viernes, 7 de octubre de 2011

Desahogo, prescripciones y boletines

El perro y la mariposa, metáfora que usaban en la uni para explicar la prescripción.

La atención al público a veces implica enfrentarse cara a cara con la frase "no hay más tonto que el que no quiere entender", con gente a la que explicas las cosas y se obcecan en sus 13, sin escuchar nada de lo que les digas. Hace que uno se pregunte a qué coño va alguien a un mostrador de información, si luego no va a hacer ni caso de lo que le digan.

La persona en cuestión me decía que venía preguntando por unos escritos que había presentado en Hacienda. Mal empezamos. Era un tema de un cobro indebido (que tantas discusiones suelen provocar en ventanilla), que como ya no tenía la ayuda activa, se lo estaba pasando por Hacienda. Y por vía de apremio.

Sin meterme en la operativa, le he explicado que tiene la opción de renunciar al fraccionamiento que se le ofreció en su día y hacer otro, pero que lleva recargo. Me dice (bueno, más bien lo tengo que acabar deduciendo leyendo las cartas de Hacienda que me escancia) que eso ya lo ha hecho, y le pregunto qué es lo que quiere. Al menos es honesta y me dice que lo que quiere es no pagar. Es decir, no devolver el dinero que en su día se le pagó indebidamente. Una devota de Santa Rita, vamos.

Le explico que eso no va a suceder, que no tiene nada que alegar. Y empieza la parte divertida. Ella invoca, erróneamente, la prescripción, diciendo que ya han pasado más de 4 años. Claro, ella lo cuenta desde que cobró el dinero, cuando debería contarlo desde que se le notificó el cobro indebido (para los no versados, y explicados de forma simple, a diferencia de la caducidad, un plazo de prescripción se reinicia cada vez que hay nuevos movimientos en el asunto), y cuando le explico eso, me dice primero "eso cuando a vosotros os interesa", y claro, que ella no recibió la carta.

Yo ya le había explicado previamente que aquella carta de 2007 en la que le notificaban el cobro indebido, aunque ella no la hubiera recibido se había publicado en el boletín, Lo que legalmente equivale a que la hubiera recibido. Incluso parecía haberlo entendido. Pero pronto cambió de opinión, por lo que intenta embarcarse en un debate jurídico conmigo sobre la prescipción y las publicaciones en el boletín, "eso lo dirás tú", "no señora, eso lo dice la ley", etc.

Discutir con los usuarios no está entre mis aficiones, y menos cuando hay gente en espera. Así que le digo que ya le he dado toda la información que puedo darle, y que si se empeña en presentar un recurso, pese a que estaría total y absolutamente fuera de plazo, yo se lo cojo. Ahí es cuando ya me termina de tocar los cojones cuando me dice "sí, te doy el recurso y tú lo tiras". "No, señora, yo le cojo el recurso, y se lo doy al técnico, que le desestimará por extemporáneo". Eso por no decirle que se fuera a insultar a su santa... Rita.

Le he dado la hoja de reclamaciones, y le he ofrecido también la copia de la carta que en su día no cogió (la que notificaba el cobro indebido), y la rechaza con aspavientos, al grito de "no, que yo esa carta no la recibí, ni la firmé ni nada", y se ha ido a rellenar el recurso. Para más señas, ni siquiera ha querido que le dijeramos cuál era el número de expediente. Y lo ha entregado en otra ventanilla, con tal de no dármelo a mí (que no tengo nada mejor que hacer que dedicarme a rompe y tirar los escritos de los usuarios, claro).

Obvio es decir que el recital de puessíes y puesnoes ha sido bastante más largo que lo que aquí relato, y que las maneras de la persona en cuestión han sido muy suavizadas. Pero ha sido un claro ejemplo del "Recurso de la pataleta" de quien no tiene razón y además no quiere entenderlo.

Por suerte, el resto de la gente que ha venido hoya mostrador, y no ha sido poca, era amable y educada.
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