jueves, 26 de febrero de 2015

Guillotine

 Liberté, égalité, decapité.

Uno de los periodos más emblemáticos de la Historia europea, y que abría además las puertas a la era contemporánea, es sin duda la revolución francesa, cuando un puñado de parisinos hasta arriba de bastillas tuvieron a bien derrocar a su majestad Luis XVI por métodos expeditivos que a día de hoy entrarían dentro de la categoría de "terrorismo" en cualquier Código Penal.

Tal periodo no se libra de tener su propio juego de cartas, y ese es Guillotine, un divertido juego que consiste precisamente en eso, en guillotinar y hacer que rueden las cabezas, matando más nobles que el resto de jugadores. Para esto tenemos dos barajas, una con nobles (cada carta representa a un personaje) y otra con acciones. Además tenemos, que no es imprescindible pero sí muy decorativa, una guillotina, que marca el orden de ejecución. 
Las víctimas esperan pacientemente su turno.

La mecánica es realmente sencilla. El juego consiste en 3 "días", al comienzo de cada cual se ponen 12 cartas de personaje (denominadas nobles, aunque no todos lo son) en hilera, que es el orden en el que van a ir siendo ajusticiadas (después de un proceso sumario y con todas las garantías... todas las garantías que permitía la época del terror jacobino, claro). Por turnos, cada jugador ejecuta al primero de la cola y se lo queda, lo que le servirá para el recuento de puntos al final de la partida.

Cada personaje puede valer más o menos puntos, en función de su peso en el viejo régimen y lo impopular que fuera. Maria Antonieta y Luis XVI, por ejemplo, aportan 5 puntos, mientras que un obispo daría solo dos. Incñuso hay personajes, daños colaterales, que dan puntos negativos. Cargarse a la pobre mártir da un -1 y eliminar al héroe del pueblo es un bonito -3. Y recordemos que la cosa va de ganar puntos positivos. Asesinar sí, pero con criterio. Además, las cartas de personaje son de distinto color, según la categoría a la que pertenecen (morado: aristocracia, azul: clero, verde: funcionarios civiles, rojo: ejército, gris: víctimas inocentes), aunque en principio esto no tiene más función que la de hacer bonito.

Sigue habiendo clases.

Sin embargo, si el juego no tuviera más que eso, sería bastante estupido, pues dependería completamente del azar. Así que, para darle un elemento de estrategia (bastante light, tampoco nos pasemos), los jugadores cuentan con cartas de acciones que permiten adelantar o atrasar personajes en la hilera, añadir personajes nuevos, cambiar unos por otros, sumar puntos, quitárselos a otro, etc. Y generalmente son bastante graciosas (tropiezos, despistes de los guardias, cambios de ropa...). con dibujos en sintonía con el estilo cómic del resto de cartas.

El juego no va más allá de pasar un rato entretenido y hacer unas risas, y como las partidas son de escasa duración (15-20 minutos a lo sumo), Guillotine se convierte en un complemento perfecto para cuando se juntan de 2 a 5 personas y no tienen nada mejor que hacer.
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