martes, 25 de enero de 2011

La daga de Rasputín

¡Peor que clavarse una daga en los ojos!

El Oro de Moscú fue una película bastante prescindible que por lo menos tenía su gracia. Pero lo de su secuela, "La daga de Rasputín", es que no tiene nombre. Y si lo tuviera no lo usaría aquí, por si lo leen niños.

Nos la venden como una Indiana Jones a la española (temblemos) cuando lo que nos encontramos es más bien un "La búsqueda" a la española, con todo lo bueno y todo lo malo que ello implica; situaciones inverosímiles, un guión absurdo, patadas a la coherencia y malas actuaciones (aunque sin Nicholas Cage, lo cual siempre es un plus).

De todas formas, viendo el reparto, casi calcado de Los Serrano, uno no puede esperar grandes cosas, y la verdad es que lo único grande que pueda tener esta película, parece haber salido del esfínter de algún gran mamífero.

Aunque teóricamente es la segunda parte de "El oro de Moscú", es perfectamente posible ver la Daga de Rasputín sin conocer la primera. Claro que también es perfectamente posible, de hecho recomendable, llevar una vida plena y satisfactoria sin ver la Daga de Rasputín.

El guión es un cúmulo de sinsentidos de ir de un sitio a otro, con personajes ridículos cuyos actores no se toman en serio la película, con malos de opereta, hablando un ruso de Burgos y un desenlace que insta a acudir a las dependencias de la productora a solicitar amablemente la devolución del dinero.

Bueno, la verdad es que no. Debo confesar que he exagerado. Reclamaría el dinero, sí. Pero no amablemente.
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