sábado, 21 de noviembre de 2020

El año que dejamos de jugar


Nazis y conejos, pero no es Jojo Rabbit, ni se le parece.

Berlín, 1933. Hitler está a punto de hacerse con el poder y los Kemper, una familia de judíos abiertamente detractores al emergente nazismo, optan por abandonar su país para evitar lo que les pueda venir encima, convirtiéndose así en una familia de refugiados que, primero en un pueblecito de los Alpes y luego en París, tratan de sobrevivir ganándose la vida y pasando de ser una familia adinerada, con una vida acomodada, a vivir el día a día y las penurias económicas, mientras tienen que ver en la distancia cómo su país se va a la mierda, y de paso lidiar con ser extraños en todas partes.

Una problemática muy real, pues no solo se parece demasiado a cosas que siguen ocurriendo hoy en día, sino que además la novela en la que se basa es el relato autobiográfico de la autora, en quien se inspira directamente la niña que protagoniza la película.

Una película muy vital, a veces incluso empalagosa, es una película de las que diríamos bonitas, con enormes dosis de optimismo, de saber salir adelante y de la familia que pertenece unida, se quiere mucho y gracias a eso sale adelante. Tiene su drama, por supuesto, y muchos momentos que buscan descaradamente el lagrimón. Pero pese a tocar el tema que toca, no llegaría a calificarla de dramón.

Bueno, con tanta película sobre familias a las que les fue mal, tampoco está mal, y menos en estos tiempos que corren, que de vez en cuándo haya alguna a la que le fue un poco mejor.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Gatimotxo

Cruce de gatinto con gatacola.

Ya que estamos con toque de queda y sin bares, hay que buscar alternativas para las noches de los fines de semana, y ningún animal representa mejor la noche y el quedarse en casa que el gato, de modo que con el único fin de compartir una foto que me ha hecho mucha gracia (la de la izquierda) le he buscado compañía para unir las dos en esta tontuna felina. Y así relleno el blog.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Toponimia Yanki (III)

¿Cuál es el estado que debe su nombre a un señor que sale en los billetes?

Con esta tercera entrega termino con las explicaciones de los nombres de los estados USA.

