viernes, 9 de abril de 2010

2084: Numerus Clausus

Homenaje a Orwell

1984 es uno de mis libros favoritos, terriblemente duro pero apasionante, uno de esos libros que te dejan mal sabor de boca, pero que te invitan a pensar. Para quien no conozca la obra, 1984 es el libro que crea al Gran Hermano omnipresente, que todo lo vigila, donde las libertades de las personas han sido totalmente suprimidas por una cínica y brutal burocracia represora, y donde cada paso que se da es monitorizado.

El género distópico, en el que se encuadra esta obra, siempre me ha tirado bastante, y quise hacer una partida de rol que tocara este campo. Pero no quería limitarme a utilizar lo ya existente, y por eso derivando, quise crear mi propio mundo, hacer mi propia distopía.

Obviamente, en esto ya está casi todo inventado, pero me resultó atrayente la idea de un mundo en el que la población estuviera limitada. Nacía el Numerus Clausus: máximo de 100.000.000 personas a la vez, dada la limitación de los recursos, en un planeta arrasado por una guerra nuclear. La idea la cogí, probablemente de la prescindible "Fortaleza Infernal" de Christopher Lambert, donde las consecuencias de una reproducción no autorizada podrían ser fatales. Tal vez no tan diferente de las políticas de control de natalidad en China, referencia por otra parte imprescindible a la hora de describir cualquier distopía.

Me atraía, pues, la idea de un mundo postguerra, curiosamente la inspiración me vino de dos videojuegos, uno el Civilization, donde tengo la mala costumbre de acabar sembrandolo todo de misiles nucleares, dejando el mundo reducido a un erial, me preguntaba cómo sería el día a día de los habitantes de ese mundo. También me inspiré claramente en el juego Half-Life 2, donde al margen de los tiroteos, estéticamente muestra un entorno urbano totalmente depresivo, y que encajaba perfectamente, con el contraste por una parte de la brutalidad policial, con las amigables arengas que recibimos constantemente por megafonía. No es, pues, casual, que decidiera numerar las ciudades, como homenaje a Ciudad 17, habiendo así 100 ciudades, cada una con su millón de habitantes.

Otra idea que rodea este mundo, el de 2084, es la terrible burocratización. Aquí es obligada la alusión a la película Brazil, donde se nos muestra precisamente una sociedad distópica burocratizada hasta extremos absurdos, y que es una clara fuente de inspiración, pero no la única. Cuando nace la idea me encuentro en plenas oposiciones, con mi futuro pendiente de un examen, hasta arriba de Derecho Administrativo, y encontré atractiva la idea de un mundo en el que los ciudadanos vivieran permanentemente pendientes de un hilo. Ahí nacieron los exámenes de ciudadanía, y la terrible meritocracia.

Una persona nace y adquiere el estatus de preciudadano, y al llegar a la edad adulta se le somete a su primer examen de ciudadanía, donde debe demostrar si es válido, o ser eliminado ("dado de baja", según el argot), y si aprueba se le asigna la profesión a la que deberá dedicarse hasta el fin de sus días, idea que tomé prestada de la novela "El Dador".

Logotipo de la ONU

¿Y por qué la ONU? Necesitaba un malo para la historia, un Partido, un Imperio, algo. Pero quería que fuera algo reconocible, y prefería la idea de utilizar algo que ya existe y retocarlo, retorcerlo. Debo confesar aquí que también debo mucho a una barbaridad que solté en un examen de Derecho Internacional, donde en pleno lapsus vine a poner que los Cascos Azules realizaban la función punitiva de la ONU. La idea de unos Cascos Azules sembrando el terror era delirante, pero tremendamente sugerente, y reultaba mucho más fácil y creíble la idea de que un organismo real y amigable se hubiera ido reconvirtiendo en lo que sería en 2084. Había nacido el reinado del terror de la ONU.

Necesitaba ahora un Mcguffin, una zanahoria que contrastara con los palos. Teníamos ya un mundo opresivo, donde la libertad de pensamiento era anatema, donde salirse de la línea estaba severamente penado. Y no quería copiar tanto a Orwell. Además, la idea del mundo arrasado daba pie al concepto de la Terraformación. Terraformar era la clave, el mantra. La abundancia llegaría con la Terraformación, terraformad y acabarán vuestras penas. La Terraformación está cada día más cerca. Terraformación: había nacido una nueva religión.

Pero aquí sí quería imitar a Orwell. En su novela, el fin de la guerra está cada día más cerca, pero nunca llega. Aquí, cada día estamos más cerca de terraformar, aunque nunca lleguemos. No quería una guerra contra enemigos imaginarios, no tenía mucho sentido en el contexto de un mundo regido bajo el báculo único de la ONU. Pero eso no significaba que no hubiera enemigos, pues siempre hay que sembrar la paranoia, y justificar el trabajo de los Cascos Azules. Habría, claro está, enemigos del sistema, enemigos de la colectividad, enemigos públicos, llamados Anticiudadanos, o simplemente Terroristas.

Y esa es la base sobre la que empecé a construir el mundo, cuando nació la idea de convertirlo en partida de rol, aunque a partir de ese punto es cuando dejo de ponerme medallas, y entra en juego otra persona, A.E., convirtiendose el mundo de 2084 en obra tan suya como mía.

Y no lo haré hoy, pues no es plan de extenderme demasiado, pero si en entradas sucesivas, publicar un relato que escribí, de donde nació un poco todo esto, que escribí en una mañana de inspiración, y que estará, supongo, plagado de errores e incoherencias, pero que define muy bien un hipotético y sombrío 2084, en el que todo parecido con la realidad, o con la obra de Orwell... es intencionado.

*Capítulo 1
Publicar un comentario