viernes, 12 de diciembre de 2008

Exámenes de test

Diu... ¡la A!

El examen de las oposiciones, ambos exámenes para ser exactos, será de tipo test, al igual que la otra vez, cosa que prefiero, ya que no quería un examen de desarrollo, no porque no me guste redactar (si escribo bien o mal, que juzguen mis lectores), sino porque me da poca tranquilidad, sobre todo porque en un test no hay vueltas, si es una opción es ésa, la tienes bien o mal, a diferencia de un examen de desarrollo, en el que por mucha plantilla que utilicen, siempre hay un peligroso margen de discrecionalidad. Además, cuando uno tiene una cabeza caótica, con las ideas fluyendo como fractales entrópicos, siempre es mejor no tener que tomarse la molestia de ordenar las ideas y de pensar en el "¿me estaré dejando algo?".

No solo cambia el tipo de examen, sino que eso te afecta a la manera de estudiar. Obviamente, leer una y otra vez el temario, memorizar, hacer esquemas, cuadros y demás técnicas de estudio que nos enseñan de pequeños, y que sorprendentemente funcionan forma parte del pastel, pero a ello se une el buscar en los apuntes con lupa las posibles trampas y cosillas con las que te puedan buscar las cosquillas, que en un test no vale con casi saberse la pregunta, la sabes o no la sabes.

Pero vamos, que por difícil que sea el test (que lo será), lo prefiero infinitamente a un examen escrito, y eso que durante bastante tiempo tuve auténtico pavor a los exámenes de test, consecuencia de mi desastroso balance con el examen teórico de conducir, que aprobé en el cuarto intento. Debo decir, eso sí, en mi defensa, que mi error era que en vez de hacer como todo el mundo y estudiarme los test de la autoescuela, coger el Código de Circulación y estudiármelo tal cual (un error muy propio de alguien que empezaba a estudiar Derecho y se creía que sabía de leyes).

Y actualmente, como parte del estudio, hordas y hordas de simulacros de test, docenas de ellos con que nos acribillan en la academia, para aprender el muy noble arte de sacar la lupa y captar los sutiles matices de las preguntas-trampa, y tener claro que "parecido no es lo mismo". Aunque bueno, luego el tribunal de las oposiciones sigue haciendo lo que le sale de los test-ículos, pero eso es otra historia.

Y sin relación directa alguna con las oposiciones, pero con un ligero paralelismo a los exámenes de test pongo éste, que es uno de mis chistes favoritos del gran Eugenio:

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