Para entrar a vivir.
Un concepto mucho más viral de lo que yo pensaba son las backrooms: espacios misteriosos que consisten en edificios interminables y laberínticos que existen en una realidad distinta a la nuestra y que resultan agobiantes y donde te acabas perdiendo. Supongo que no soy el único que en alguna una ocasión ha tenido sueños parecidos, ya que esta película genera esa inquietante sensación de familiaridad.
¿De qué va? No lo tengo muy claro. En su literalidad va de que un arquitecto que trabaja como vendedor de muebles descubre que una de las paredes de su tienda comunica con este extraño espacio dimensional, un poco como pasaba en el capítulo Homer³ del capítulo de la casa árbol del terror de Los Simpson. Y en esa dimensión pasan cosas chungas, como algún tipo de criatura que se dedica a cazar incautos.
Sin tener muy claro qué nos quiere contar más allá de lo literal, y con la sensación constante de no estar entendiendo nada (ojo, que tal y como es la película tampoco sería de extrañar que fuera algo intencional), consigue generar una atmósfera perturbadora y agobiante, muy parecida a la que generan a veces algunas creaciones de la IA.
¿Me enteré bien de qué iba? Sinceramente, creo que no. Pero si buscaba transmitir sensaciones, esa parte bien.
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