New York​: En origen Nueva Amsterdam, pasó más tarde a ser Nueva York, en honor a la ciudad inglesa de York. Yendo al significado de York, antes Eboracum (de origen incierto, aunque hay varias teorías), y más tarde llamada Jorvik por los vikingos, pasando por Yerk, Yourke o Yarke. El Jorvik vikingo se traduciría como "Bahía del semental".
Nuevo Hampshire​: Hampshire, de donde viene lógicamente el nomnbre, es uno de los condados de Reino Unido, y su nombre es la combinación de shire (condado) y Ham, que ya no lo tengo tan claro. Antiguamente por ahí estaba Hantoun (lo que ahora es Southampton), siendo -toun un claro antepasado de town (pueblo), pero sigo sin tener muy claro qué es el Ham (además de jamón), pero aparece en Hamlet (aldea). Bien pensado, creo que ya que hay un York, sí daré por bueno lo del jamón, y New Hampshire será el nuevo condado del jamón.
Nuevo México​: Otra fácil, que el país que tiene justo debajo se llama México, nombre que viene de sus antiguos habitantes, los mexicas (lo de llamarlos "aztecas" realmente es una modernez de nuestros tiempos).Lo que no parece tan fácil de averiguar es de dónde viene el término mexica, pues se pierde en la noche de los tiempos. 
Ohio: Después de unos cuántos estados que se llaman como otros sitios pero con el adjetivo "nuevo", toca otro estado con nombre de río, y Ohio en iroqués significa "gran río", "río largo" o "río bello".
Oklahoma: Aquí tampoco hay mucho misterio, pues su nombre proviene de okla humma, que en idioma chocktaw significa "gente roja, en obvia alusión a los habitantes originales del continente. 
Oregón:​ A falta de una, son tres las teorías sobre el nombre de este estado. Opción A: viene del francés ouragan (huracán); opción B: viene de orejón, que es el nombre que los colonos dieron a sus nativos; opción C: se deriva del orégano, planta que no era difícil encontrar por allí. Cada cual que escoja la que más le guste.
Pensilvania​: Literalmente "la selva de Penn", que no era el actor Sean Penn, sino el almirante William Penn, fundador de la colonia. El origen del apellido ya, para quien le apetezca bucear en libros de inglés arcaico. 
Rhode Island: Aunque tenga ese nombre no es una isla, pero sí tiene islas, y la mayor de ellas, en origen Aquidneck ("en la isla" o "en la masa de tierra flotante") que también se llama Rhode Island, le debió de recordar a alguien a la griega isla de Rodas (la del coloso), si bien otra explicación es que podría venir del neerlandés "isla roja".  La Rodas griega, por cierto, da para largo, pero en resumidas cuentas, su nombre parece venir de la flor de la rosa o el granado.1
Tennessee: Parece ser que viene del pueblo chereokee de los Tanasi y significa "río tortuoso" o "río sinuoso". Vaya, otro estado con nombre fluvial.
Texas​: Viene del español, vaya sorpresa, pero encuentro dos teorías, aunque ninguna nos va a hablar de esas piezas de cerámica que se ponen en los tejados de las casas. Una es la derivación del nombre de los indios tejas o taysha (amigo o aliado) y otra nos lleva al árbol del tejo, o mejor dicho, al ciprés calvo de los pantanos, que se le da un aire. 
Utah: Utah se pronuncia Yuta, y este dato no es baladí, pues es el nombre con el que los colonizadores españoles llamaron a los nativos ute, "protectores de las montañas". Aunque ellos se hacían llamar nocht, "hombres".
Vermont: Fue colonia francesa, y eso se nota en su nombre, pues vert mont significaba... monte verde. ¿Fácil, verdad?
Virginia y Virginia Occidental: Volvemos a estados con nombres de persona. ¿Y quién era la tal Virginia? Pues la reina Isabel I de Inglaterra, conocida como "la reina virgen", dado que nunca contrajo matrimonio. El origen del nombre Isabel, por cierto, tiene tela, y es que, según copio de la Wikipedia,  una hipótesis poco probable afirma que proviene del latín «Isis bella» («Isabella» en italiano moderno), en honor a la diosa egipcia de la fecundidad Isis, cuyo culto era muy popular entre los soldados romanos, más el epíteto «bella», subrayando su feminidad. Al parecer, se habría ocultado el origen pagano del nombre presentándolo como una variante del hebreo «Elisheva» («Elisabet») que significa ‘juramento de Dios’, ‘promesa de Dios’ o ‘Dios es mi juramento’.​ También se refiere a la combinación del nombre de la diosa egipcia Isis, y Bel el principal dios babilónico. Otra raíz etimológica para "Isabel" es su procedencia del vocablo «Ish-baal», que significa «hija de Baal», siendo Baal la principal deidad de los cananeos
Washington: Aunque no se debe confundir Washington DC, donde está la capital, con el estado de Washington, que está en la otra punta del país, ambos comparten el origen semántico, que obviamente no es otro que el de George Washington, héroe de la patria, padre de la nación y el señor que sale en los billetes de dólar. Y aunque pueda parecerlo, la palabra washington no significa "lavadero", ni nada que tenga que ver con el verbo to wash, sino que viene del anglo-sajón wassa, que se relaciona con cazador o líder de tribu, inga  (familia) y ton (pueblo o colonia).
Wisconsin: Va otra vez de ríos. El Wisconsin, cuyo origen semántico no queda muy claro, pero debe de tener algo que ver con el color rojo, pudiendo ser una derivación de Meskonsing, "se encuentra roja". 
Wyoming: Aunque resulta tentador ahondar en el chiste y explicar que fue fundada por espectadores de La Sexta, la realidad es que este territorio coge su nombre del valle de Wyoming de Pennsylvania, que se deriva de la impronunciable xwé:wamənk, "en el gran río plano".

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Social run

¡Te atraparé, Nicole_968 de Boulder!

El otro día descubrí por casualidad una aplicación que tienen las máquinas del gimnasio al que voy, que aplican la gamificación al ejercicio cardiovascular de forma bastante graciosa, y ayuda a sudar la camiseta, pues no miento si digo que hoy he sudado tanto que la mascarilla ha terminado literalmente empapada en sudor, tanto que era transparente.

Al paseo virtual, que ya estaba de antes, han añadido avatares, de forma que al correr "compites" contra otros corredores que están conectados a la red, en cualquier parte del mundo, y no solo puedes ver la distancia a la que los tienes, sino que puedes ver y adelantar sus avatares, lo que le da ese componente pique que invita a correr hasta dejarse los pulmones, mientras disfrutas la sensación de ir dejando otros corredores atrás y es el estímulo que viene bien para hacer ese plus de esfuerzo que tanto suele costar hacer.

Una chorradilla graciosa y, en realidad, bastante práctica.

martes, 17 de noviembre de 2020

Ni de coña

El título responde a la pregunta "¿es esta una buena película?"

Desde el trailer ya se podía adivinar lo que nos iba a ofrecer esta película: un recital de humor casposo y facilón, lleno de tópios rancios y famosetes jugando a ser actores, más pendientes de pasarlo bien que de lograr un producto de una calidad que jamás pretendió tener. 

