Cuesta quitársela.
Hace un ratito he vuelto a casa, tras esta maravillosa odisea anual que son las TdN, y que con la cosa de ir desde el martes lo alargo un poco más.
A las 15:30 de ese día ya estaba en Málaga capital, en el aeropuerto, y con una combinación taxi/blablacar ya estaba en el hotel Saydo de Mollina. Allí ya hay gente de las jornadas (menos que otros años, eso sí), de modo que saludos, besos, abrazos y por supuesto piscina y terraceo. Nos vamos a cenar a un colombiano que han abierto y de ahí, cómo no, al Pepe John´s.
El miércoles terraceo, piscineo y opípara comida grupal en el camping de la Sierrecilla. Más piscineo por la tarde, cena ligera y vuelta al Pepe´s.
El jueves no piscineo, ya que toca hacer checkout. Monto mochila, espero a que me vengan a recoger y al CEULAJ, donde me inscribo y doy el salto hasta el lunes, que es hoy.
El despertador de mi compañera de habitación me saca del sueño a las 9, que me sirve para poder desayunar (el comedor cerraba a las 9:15) y seguir con la racha de no dormir más de tres horas cada día. Me despido de la gente, me llevan en coche a Málaga, allí comemos y al aeropuerto. Llego con margen, pero la espera se me hace corta, ya que allí coincido con otro asistente de las jornadas, que volaba a Valencia, pero nos hacemos mutua compañía.
Sin mayores incidentes, vuelo a Bilbao, cojo el autobús y me doy el paseo a casa, pensando en poner la lavadora y en las cuentas mentales para los días que faltan para las Rolea.
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