Cine de catástrofes y supervivencia, esta vez con un avión que se estrella en mitad del Océano Pacífico y toca sobrevivir entre tiburones hasta que llegue el rescate.
Bastante mejor de lo que esperaba, pues me temía alguna cosa plomiza de serie B y la verdad es que ya el reparto, con Ben Kingsley y Aaron Eckhart nos dice lo contrario. Está bien hecha y toda la parte previa al accidente, así como el propio accidente me gustaron bastante. Luego ya va perdiendo fuelle y me mata un poco que cuando la historia no da más de sí tiren de idiot plot* para alargarla.
*Idiot plot es el término que se emplea cuando la trama necesita que alguno de los personajes haga algo completamente estúpido para que la historia avance. En este caso, cuando envían el helicóptero de rescate, el helicóptero acaba explotando porque no tomaron las medidas de seguridad más elementales y ni siquiera se molestaron en comprobar si había tiburones en esa zona, así que mandan a un submarinista a lo loco y sin protección, en una zona de tiburones saltarines, que deben de ser los que se presentaron al casting de Sharknado.
Dejando eso, que le baja muchísimo la nota, y que la película se nutre de los consabidos clichés y espacios comunes del género (con un personaje antagónico tan exageradamente gilipollas que entraba ya en lo paródico), me sirvió para pasar un rato entretenido. Ideal para una tarde tonta de verano.
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