Un truño anunciado, por supuesto, pero yo sabía dónde me metía, y no me voy a quejar, pues es lo que me apetecía, un guilty pleasure de manual, en el que se salva poco más allá de ver a humoristas (que algunos en su faceta de humoristas me gustan bastante) haciendo un rato el tonto. Evasión en estado puro, sí, aunque sin un ápice de nada cinematográficamente salvable. 

Un resort turístico donde parejas con problemas van a hacer terapia (me recordaba un poco a "Todo incluido", de Favreau, Vaughn y cuadrilla, pero en cutre) es la excusa para esto, y el título hace referencia a las reacciones de los señoros parejiles cuando su pareja les propone acudir a dicho resort.

En su defensa diré que era lo que esperaba y lo que en ese momento me apetecía ver. No me juzguéis.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Diecisiete

Dos hermanos y un perrete.

Daniel Sánchez Arévalo es un director que me sorprendió en Primos, me gustó mucho en Azul oscuro casi negro y Gordos, y aunque no tanto, también me gustó en La gran familia española, por lo que Diecisiete era una apuesta que iba casi sobre seguro. Y no se equivicó mi instinto, pues aquí vuelve a ofrecernos una película vital, llena de personajes entrañables y que nos hace terminar con una sonrisa, después de haber bordeado la lagrimilla, quedándose mano a mano con Primos en la pugna por ser su mejor película.

Nos cuenta la historia de Héctor, un chaval que está a punto de cumplir los 18, y que termina en un centro de menores, donde como parte de un programa ocupacional del centro conoce a Oveja, su perro y su único amigo, pues Héctor es inteligente, pero incapaz de conectar con las personas.

Cuando se ve obligado a separarse de Oveja, se embarca en una alocada búsqueda para recuperar a su amigo, acompañado por su hermano mayor Ismael (un soberbio Nacho Sánchez) y su abuela, lo que les llevará a profundizar en su relación y las raíces de su familia, con algunos momentos cómicos y otros muy emotivos. ¡Y un perrito con tres patas!

Muy contento con la película, me quedo con la pena de no haberla podido ver en el cine, ya que salió directamente en Netflix.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Otro fin de semana sin bares

Casaiñigo no es un lugar.

Este fin de semana ha sido un poco más largo, que el viernes no trabajé, y empieza el jueves de madrugada, con una broma del karma, que decide responder a la entrada en la que hablaba de vecinos ruidosos con unos anormales montando una fiesta en el patio a la 1, con gritos y música a tope. Por suerte esta vez sí tenía la llave y pude bajar a pedirles, de forma no del todo amable, que redujeran el volumen.

Lo de "por la mañana fui al gimnasio" me lo ahorro, que fue común a los tres días y me voy a la tarde. A falta de bares, unas cocacolas y un par de colegas, arreglando el mundo en la lonja, y para cenar, compramos algo de comida en el chino y damos buena cuenta de ello. Pero todo legal, a las 21:59 en casa.

El sábado por la mañana lo dicho, y por la tarde ciberkedada, por ser el cumpleaños del amigo Sappia. Más tarde un paseo por Olabeaga y ya en casa, me veo la película Diecisiete, que le tenía ganas.

El domingo, que no hace tan buen tiempo, la tarde es para jugar al RDR2, ver la clásica Merlín el encantador de Disney y dar un paseo cuando para de llover.

Eso ha sido este fin de semana.

viernes, 13 de noviembre de 2020

The Mandalorian

El hombre que se vestía de Boba Fett.

Si tuviera que resumir lo que opino en una palabra sería fácil: decepcionante. No me mintió mi instinto cuando la anunciaron y no me llamó nada, pero la serie tuvo mucho éxito y la ponían por las nubes, llegando muchos a decir que era de lo mejor que había dado Star Wars desde la trilogía clásica, así que tocaba verla. 

No es ya que no haya alcanzado las expectativas generadas, sino que se ha quedado a varios kilómetros, hasta el punto de que después de 5 capítulos de aburrimiento, creo que ya he visto lo suficiente como para saber que no merece la pena seguirlo intentando. 

Es una especie de western espacial en la que el protagonista es un cazarrecompensas, que en una de sus misiones se encuentra con un bebé de la raza de Yoda (el famoso bebé Yoda que hemos visto hasta en la sopa) y la serie va de sus idas y venidas de un lado a otro, desfaciendo entuertos y pegando tiros. Un poco como El equipo A o El coche fantástico, pero con mayor presupuesto.

Puede ser por el formato procedimental (cada capítulo va de una historia), que no me suele gustar, o puede ser porque el protagonista se me hacía más soso que un pan sin sal (en general no he visto ningún personaje que me suscitara el más mínimo interés, más allá de alguna monería puntual de Bebé Yoda), pero cuando uno está más atento al teléfono móvil que a la tele, sabe que ha llegado la hora de abandonar la serie.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Los vecinos ruidosos

No eran tan silenciosos como en la foto.

