martes, 13 de octubre de 2015

Crime Fighters

Esencia de los 90 (aunque fuera del 89).

Si un género de videojuegos partió la pana en aquella época en los salones recreativos, este era el beat´em up (monigote que se pasea por la ciudad partiendo la cara a todo el que se le pone delante), con ejemplares como Duble Dragon, Final Fight o Captain Commando.

El argumento, una excusa barata para ir a la calle a aporrear maleantes era ser un policía de incógnito que tenía que resolver el secuestro de unas chicas secuestradas por una banda de maleantes, a cada cual más hortera, y cómo no, con distinto color de ropa para señalar su grado de poder. Los malos eran entes callejeros, como punkies de aspecto famélico, rockabillies con piojos (todo el rato rascándose la cabeza), karatekas, negros musculados, pistoleros con gabardine o dominatrices con látigo (todo un clásico).

Había un par de cosas que caracterizaban a este juego y que en su día eran (o me parecieron) novedosas. Una, que me encantaba, era la de poder patear a los enemigos derribados, cosa que también podías hacer con los aliados (hasta 4 jugadores soportaba) pero era mala idea si querías seguir teniendo amigos. Otra era que no había una barra de vida como tal, sino que era un valor numérico (lo que vienen siendo puntos de vida, vaya), que iba bajando con el tiempo y los golpes, pero que podía subir introduciendo monedas. Tenía que los enemigos dejaban bastantes armas al caer, pero no recuerdo que fueran especialmente variadas. Navajas, palos, látigos y puede que alguna pistola. Y también le recuerdo algún que otro chiste sexual, más o menos "fino".

 El primer jefe, recién salido de un disco de Iron Maiden.

El desarrollo del juego era simple: avanzar y pegar. Había varias pantallas, todas ellas con su jefe final, muchos de ellos casi escapados de películas icónicas.

La primera pantalla era la estación de metro, repleta de punkies, y donde el jefe final era precisamente un cadavérico punky, armado con una especie de hacha que da vueltas. El pobre se cansaba enseguida, y había que aprovechar sus problemas respiratorios para practicarle una RCP a patadas. Derrotado el jefe, había que meterse en el vagón de metro, donde nos esperaría un señor que recuerda poderosamente a Jason Voorhes. De ahí nos vamos al barrio rojo, y concretamente a un taller de motos con gasolinera, donde nos pegamos con un fornido heavy (seguramente un hijo o familiar lejano de la Anaqruía) que nos pegará con sus cadenas. Este despliegue de recursos narrativos nos lleva a una fábrica, donde además de esquivar apisonadoras conducidas por alegres operarios, nos enfrentamos a un señor que se parece al malo de Mad Max, pero que se pasea con una motosierra.

Nuestras pesquisas nos llevan a los tejados, un lugar lleno de maleantes, karatekas, señales luminosas y como colofón, el hermano bajito de Freddy Krueger. Bajamos al barrio pobre, donde seguimos repartiendo amor y coscorrones, hasta enfrentarnos al siguiente, nos pegamos con un señor que bien podría ser Dennis Rodman (un violento negro de 2 metros con el pelo teñido, ya me contarán. Vale, que podría ser el malo de Demolition Man, pero es más gracioso pensar que es Dennis Rodma), y una vez derrotado, acabamos en el sórdido puerto. Ahí nos espera nada menos que Iván Drago, armado con un machete y vestido de paramilitar (también podría ser una suerte de Schwarzenegger rubio). Finalmente, gracias a nuestra labor de investigación, acabamos llegando a un turbio almacén, donde solo un ejército de macarras nos separa de la jaula donde están encerradas las pobres chicas. Y comandando a los macarras, un imponente hombre rubio trajeado, y quien parece ser su jefe, que vigila desde el coche. Partimos la cara al man in black rubio, apalizamos al jefe gordo (sin que nos vuele la cabeza con su ametralladora, dicho sea de paso) y liberamos a las chicas.

¿Ha terminado ya la pesadilla? ¡No! Aún queda lo mejor. Por si todo  fuera poco, el juego incluye una pantalla especial donde tienes que pegarte con todos los jefes de final de fase a la vez.

Mike Tyson, Hulk Hogan, Van Damme y Mr T se disponen a dar a ese pobre hombre la paliza de su vida.

El juego tuvo dos secuelas. Una, la de la foto, el Crime Fighters 2, que aquí llegó como "Vendetta" y que básicamente era la misma mierda pero mejor, y el Violent Storm, que se iba a una ambientación más postapocalíptica y optaba por un estilo gráfico algo más de dibujo animado. Pero en esencia, tamibén iba de partir bocas.
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