viernes, 16 de abril de 2010

2084 - Capítulo 1


Hace una semana hablaba de un relato corto que escribí como desahogo literario hace tiempo, y como prometí, aquí va el primer capítulo (de 8)

"Mi nombre es Randy, así me llamaban mi padre y mi madre, y algunos de mis compañeros. Pero a todos los efectos soy el ciudadano 13.263.055, habitante de Ciudad 14, donde fui creado, y ocupo un puesto de operario en la fábrica de tubos y ensamblajes del sector 3. Aunque temo que por poco tiempo.

Poco recuerdo de mi infancia y del colegio, con todos los demás niños y niñas de mi promoción, donde nos enseñaron bien las normas de las Naciones Unidas, la Declaración de los Derechos y Deberes de los Ciudadanos, y los valores de la Sociedad. Nos explicaron por qué era necesario el Numerus Clausus. Nos enseñaron a creer en la Terraformación, como gran esperanza. Allí nos explicaron que el mundo sería mejor, pero que teníamos que luchar por ello.

A los 15 años me enfrenté a mi primer examen. El examen de acceso al status de ciudadanos, ya que hasta los 15 años, todos los habitantes son considerados pre-ciudadanos, a cargo de su padre y su madre, y es en un primer examen donde ha de ganarse alguien el rango de ciudadano. Somos demasiados, nos explican, y los recursos limitados. No hay sitio para todos, por lo que solo los más capaces pueden quedarse en Ciudad 14.

Pasé los exámenes, sin una nota excesivamente elevada, pero los pasé. No así otros de mis compañeros, Olaf (13.656.321) o Shaina (13.232.715), que no fueron tan aplicados, y de los que no volví a saber nada. Nunca.

A resultas del examen fui asignado a la fábrica. Naturalmente, nada me impedía haber escogido otro trabajo, pero el examen daba como resultado que donde más útil sería yo iba a ser en la fábrica, que no podían prescindir de mi talento ahí. Y mi responsabilidad como ciudadano era hacer aquello para lo que soy más capaz. Todos tuvimos la libertad de elegir trabajo, el que quisiéramos, pero nadie escogió algo distinto a lo que le correspondió según el resultado del examen. Pues, ¿quién querría hacer tal cosa?

Bueno, sí, hubo uno, un tal Wyatt (13.989.149), quien siendo asignado a la misma fábrica, optó, pese a los consejos del Ministerio de Trabajo, por ser médico, decía que era su "vocación" (qué idea tan absurda, ¿acaso deberíamos tener una vocación que no fuera aunar esfuerzos en aras a Terraformar?) pero pronto recapacitó y se dio cuenta de que su lugar era la fábrica, y al de poco apareció en la fábrica, explicando que una mala experiencia con un paciente descontento (mostraba cardenales y le faltaba un diente) le había hecho replantearse sus expectativas. Nunca se volvió a hablar del tema, pero Wyatt nunca volvió a recuperar su sonrisa.

La vida en la fábrica era dura, la vida era dura en general, y lo sigue siendo, pero no importa el sufrimiento cuando es transitorio. Había, y hay, hambre, restricciones, pero es cierto que nunca faltaba lo indispensable, y todo ello gracias a la política de control de población, el Numerus Clausus: 100.000.000 habitantes, ni uno más. Y lo que es más importante, había Paz.

En el colegio nos contaban historias de la era antigua, de la guerra, de los hombres que se lanzaban unos contra otros, a robarse y a matarse, esgrimiendo conceptos abstractos como "patria", "religión", "ideas"... ¿Qué barbaridades son esas, que hacen que alguien pueda matar a sus semejantes, que causaron la Guerra que redujo este planeta a un páramo humeante y casi inhabitable?

En el colegio nos explicaron también que la Tierra era antaño un vergel de recursos, que la guerra destruyó, pero que con la Terraformación volvería a ser posible, y que evitando caer en errores del pasado, entre todos haríamos de algo un mundo mejor. Y así nos lo recordaba el despertador cada mañana "Levántate con una sonrisa y da lo mejor de ti mismo. Puede que hoy sea un día duro, pero entre todos construiremos un mañana mejor".

Palabras de esperanza, sin duda. Pero también aprendí cosas que invitaban a un, digamos pesimismo, o cuando menos a una cierta intranquilidad. Ellos se denominan rebeldes, aunque el nombre técnico sería "terroristas", o "anticiudadanos". Otros simplemente los llaman "locos". Son nostálgicos de la era oscura, ansiosos de guerra, egoístas, ciegos ante el futuro, y capaces de destruir el trabajo de todos los demás, solo por egoísmo. Enemigos de la sociedad, de las Naciones Unidas, y de cada uno de nosotros."

Sigue en el capítulo 2
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