Una leyenda de los juegos de mesa (y a su lado Reiner Knizia).
Vuelta a Essen, vuelta a la feria. Mismo plan que el jueves: levantarnos pronto, coger el autobús, luego el metro y a la feria. Allí nos hemos dirigido al pabellón 2, viendo entre otras cosas el juego del videojuego -Worms, que era todo un homenaje a la fuente original.
Hemos petardeado un poco por ahí, jugando a Finmaster, juego de mesa sudafricano sobre economía y Probably Illegal, una gamberrada muy Cartas contra la Humanidad. He dadao un salto para ir al pabellón 6 en busca del Villa Panda (juego que no niego haber comprado por los meeples) y me he ido al stand de Frost Games para hacer cola.
Esos pandas eran demasiado bonitos.
Tras hora y media de cola, por fin nos hemos ido a comer, y luego a dar ortra vuelta por los pabellones, partida de Carcassonne mediante y antes de cerrar jugando a uno de destreza llamado Bounce it, que me permite demostrar que la puntería no es una de mis mayores virtudes.
Cerrada la feria, vuelta a Duisburgo en el autobús, cenar una pizza con más aceite que la producción anual de Jaén y visita al hotel para asearnos. Posiblemente ahora hagamos como ayer y nos echemos algunas partidillas en el lobby.


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