martes, 9 de diciembre de 2008

Vender seguros

¿De verdad que no quiere contratar la póliza contra heridas de bala?

Sobradamente conocida es mi predilección por la rama comercial, y en especial los seguros, como queda patente aquí y aquí, y que antes trabajaría en Telepizza que volver a vender seguros, así que valga este ficticio relato como guiño a esa actividad, y a la percepción que me quedé yo de la misma.

En un modesto despacho está el señor Peláez, cuando hace su aparición un hombre trajeado, que porta un maletín, y procede a presentarse.

-Hola, buenas, me llamo Fulanito Pi, y represento a "Seguros el Occiso", y vengo a ofrecerle nuestros nuevos packs multirriesgo.

-Ah, gracias, pero no estoy interesado.

-¿No? ¿No desea contratar un seguro de vida? Piense que los accidentes... ocurren -sonríe maliciosamente.

-No, no estoy interesado -dice el señor Peláez, ligeramente inquieto.

-Mmm... no me parece la respuesta más sensata. Piense que cualquier día, el menos pensado, podría pasarle algo. Podría tener un accidente de coche, una caída tonta. Ya sabe, cosas cotidianas. No tienen por qué pasar, peeeeero...

-Glups. Verá, es que no sé, no lo veo.

-Usted mismo, señor Peláez, no se sienta presionado. Simplemente piense en los riesgos -dice mientras se levanta y empieza a mirar por las ventanas- ¿le importa si fumo?

-Eh, no, tranquilo.

-Usted no valora lo suficiente las ventajas de un seguro contra incendios -mientras se enciende su cigarrillo y examina las cortinas- Estos edificios tienden a arder, ya sabe.

-¡Tenemos extintores para eso!

-Si, claro, claro, claro, señor Peláez, no lo dudo. Además, estoy seguro de que no van a estropearse, nadie va a sabotearlos por la noche, y que desde luego, nadie va a entrar a robarlos. No obstante, ¿no ha valorado las posibles ventajas de un seguro antirrobo?

-Yo...

-Pero tranquilo, señor Peláez -mientras se pasea por el despacho- el seguro contra robos va incluido en el seguro de vida, con un pequeño plus. ¿Porque va a contratar el seguro de vida, verdad?

-¡Ya le he dicho que no me interesa ningún seguro de vida!

-Ah, ya, lo ha dicho, cierto. Es una pena, ¿sabe? Los peligros acechan en cada esquina, y bueno... no debería, pero suponga que cualquier tarde tonta, no sé, un navajazo, un mal golpe. La vida es... tan efímera.

-Señor Pi, le agradecería que se fuera de mi despacho.

-No tan rápido, séñor Peláez, no he terminado de contarle las ventajas del seguro de vida. No solo le cubriría a usted, sino que también cubriría a su mujer. ¿Conoce la estadística que dice que los Opel Corsa rojos tienen una mayor probabilidad de ser despeñados que otros modelos?

-¿Cómo sabe que mi mujer...?

-No me haga caso, la estadística es solo eso, estadística. No tiene por qué pasar. Pero ya sabe, si ocurre.

-Haga el favor de irse de mi despacho, no se lo pienso repetir.

-Se lo ruego, déjeme terminar. Como ya le he dicho, nuestro seguro no solo le cubriría a usted, sino también a sus seres más queridos -coge una foto de dos niños que está enmarcada sobre la mesa- Ah, estos deben de ser sus hijos, piense en qué sería de ellos si a usted le pasara algo. ¿Lo ha pensado?

-¡No le consiento que...!

-¿Qué sería de ellos, pobres Luisito y Anita, si sus padres sufrieran algún tipo de... terrible e imprevisible accidente. O incluso ellos podrían sufrir cualquier accidente, bien cuando salen del colegio, ¿el Colegio Mayoristas, verdad?, todos los días a las 15:30. O cuando van a clase de pintura, los martes y jueves a las 6. ¿Lo ha pensado?

-¡Seguridad, un perturbado se ha colado en mi despacho! -grita Peláez mientras pulsa ansiosamente un botón.

-No se moleste, no funciona. Ah, la tecnología, a veces falla. ¿Ve?

-Está bien -Peláez desencajado- ¡Firmaré su maldita póliza, pero por favor, no haga nada a mi familia!

-Es la decisión más sabia que podía tomar, señor Peláez -sonriente- además, este mes tenemos una excelente promoción. Al contratar nuestros servicios le regalamos este bonito bolígrafo.

Algo más tarde, el guardia de seguridad entra en el despacho de un desencajado Peláez.

-Señor, he oído que me llamaba.

-¿Elías, no ha visto salir al hombre que ha estado en mi despacho?

-No señor, no he visto a nadie. Por cierto, no se lo tome a mal, pero creo que debería airear un poco su despacho, ¿no huele como a azufre?

Entre esto, y lo de vender alarmas, hay trabajos que no son tan diferentes a ser extorsionista de la mafia. Dedicado con cariño a todos los trabajadores del sector seguros, y en especial a mi amigo Aratz, que trabaja en el sector y que espero que se haya reído leyéndolo.

Los nombres y situaciones utilizados en el relato son ficticios, y todo parecido con la realidad, o con cualquier persona real muerta o viva no es casualidad.

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