de investigación a otro.
-Pasar: no haces nada.

Esa casita blanca tan mona es un centro de investigación.

Y cuando un jugador hace sus acciones, llega la parte complicada. Primero roba dos cartas de jugador, que de normal serán cartas de ciudad o de evento, pero a veces tocará robar carta de epidemia. Pero luego llegaremos a eso.

Después, robará tantas cartas de infección como indica la tasa de infección (a la que coloquialmente llamamos "rata infecta", en una traducción bastarda del original "infection rate"), poniendo un cubito nuevo en cada ciudad que salga. ¿No parece para tanto, verdad? No lo es, a menos que toque poner un cubo en una ciudad que ya tiene tres de ese color. En ese caso no se pone el cubo, pero... ¡Chocapic!

Esto es lo que se llama brote, y tiene varias consecuencias. Una, que baja el marcador de brotes, y si se llega al octavo brote, game over. La otra, que cada ciudad adyacente a la que ha generado el brote gana un cubo de ese color. ¿Y si un brote hace que una ciudad que tenía tres cubos gane un cubo? Pues es lo que se llama reacción en cadena, y es que puede pasar que una mala jugada empiece a llenar el tablero de cubos como si no hubiera mañana. Y ojo, que si se agotan todos los cubos de un color, también se pierde.

Dicho eso, pasamos a explicar cómo funciona la carta de epidemia. Primero sube la tasa de infección (nuestro roedor pestilente favorito), luego se roba la carta de debajo del mazo de infección (entrando una nueva ciudad a la palestra), se baraja la pila de descartes de infección, se deja sobre el mazo y se roban cartas de infección con normalidad. Exacto, nos puede pasar que, sin comerlo ni beberlo, nos estalle una ciudad en los morros.

Bueno, si sobrevivimos a esto, tocará el turno del siguiente jugador. Así hasta que se encuentren las curas o se pierda de forma miserable. Y, como decía antes, es una carrera contrarreloj, de modo que si se agota el mazo de cartas de jugador sin haber encontrado las curas, también se pierde.

¿Cómo se gana, entonces? Lo dicho arriba: teniendo las cartas adecuadas y estando en el sitio preciso, se cura la enfermedad. Pero además de ser el objetivo de la partida, curar enfermedades también tiene una cosa muy buena, y es que una enfermedad curada permite que la acción de Tratar enfermedad quite todos los cubos de ese color que haya una ciudad, y al Médico le vale con entrar en una ciudad para limpìar los cubos de la enfermedad curada sin usar acciones. Además, si en algún momento se da la circunstancia de que una enfermedad está curada y no hay cubos de ese color en el tablero, se considerará erradicada y ya no volverán a aparecer cubos de ese color.

Marcadores de curación, estallido y "rata infecta".

Pandemic es un juego de una duración moderadamente corta (sabiendo jugar se puede solventar perfectamente en menos de una hora) y una dificultad media-elevada (que además es modulable), de modo que supone un reto pero tampoco llega a ser frustrante. Y tiene el aliciente de ser cooperativo, lo que canalizará los piques hacia el propio juego y no entre los jugadores. Un clásico que bien merece estar en cualquier ludoteca que se precie, y más en los tiempos que corren.

Nótese por cierto, que aquí se habla del Pandemic normal, y no del Legacy, del que sería muy complicado hacer una reseña exhaustiva sin chafar todas las sorpresas que el juego depara a los que se atrevan con él.

lunes, 24 de agosto de 2020

La leyenda del ladrón

¡Corre, Sancho, corre!
 
No soy muy dado a hacer reseñas literarias por aquí, pero de algo hay que hablar y nada mejor que hacerlo sobre el último libro que he leído, que lo descubrí por casualidad (esto que vas a una librería y te compras lo primero que pillas, por no irte con las manos vacías) y me ha resultado bastante entretenido.

La historia no deja de ser un tanto cliché: Sancho de Écija es un huérfano al que un comisario de abastos llamado Miguel de Cervántes (sí, el del Quijote) salva de morir, pero tiene que aprender a vivir en las calles de la Sevilla de Felipe II (un poco el New York de la época) hasta que una serie de circunstancias le terminan convirtiendo en un hábil espadachín, un reputado ladrón y, en palabras de otro de los personajes del libro, un tal Guillermo de Shakespeare (correcto, el escritor), un Robin Hood andaluz.

Y así discurre el libro, con el relato por un lado de las peripecias de Sancho y las andanzas de Clara por otro. Clara es una boticaria esclavizada que tiene que poner en juego su ingenio y su talento para sacudirse del yugo de su despreciable amo. La historia es bastante convencional, sin grandes sorpresas argumentales, pero con una prosa muy ágil y un gran talento por parte de Gómez-Jurado a la hora de pintar los personajes, los escenarios y las situaciones, con especial énfasis en el momento en el que cierto personaje termina en galeras, que si bien el libro me gustó, esa parte me resultó sublime. Nunca antes había visto una descripción tan cruda y vívida de lo que era ir a las temibles galeras.

Una lectura amena y que hace que ahora me apetezca echar el ojo a la saga de Reina Roja, que es del mismo autor y tiene bastante fama.

domingo, 23 de agosto de 2020

El finde del no txupinazo

Habíamos ponido la txoznación aquí.

