lunes, 12 de octubre de 2026

De vuelta de las Castilla Brava

Volviendo a dar vida al célebre cuadro.

Hace un rato he vuelto, por lo que ya he tenido oportunidad de comer y sestear, así que ahora me pongo con la crónica de estas jornadas.

El viernes salimos de Bilbao a media mañana, para comer en Valladolid (un maravilloso cachopo) y luego ya al colegio de los Pavonianos, donde se celebraba esto, para acreditarnos y tomar posesión de las habitaciones. Saludos y demás, y a por la primera partida: Comité de evaluación, partida que cuenta con maravillosos y sorprendentes artificios técnicos.

El sábado, tras haber dormido razonablemente bien (pese a que las camas son infames y diminutas) me toca hacer de monja en la irreverente comedia Un zorro en el gallinero. 

Pausa para comer, en la que aprovecho para quedar con Sito y Leila, y por la tarde me visto las mallas de director para un nuevo pase de Pínteme usted esas meninas. La noche es bastante menos cómica, con ese dramón que es Báilame hasta el fin del amor, una partida sobre una residencia de ancianos en pleno confinamiento COVID. 

El domingo por la mañana, sin haber podido dormir en condiciones, juego Psicho Pass y de la misma me voy a echar una siesta antes de comer. Agradezco no haberme apuntado a nada por la tarde, porque así puedo dedicarla a charlar y descansar. La partida nocturna me lleva de nuevo a Venecia, donde jugamos Ciudad de Máscaras. Luego un poco de charleta, recena y a dormir.

Y de hoy poco que destacar: dormir hasta las 10, ducharme, recoger, despedidas y coche. A las 14:30 ya estaba en casa, deshaciendo la maleta. Y pensando en las siguientes jornadas.

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