La historia tiene ya un par de años, pues si la hubiera contado entonces es bastante posible que, escrita desde el calentón, esta entrada tuviera muchas más palabrotas, ya que va sobre gente poco considerada con el descanso ajeno ylas normas más elementales de convivencia.

En la casa en la que vivía antes las paredes eran de papel, lo que unido a que tengo bastante buen oído, por las noches era fácil que oyra cualquier ruido de la casa de al lado, hasta el punto de que les oía si roncaban (eso también me pasa ahora, por desgracia) o incluso el sonidito del teléfono si les llegaba un mensaje.

De eso no tienen la culpa, pero sí de poner la tele a alto volumen y de hablar de viva voz pasadas las 10 de la noche. Que a las 22 no era muy problemático, pero a la 1 empezaba a incordiar.

A veces golpeaba la pared y bajaban el tono, pero era cansino andar siempre así, por lo que un día coincidí con el vecino, le pedí amablemente que tuvieran más cuidado, y así fue... al principio. No mucho después, volvieron a las andadas. 1 de la mañana y a viva voz.

Golpeé la pared y oí gritar al otro lado "¡como vuelvas a golpear la pared, te pongo la tele a tope!".

Monté en cólera, salí al rellano y les toqué el timbre, para ver si eran tan amables de repetirme eso en persona. Pero nada, cuchicheos al otro lado y silencio.

Total, que un par de días después me crucé con el vecino en el rellano y la conversación fue tal que así:

-¿Oye, la otra noche qué? ¿La tele a tope?
-No era la tele, estábamos hablando.
-Sí, a gritos y a la 1.
-¿Es que no puedo hablar en mi propia casa?
-Hombre, no si eso hace que yo no pueda dormir en la mía.
-Pues mi mujer trabaja en fiscalía, y muchas veces tiene que atender llamadas telefónicas a cualquier hora.
-Por mí como si es churrera, pero que no se ponga a hacerlo a voz en grito al lado de la pared que da a mi cuarto.
-Mira, lo que tienes que hacer es llamar a la policía. Ahora bien, como sepa que has llamado a la policía y resulta que el volumen es el permitido, pienso poner la tele a tope.

La conversación que vino a continuación voy a moldearla para que no parezca tan grosera y malsonante como fue en realidad.

-Estimado vecino, no se moleste si le digo que creo que su actitud es la equivocada.
-Bueno, no creo que deba ser usted tan crítico conmigo.
-¿Y cuáles serían las consecuencias de que yo siguiera siendo crítico, caballero? Insisto en que usted se equivoca en su actitud.
-Le comprendo.
-Tenga usted un buen día.
-Igualmente.

Total, que un par de días después (era verano), coincidí con él otra vez en el rellano, que iba con las maletas (deduje que de vacaciones) y ambos nos asesinamos con la mirada, por lo que la opción de saludarnos quedó descartada de mutuo acuerdo. Pero mira, se iba de vacaciones, eso me dejaría unos días de tranquilidad, aunque ya me veía a su vuelta llamando a la policía.

¿Y cómo acabó la historia? Dos o tres días más tarde, no más, había alguien de la inmobiliaria enseñando el piso (entiendo que estaban de alquiler). Uno podría pensar que la discusión fue la causa de aquello, pero calculando los tiempos, más probable parece que para entonces ya supieran que se iban a ir, lo que hace que aquella discusión de rellano fuera todavía más absurda.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Erlauntza (Enjambre)

Gauza oso txarrak.

Una cuadrilla de amigas se va un fin de semana a una casa rural, para celebrar la despedida de soltera de una de ellas, que se va a casar, y aunque al principio todo es armonía y buen rollo, no tardarán en salir a la luz mierda y rencores del pasado que harán que las cosas no vayan por donde ellas se esperaban.

Y todo ello da para una divertidísima comedia, con momentos verdaderamente descacharrantes, algunos muy macarras, pero también con su espacio para tratar el amor, la amistad, las relaciones de pareja, la maternidad, la presión social por agradar a los demás... Muy bien llevada y una de estas películas con las que te lo pasas tan bien, que no quieres que se termine.

No sorprende ver que es la versión cinematográfica de la obra teatral del mismo nombre (incluso con las mismas actrices), ya que es una obra de seis personajes y que se desarrolla casi íntegramente en el salón de la casa, y las actuaciones me han parecido francamente soberbias, especialmente la de Aitziber Garmendia, que se comía la pantalla. 

Además aquí tengo la suerte de conocer el euskera, idioma original de la película y poder pillar algunos de los chistes que ni siquiera los subtítulos consiguen salvar (aunque me ha matado, eso sí, que tradujeran "Amoroto" como "Sebastopol").

Una sorpresa muy recomendable, especialmente para salir del cine con una sonrisa.