lunes, 23 de febrero de 2015

Magical Girl

Las piezas de un puzzle que el espectador debe construir.

Esta película me pasó desapercibida cuando la echaron en el cine, ya que la sinopsis no me atrajo en absoluto (un padre quiere conseguir para su hija de 12 con leucemia un disfraz de un personaje de anime que le fascina), y no habría suscitado mi interés de no haber sido por las excelentes críticas que ha recibido.

Pero lo más curioso es que una vez subido al carro, me encuentro con una película que, pese a tener muchos elementos para no gustarme, ha conseguido fascinarme. Magical Girl es un conjunto de piezas de puzzle que te tiran a la cara para que las vayas conectando unas con otras, siendo como el jazz de Lisa Simpson, donde lo importante es escuchar las notas que no tocan. Aquí pasa lo mismo, y consigue impactar con escenas en las que sin decir de forma explícita absolutamente nada, te cuenta lo que es evidente y deja que tu imaginación construya el resto, posiblemente con un resultado más demoledor que cualquier imagen que hubieran podido ofrecerte. Sugerir, muchas veces, es mejor que mostrar.

Tiene además una fotografía rara, a veces entre sketch de bajo presupuesto y obra teatral, con planos pausados, a veces mucho y diálogos lentos, a veces confusos. Pero de ese "defecto" hace virtud, y consigue valerse de ese recurso para transmitir sensaciones. La protagonista atraviesa una puerta, al otro lado sabemos lo que va a pasar aunque no nos lo hayan contado, un campo de cigarras, unos segundos de tensión. Así contado suena a "puta mierda", lo sé, y es lo que habría pensado sin ver la película. Pero está muy bien llevado. Cruza dos historias que se interconectan, se impregnan y se salpican una a la otra.

Emociona, perturba, descoloca  (maravillosa en este sentido Bárbara Lennie), sorprende e indigna. Transmite todo un carrusel de emociones en un lenguaje atípico y muy metafórico. Con dos historias, la que cuenta, muy buena, y la que sugiere, brutal y desgarradora.

Obra de arte, una de esas películas que una vez las has visto, a medida que avanza el tiempo y vas haciendo la digestión, te acabas dando cuenta de que te ha encantado.
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