lunes, 12 de noviembre de 2007

Cruce de blogs: Qué noche la de aquel día

Mi idea de "infierno" se aproxima bastante a esto.

El tema de hoy va dedicado a ese concierto que nos marcó, aquel día grande en el que disfrutamos de la actuación en directo de ese grupo musical o cantante que nos apasiona.

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Sonido de grillos
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Casi podría dejar la entrada en blanco, puesto que en mi caso ese concierto no existe. En mi vida he ido a muy poquitos, casi los podría contar, y no exagero, con los dedos de la mano, y las veces que he acabado yendo a un concierto ha sido casi siempre porque me han obligado. Y no me gustan. Los odio.

No veo necesario enumerar las razones por las que no me gustan los conciertos, ya que no serán muy diferentes a las razones por las que no gustan a otras personas que tampoco van a conciertos, que si las aglomeraciones, que si el ruido, que si es un agobio... (diría algo del precio, pero nunca he pagado por ir a un concierto, antes preferiría pagar la entrada de una casa de sadomaso)

Como casos concretos, puedo recordar, o mejor dicho, puedo no recordar, un concierto de Dover, que con la borrachera que llevábamos se me hizo cortísimo, algo tal que "ah, ¿que ya se ha acabado la cosa ésta?", un concierto de Mcnamara en el que me quedé estupefacto cuando un tipo que estaba por ahí me reprendió por estar hablando "a ver si te callas, que llevas todo el concierto hablando y no dejas oir" (subrayo el hecho de que no era precisamente una ópera, y que aunque mi tono de voz es de por sí elevado, salvo que uno sea Rayo Negro difícilmente podría con la voz tapar el ruido del concierto, y además, que yo sepa, ni estábamos en el cine ni éramos Chavez y Juan Carlos)

También recuerdo la gran decepción que me llevé en el concierto de Ska-P, un grupo que en su momento me gustaba bastante, y creo que habrá sido de las pocas veces que he ido a un concierto por voluntad propia, donde el tema musical tuvo su gracia, pegamos muchos botes y nos lesionamos los unos a los otros con alegría, pero me tocó muchísimo las narices que se dedicaran entre canción y canción a soltar soflamas y proclamas políticas, y si poco me gusta un concierto, menos todavía un mitin.

Pero el peor de todos, y el que me hizo jurar que no volvería ir sobrio a un concierto fue uno en fiestas de Bilbao, en el que tocaban Platero y Marea. Los primeros no me desagradan, e incluso tienen alguna canción que me gusta bastante, pero Marea no es precisamente santo de mi devoción, y recuerdo que aquel concierto me resultó especialmente aburrido, tanto que me quedé literalmente dormido en el mismo. Y no había bebido.

Por eso, cada vez que se acerca la Semana Grande de Bilbao, cuando me preguntan qué conciertos hay, mi respuesta suele ser "ni lo sé ni me importa", porque además, si ya me hacía poca gracia ir cuando se hacían en el propio recinto ferial, ahora que los hacen en la otra punta de Bilbao, ya pueden desenterrar y resucitar a Freddy Mercury, John Lennon, Elvis Presley y Jim Morrison, que ni por ésas.

Y ahora las perspectivas, probablemente menos conciertófobas de mis compañeros de Crossblogs:
El concierto de Alvarodelcastillo (mariachi en sus ratos libres)
El concierto de Lublu (regenta un bar muy musical)
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