Lo malo del verano es que se llena todo de bichos.
Si esta película se hubiera hecho en los 80 no me cabe la menor duda de que hoy sería una película de culto. Puede que de calidad no sea algo sobresaliente, y que tiene algún momento un poco ridículo (igual que los tienen todos los clásicos ochenteros) pero nos plantea una idea original, que resulta un soplo de aire fresco en estos tiempos de tanto remake y secuela.
La premisa (que sinceramente habría preferido no conocer antes de empezar a ver la película) es tan curiosa como simple: el típico vecindario americano de clase media se traslada por algún tipo de evento cósmico o experimento fallido a la era de los dinosaurios. Pero el vecindario entero, con coches, casas y todo, y los protagonistas son los miembros de una familia que tendrá que sobrevivir a una sucesión de correquetepillos mientras van viendo a sus vecinos morir. Sencillo pero eficaz.
El argumento es lo que es, tirando de clichés y espacios comunes del género. Pero es que son exactamente las herramientas el producto que nos quieren presentar, por lo que lo que en otras es defecto aquí resulta virtud.
Sí le echo en cara que, siendo una película que lo pedía a gritos, no termina de encontrar esa estética visual ochentera que tan bien le habría ido, hasta el punto de que alguna escena se me hizo ligeramente confusa por ello. Nada grave, pero sí mejorable. Por el contrario, se agradece el esfuerzo por tratar de mostrarnos unos dinosaurios realistas, con sus plumajes y su pinta de avestruz prehistórica, que lo mismo están mandando a centenares de paleontólogos al rincón de llorar, pero a mí me gustó el detalle.
Lo dicho. Si esta película llega a hacerse en 1986 hoy sería un icono, así que debería servir para quien sostenga que ya no se hacen películas como las de antes.
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