Las puertas de Moria.
Cracovia, ya por sí sola, es una ciudad fascinante. Pero hay dos excursiones obligatorias para todo turista, que son Auschwitz (la que hice ayer) y las minas de sal de Wieliczka, que ha sido la de hoy.
Llegas allí, y tras bajar unos 20 pisos andando, empieza la galería de maravillas, donde te van contando la historia del sitio y su composición, siendo la primera vez que en un museo me dicen que si quiero puedo chupar la pared. Porque casi todo está hecho de sal (o madera). Y es brutal las esculturas hechas en sal, las cámaras y sobre todo la capilla excavada en sal, con su altar y sus esculturas. Digno de ver, sin dudas, y difícil de describir. Una vez hecha la visita, ascensor hacia la superficie (como sardinas íbamos) y al autobús de vuelta.
Eran las 13:00 y ya estaba en Cracovia. Como un poco, me voy a echar una siesta y salgo a dar una vuelta. Me comunican que se cancela por falta de quorum la cata de vodkas de las 19:30, de modo que mato la tarde deambulando sin orden ni concierto. Sobre las 20:30 vuelto a descansar un rato al apartamento, salgo a ver si ceno algo y me vuelvo. Mañana a estas horas ya estaré en casa.
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