martes, 30 de diciembre de 2008

007: Quantum of Solace

¡Cuánto sol hace aquí!

Nueva película del agente 007, aunque realmente poco le queda ya de Bond, salvo su nombre, el cual ni siquiera invoca con su clásico "me llamo Bond, James Bond".

Está claro, el Bond de Daniel Craig supone una ruptura con todo lo anterior, rompe los moldes, destierra los tópicos y reinventa (o revienta, según gustos) el personaje, James Bond deja de ser el héroe impecable que todo lo hace bien sin perder la sonrisa y sin arrugarse el smoking, para convertirse en el tipo realmente duro, vengativo, cruel y con una moralidad gris y, bueno, una capacidad de matar digna de un ICBM.

No vemos a Q, no hay Martini con Vodka, no hay casi gadgets, y los que hay, son realistas. Algunos de estos cambios ya se habían venido produciendo, sobre todo en Casino Royale, y Quantum of Solace es la confirmación: ha nacido un nuevo Bond, y al que no le guste que no mire. Un Bond hecho para el sector del público que gustaba a Bond.

A nivel personal, debo decir que me gusta el Bond viejo, y aunque esta nueva visión tiene el tipo de cambios que me harían despotricar contra los parientes vivos y fallecidos del director, me gusta. Me gustaba el Bond viejo, y me sigue gustando el nuevo. Siendo puristas, esto no es James Bond, va de un señor que casualmente se llama James Bond, y que casualmente trabaja para el servicio secreto británico, y cuyo número de serie coincide: 007. No es "Bond", pero me gusta.

Pues sí que hace sol, sí.

Quantum of Solace (y que no me maten por el chiste, era inevitable) empieza justo donde acaba la anterior, una secuela directa. Tal vez me falle la memoria, pero día que esto también supone una ruptura del esquema de películas autoconclusivas, ya que Quantum of Solace continúa la anterior, y deja el final totalmente abierto a secuelas. Comienza donde acababa la anterior, y la investigación de los hechos en ella acaecidos, abre nuevas puertas, desvela la existencia de una poderosa y misteriosa organización criminal, de nombre Quantum (¿he oído Spectra?), que Bond, ansioso por vengar a su amada Vesper, decide investigar, teóricamente en servicio, pero yendo en la práctica bastante a su aire, demostrando una letalidad impecable (¿hay alguien a quien no mate?) Sus peripecias le llevan a sembrar destrucción y caos por varias partes del mundo (Austria, Siena, Bolivia) y al más puro estilo videojuego, va avanzando pantallas a medida que va dejando cadáveres por doquier. Anunciaban que esta película tendría un 16% más de acción y no mienten: la matanza es masiva.

Se supone también que es más realista, pero aunque está claro que Bond podrá prescindir de muchas cosas; podrá prescindir de Q, podrá prescindir de su frase, podrá prescindir hasta de su Martini con Vodka, de lo que nunca podrá prescindir es de sus fantasmadas, porque hay una escena de persecución de aviones, con salto en paracaídas incluida que, madre de Dios, ni en los mejores momentos de la época Pierce Brosnan.

La película es cortita, poco más de hora y media, y con tanto tiroteo y persecución se pasa en seguida, y es más que recomendable, por no decir imprescindible, haber visto Casino Royale, y a poder ser recientemente. Un buen producto de entretenimiento, y una nueva relectura de Bourne, James Bourne, aunque se agradecería que hubieran contado algo más de los pérfidos Quantum.

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