El título se explica con la entrada de ayer (este año no hay fiestas de Bilbao, que habrían empezado este fin de semana), pero la ausencia de Semana Grande no significa que no pasen cosas, de modo que vamos a resumir el fin de semana, como es habitual los domingos.

El viernes fue tarde de pintxo-pote por Pozas, procurando ser un reducido número de personas (8 en el momento de más esplendor), hasta que a la noche me fui al local a probar el juego de mesa Nueva Angeles. O algo más o menos parecido, ya que al terminar la partida nos releímos las reglas y todo parecido con la realidad era coincidencia.

El sábado por la mañana me enfundé la camiseta de la konparsa y bajé al Arenal, para ver el recinto festivo, este año sin txoznas, como es lógico. Pero bueno, un poco de pintxo-pote y a casa a comer. Después una tarde tranquila en casa y por la noche rol, con una partida de La llamada de Cthulhu con aire de Arkham Horror, por aquello de ir de un lado a otro de la ciudad desfaciendo entuertos y ahuyentando bichos.

Domingo por la mañana tranquilo en casa y por la tarde otra sesión de Pandemic, con sesión triple: dos holgadas victorias y una cruel derrota en el ultimo momento.

Eso ha sido todo, como un fin de semana normal, pero sabiendo que mañana no hay que madrugar.

sábado, 22 de agosto de 2020

La semana no grande

Este año Marijaia se queda en casa.

Siguiendo con el festival de eventos cancelados con que nos está obsequiando 2020, hoy le toca el turno a las fiestas de Bilbao, aunque es algo que no es ninguna sorpresa. Hoy habría sido el txupinazo inicial, que da comienzo a la fiesta, prolongándose así hasta el domingo de la semana que viene.

Pero este año nada de nada. No habrá txoznas, no habrá barracas y no habrá turno de barra en la Mosko como todos los años. En su lugar, será una semana corriente y moliente (dentro de lo poco corriente que está siendo este verano, claro).

Tampoco voy a mentir, y no negaré que a título personal no es algo que a mí me vaya a quitar el sueño, pero sé que para mucha gente la semana grande de Bilbao es ese gran evento para el que trabajan mucho y lo esperan con muchísima ilusión, y por ellos sí que me fastidia. 

Ahora esto nos deja con la incógnita: ¿volveremos algún día a tener unas fiestas de Bilbao tal y como las conocimos?

jueves, 20 de agosto de 2020

Little Monsters

Cómo sobrevivir a Australia.

Una invasión de zombis y una excursión escolar son dos eventos ya de por sí bastante horribles, pero si además los juntamos, tenemos Little Monsters, una comedia muy gamberra y simpática en la que una maestra de primaria (Lupita Nyong´o, con un nivel de adorabilidad que se sale de la tabla). un rockero gañán y una estrella de la televisión infantil (que bien recuerda al payaso Krusty) tienen que evitar no solo que los zombis destripen a los niños, sino también que los niños salgan de ahí traumatizados. Por eso, entre decapitación y decapitación, Miss Caroline (Nyong´o) tiene que irse inventando excusas peregrinas, a lo La vida es bella, para que los niños no entren en pánico, logrando así momentos muy hilarantes. Entre tanto están los militares, que tienen que ver cómo lidian con la situación, que una invasión de muertos vivientes no debe de ser algo fácil con lo que lidiar.

Me habría gustado mucho ver esta película sin saber que va de zombis y pensando que es simplemente una comedia romántica más, que es a donde parece que llevan los primeros compases de la película, porque habría tenido un impacto muy majo la sorpresa. Pero claro, entonces a lo mejor no la habría ido a ver, y me habría perdido una película muy divertida. En su lugar, vi un trailer que me contó lo que venía a ver, me vendió instantáneamente la película y no me ha decepcionado nada.

miércoles, 19 de agosto de 2020

La fiesta de los descerebrados


Como referencia del ruido que metían.

Afortunadamente hoy no tenía que madrugar, pues estoy de vacaciones. Y menos mal, porque esta noche no he podido pegar ojo, cortesía de unos nada cívicos ciudadanos, vecinos de patio, que tuvieron a bien montar un ruidoso fiestón que, sin entrar en posibles incumplimientos de la normativa sanitaria, que a juzgar por los gritos ahí había bastante más de 10 personas, impedía el descanso de los vecinos, con un barullo de música y gritos que, pese a ser otro edificio, se oía aun teniendo ventanas cerradas y persianas bajadas.

Llamé a la policía municipal, pero poco pudieron hacer, ya que por una parte desconozco la dirección exacta (es un patio al que dan varios edificios) y por otra, aunque la hubiera sabido, no tenía la llave que da a mi patio y además en el patio hay una tapia que delimita con los otros, por lo que poco habrían podido hacer de haber venido.

Era tal el ruido y la desesperación, que me vestí para salir a la calle y rodear la manzana, viendo si era algún bar o sitio reconocible y poder llamar a la policía con más dato. Pero desde la calle no se oía nada, pues todo el ruido iba al patio. Así que volví a casa, les grité un par de veces (cosas muy feas, pero no era horario infantil) y hacia las 3 o así ya fue cesando el ruido. Una experiencia muy desagradable, espero que hoy no se repita. Aunque miedo me da.

En rojo, el lugar de la fiesta.