lunes, 22 de febrero de 2016

Anomalisa

A la vez creíble e increíble.

Hay películas que cuando las ves no terminas de tener muy claro si te han gustado o no, igual que te quedas con la duda de haberlas entendido. Es el caso de Anomalisa, una película que resulta cuando menos desconcertante, en lo visual, en lo sonoro y en lo argumental.

Lo primero que llama la atención es la imagen, grabada en slow motion con muñecos, pero que resultan tremendamente humanos, hasta el punto de que durante la mayor parte de la película consiguen que nos olvidemos de que son mongotes y veamos en los protagonistas a actores reales, pese a que se nos muestra claramente, y juega con ello, que están compuestos por varias piezas. Tiene además, lo que es raro dicho de una película de muñecos, la escena de sexo más real que haya visto nunca en una película.

El otro apartado que nos descoloca es el sonoro. No soy una persona excesivamente intransigente con el tema del doblaje, y menos cuando se trata de películas o series de animación, pero Anomalisa cuenta un matiz sonoro que resulta no importante sino clave, pues la película solo cuenta con 3 actores de doblaje: dos para la pareja protagonista y una misma voz para todos los demás, lo que hasta que nos damos cuenta resulta confuso y a ratos desquiciante.

Pero esto enlaza con el argumento de la película, abierto a mil y una interpretaciones, que resumido de forma simple y sin entrar en spoilers sería la historia de Michael Stone, un escritor de libros de autoayuda que acude a Cincinnati a una conferencia y en el hotel en el que se aloja conoce a Lisa, una mujer diferente entre todas las demás.

Anomalisa combina de forma desconcertante lo cotidiano y lo surrealista, con momentos de perfecta banalidad mundana y otros de agobiante psicodelia, que va de muchas cosas y da la impresión de que juega a que sea el espectador el que las adivine, jugando tal con los clásicos cartesianos de "¿soy yo el único real?", puede que con algo de crítica social "¿somos ovejas amoldadas?" y podría decirse que un análisis de la evolución de las relaciones sentimentales, y de cómo el amor empieza a morir un poco desde el mismo momento en el que nace.

La parte mala, que el ritmo, sobre todo al principio, es lento e incluso un poco cansino y que puede resultar excesivamente confusa (¿¿¿por qué su mujer tiene voz de señor???) hasta que uno se entera de a qué juega la película. 

En cualquier caso, ideal para quien disfrute montándose sus propias interpretaciones de la película en su cabeza y una historia de amor bella en cuanto a su realismo.
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