sábado, 21 de marzo de 2026

Torrente presidente

Realista sí que es.

Santiago Segura intenta resucitar su gallina de los huevos de oro con el icónico personaje que lo llevó a la gloria financiera, en una nueva entrega en la que intenta hacer sátira política pero que es el más claro síntoma de que desde un punto de vista puramente cinematográfico (que no el económico, ahí lo va a volver a petar) la saga ya está muerta.

La esperaba con ceirtas ganas, ya que la primera fue todo una genialidad y la segunda un hito de la comedia española (cosa que digo sin sarcasmo, ya que me reí con ellas lo que no está escrito), y aunque las secuelas fueron perdiendo calidad, al menos conservaban cierta idiosincrasia, que aquí se ha perdido por completo.

No puedo decir que me haya aburrido viéndola, ya que le concedo que es entretenida (si bien me he reído un total de cero veces). Pero de ahí no pasa, y que esta Torrente presidente es ante todo una película muy cobarde, que va con el freno de mano echado y se mete de morros en el terreno de la equidistancia más tibia, tratando de meterse con todos pero en el fondo sin meterse con nadie, y con un humor muy blanco si lo comparamos con el resto de la saga. 

Entiendo perfectamente a Segura: los tiempos han cambiado, él ha cambiado como persona y además lo que quiere es facturar, que vive de esto. Pero es un hecho que Torrente destacó por ser muy transgresora, y eso aquí se ha perdido, y también es un hecho que me toca un poco las narices el subtexto "todos los políticos son iguales".

Sí intenta, y no lo disimula, jugar todos los turnos la carta de la nostalgia, con cameos y regresos (pocos personajes icónicos de la saga hay que no salgan aquí), y la revelación del villano final confieso que me hizo bastante gracia. Y en este aspecto hay que reconocerle que eso sí es 100%  torrentiano.

En fin, una pequeña decepción, pero que al menos me sirvió de excusa para juntarme con los amigos del instituto. Y eso sí mola.

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