jueves, 26 de enero de 2012

Bombones en la oficina

¡Peligro, aviso de bombones!

Es frecuente en los centros de trabajo, que cuando alguien cumple años lleve, para compartir con los compañeros, pastas, bombones, trufas o similares. Y cuando coincide que es una plantilla relativamente amplia, pues esto puede suceder con una relativa frecuencia.

Esta costumbre, que a primera vista parece maravillosa, es realmente una putada. Sobre todo cuando te plantan la caja de bombones al lado de la mesa y tienes que pasar al lado unas cuántas veces, viendo a esos pequeños y deliciosos cabroncetes marrones poner a prueba la fuerza de voluntad. Por puro placer, arramplaría la caja y no deharía títere con cabeza, pero hay que controlarse un poco, y he sido capaz hoy de limitarme a comer uno, de cortesía.

Pero a medida que se acerca la hora de comer, se hace cada vez más y más difícil no hacer una incursión a la caja. Incursión que, cueste lo que cueste, no haré. Que ya, para la hora que es, puedo aguantar hasta la comida. Y que este desahogo literario me sirva para aguantar mejor el trance.
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