sábado, 20 de junio de 2026

La luz

Alberto San Juan es el padre Manuel.

El tema que trata esta película, el de los abusos pedófilos en el seno de la Iglesia Católica, ya es bastante peliagudo de por sí. Pero es que además, esta película se mete a analizar el tema desde una perspectiva muy peligrosa: la visión del agresor.

El padre Manuel es un sacerdote que quiere pedir una dispensa, y cuando ve que pueden salir a la luz sus delitos del pasado, primero intenta de forma mezquina y cobarde taparlo todo, pero cuando cobra consciencia de lo que realmente hizo opta por afrontar la verdad y asumir de verdad las consecuencias.

Es una película que puede resultar incómoda de digerir, ya que nos muestra que los monstruos son personas que cometen actos monstruosos, y nos ayuda a empatizar (ojo, que no simpatizar) con el protagonista, demostrando que humanizar no implica defender ni justificar. La película deja bien claro lo horrible de sus actos y sus consecuencias, como nos deja claro que el arrepentimiento no nos exonera de responsabilizarnos de nuestras acciones (ya si acaso eso, cada uno con su conciencia y creencias). En ese sentido, creo que tiene un enfoque muy adecuado. No está tampoco exenta de su buena ración de sopapos a la institución religiosa que tapa esos abusos, escondiéndolos debajo de la alfombra.

En cuanto al actor protagonista, ya he comentado alguna vez que no soy especialmente admirador de Alberto San Juan, es innegable que su sempiterno aire tristón y monocorde encaja muy bien con el personaje al que da vida.

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