sábado, 13 de diciembre de 2008

Pesadilla rara

Psicodelia en estado puro

Me he quejado en múltiples ocasiones de que las oposiciones son nocivas para la salud mental. No es coña, afectan. Afectan al humor, al sentido de ánimo, a la motivación para hacer cosas, a la capacidad de relación humana, todo se maximiza.... No sé si le pasará a todo el mundo, pero soy consciente de que las oposiciones me vuelven gilipollas.

Y prueba de lo malo que es esto para la psique (las oposiciones son al cerebro lo que fumarse 14 cartones a la semana es a los pulmones), son los sueños raros que aparecen a veces, siendo el de hoy raro de cojones.

Estaba en un aeropuerto, facturando unas maletas, y luego subía al avión. En el avión nos entregaban unas hojas, era el segundo examen de las oposiciones (sabía que había hecho el primero, pero no sabía la nota). Hasta aquí más o menos normal (dentro de lo normal que pueda aspirar a ser que te hagan el examen en un avión, claro), y la cosa empezaba a torcerse cuando anunciaban que el examen serían solo dos preguntas, y que éstas serían a sorteo.

Pero no era un sorteo en el que sacaran dos bolitas y fueran esas preguntas para todo, no, sino que rifaban las preguntas, y cada cual tenía que responder las que le tocaran (tan flagrante ruptura del principio de igualdad hace llorar al niño Jesús), y lo más cachondo es que, por supuesto, mis dos preguntas no me las sabía. Ni puñetera idea, estaba avocado al cero.

Para más añadidura, lo cual desataba mis iras oníricas, es que las preguntas estaban, por así decirlo, ligeramente fuera de temario. Eran preguntas de "frikitrivial", preguntas sobre cómicas, rol, juegos de mesa, cine, videojuegos, etc... Pero las que me tocaban a mí eran una sobre un tebeo manga, que obviamente no había leído, y otra sobre un juego de figuritas, al que nunca había jugado, y encima en ese examen todo el mundo se estaba chivando las preguntas, y veía que me sabía todas las preguntas menos las mías. Y todo intento de quejarme era en vano, ya que me decían que ellos podían preguntar cosas que no estuvieran en el temario.

La verdad es que, aunque surrealista, era bastante angustioso, ya que la sensación de estar estudiando y estudiando para luego por una chorrada fracasar, era de todo menos agradable. Miedo al fracaso, supongo.

Y menos mal que solo oposito a administrativo, que me llega a dar por preparar unas de Notario o similares, y lo mismo acabo en una celda acolchada gritando que he visto a Curro en el Caribe, o comiendo cucarachas a lo Renfield.
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