domingo, 5 de octubre de 2008

Finde prebasáurico

Barrenkale lucía este aspecto a las 2 de la mañana

Titulo esto así por ser el fin de semana que viene fiestas de Basauri, y por ser un poco original (aunque lo poco original es dedicar la entrada del domingo a narrar el fin de semana) al titular la entrada, que no se llamen todas "crónica del finde".

El viernes poco que contar. Tras estudiar un poco la amena y apasionante Ley de Contratos a la que me refería ayer, me pasé por Casaiñigo, donde nos juntamos unos cuántos a echar unas risas y jugar al juego de cartas de Paranoia (que gané yo :P) y luego fuimos al Koala, una hamburguesería en la que sirven carne de canguro (por si alguien no lo sabe, los canguros y los koalas son mortales enemigos, y estoy seguro de que en algún lugar debe de haber un restaurante llamado Canguro en el que pongan carne de koala). A eso de las 12 o por ahí volví a casa y me puse a estudiar, o algo, y funcionó, saqué una horilla antes de irme a dormir.

El sábado, pues sufrir y padecer el temario, como ya conté, hasta que a eso de las 21:00 se empezó a llenar la casa de gente, y a eso de las 12 todos desalojados, tocaba ir de bares. Tocaba Iturribide, a chupito limpio, luego Barrenkale, con incursión en el Soiz incluida, y a las 2, cuando cerraron casi todos los bares, sí, a las 2, nos fuimos a uno de los dos únicos que quedaban abiertos, el Doll´s (al que hacía lustros que no iba) y estuvimos dando buena cuenta de sus reservas de ron, hasta que decidimos encaminarnos al Memorial, y allí, para compensar el goteo de gente que se iba quedando por el camino nos encontramos a Rubén, que se unió al party.

Serían las 4 y media cuando intentamos ir al Soho, pero estaba éste cerrado, y aquí vino la circunstancia curiosa. Es el tipo de momento en el que suelo decidir irme a casa, pero ayer opté por seguir, y se me ocurrió llamar a Sergio, más conocido por ser el dueño y camarero del bar Azzurro, y que también andaba de fiesta, y nos juntamos para seguir alargando la noche, terminandola en el siiniestro bar Comics (cariñosamente, y con buen criterio llamado por algunos "la batcueva") y ya a eso de las 8, acabé depositando mis restos en la cama.

Mención especial para el simpático autobusero que estuvo parado en la marquesina 10 minutos, no abrió las puertas y se marchó, emplazandonos así a ir a casa, bueno, erm, "andando"...

Y tras unas cuántas horas de reparador sueño, sin una resaca excesiva, el día de hoy ha consistido en intentar estudiar, o algo.

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