Alta capacidad de cagarla, para ser exactos.
Víctor García León, director de Selfie, nos vuelve a presentar una comedia de humor ácido en la que el mundo de los ricos se mecla con el más mundano. Pero si en aquella el protagonista era el niño pijo Bosco, obligado por las circunstancias a convivir con pobres, aquí los protagonistas son Gonzalo y Alicia, dos curritos que ven la posibilidad de matricular a su hijo Fer en un exclusivo colegio de hijos de millonarios y para eso se inventan que su hijo tiene altas capacidades, que es la forma moderna de decir superdotado (y en mi opinión una gilipollez, porque altas capacidades tiene absolutamente todo el mundo, solo que son capacidades distintas en cada persona, pero no va de eso la entrada).
Esto enlaza con que el jefe de Gonzalo (un auténtico gilipollas maravillosamente interpretado por Juan Diego Botto) tiene una hija en el colegio e introduce más o menos a Gonzalo y Alicia en su círculo, porque viene bien a sus intereses. Y este "porque viene bien a sus intereses" es una frase que se podría repetir mucho a lo largo de la película, ya que los protagonistas no ven el futuro de su hijo (otra pieza que tal) como motivación para el cambio sino como una oportunidad de trepar en el ascensor social.
En general una recua de personajes odiosos (a la par que muy humanos), donde la hipocresía y la miseria moral campan por sus anchas y las situaciones incómodas consiguen generar una tensión que se hace divertidísima. No sorprende ver por ahí la mano de Borja Cobeaga.
Una sorpresa muy agradable y, según cómo se mire, también una película de terror.
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