Con el Zoo Keeper.
No es la primera vez que menciono esta consola en el blog. Me la regalaron por mi 30 cumpleaños, y de eso ya ha llovido. Es una consola a la que le di muchísima tralla en su momento, pero su ciclo finalizó y acabó metida en un cajón, desplazada probablemente por la Dingoo, que también tuvo bastante mili.
La DS reapareció hace 6 años en un cajon en casa de mi padre y me la traje, aunque fue para pasar de un cajón a otro, pues por esa época hizo su aparición la Switch, que se quedaba con el nicho de consola portátil.
La cuestión es que ayer me dio por acordarme de la DS y probé a ver si funcionaba. El primer problema era el cargador, que no es USB C sino mini USB, pero encontré uno y la pude cargar. Entonces vino el segundo, y es que no me reconocía el cartucho M3, donde tenía los juegos. Esto podía ser por mil cosas, pero una causa muy probable es que se hubiera muerto la microSD. Miré en el ordenador a ver si era eso, pero no. Tenía todo en su sitio. Metí otra vez la microSD en el cartucho, este en la consola y alehop, funcionaba.
Ahora tengo la Nintendo DS, un tanto ajada pero funcional, al menos en apariencia. Es como haberme comprado una retroconsola, pero sin habérmela tenido que comprar.
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